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¿Una cabaña de hormigón en un bosque mexicano? Sí, Ludwig Godefroy lo ha vuelto a bordar

Fotografía: Rory Gardiner
Arquitectura e interiorismo: Ludwig Godefroy

A lo largo de un paraje tan puro y natural, en el país latinoamericano se esconde entre pinos una vivienda de fin de semana de cemento y madera. Así es el monolito cálido, a modo de cubo salvaje, proyectado por el gran maestro del neobrutalismo.

Le Corbusier, Oscar Niemeyer y Lina Bo Bardi son su mayor inspiración. O al menos eso confiesa él, asegurando que los búnkeres y las estructuras de hormigón de su Normandía natal, así como la cultura prehispánica de México, han constituido una verdadera escuela de ingeniería. Y también de estética. Ludwig Godefroy es precursor de la arquitectura radical emocional a base de cemento y madera, más conocida como brutalismo contemporáneo. “Mi obra no la puedes comparar con la de nadie más. Tengo mis mentores, claro, pero creo que si no hubiera nacido en Normandía y no me hubiera venido a vivir a México, no estaría haciendo esto. Mi arquitectura es muy personal y, guste o no, hay que reconocer que es singular”, asegura.

En portada, el salón de la vivienda como ejemplo del interiorismo tan cálido que se logró pese al uso estructural del hormigón. Ludwig Godefroy diseñó Casa Alférez en altura para buscar la luz sobre las copas de los árboles y camuflarla entre ellos.

A lo largo del interior hay varios espacios a doble altura y, en ellos, la madera es uno de los materiales más importantes, gracias a la calidez que brinda y al contraste que genera con el concreto.

Casa Alférez se levantó en medio del bosque a manera de caja fuerte, eliminando las ventanas en el primer nivel, lo cual evita riesgos de intrusión.

La puerta se guarece con una marquesina que se apoya en la fachada.

Otra vista de la puerta de acceso al proyecto de Ludwig Godefroy.

En constante experimentación, confiesa estar siempre haciendo algo nuevo. “La arquitectura es infinita. Se trata de una disciplina en la que a mi parecer la madurez llega tarde, pero la creatividad no tiene fin. La permanencia y la trascendencia me interesan”, afirma. Su proyecto más reciente es Casa Alférez, un bloque neobrutalista asentado en un entorno boscoso a 40 minutos de la Ciudad de México, que parte del concepto de una cabaña tradicional y de la idea romántica de una fortaleza en medio de la naturaleza. Lo comparte el arquitecto: “Es una casa aislada que busca parecerse a un objeto que habría sido depositado sobre el suelo, entre los árboles”.

Como si de ciencia ficción se tratara

Cimentada en 150 metros cuadrados, la casa la diseñó como refugio de fin de semana para un papá y su hija con presupuesto acotado, por lo que Ludwig Godefroy propuso una estructura en forma de cubo de nueve metros y un interior con base en tres pilares dividido en desniveles para darle amplitud. Se inspiró en el monolito de la película 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick, así como en la ciudad Walking City de Archigram y el filme animado El Castillo Ambulante de Hayao Miyazaki. El arquitecto buscó levantar una estructura compacta, con la huella de desplante lo más reducida posible para evitar una cimentación compleja y costosa. Está construida sobre la pendiente natural del terreno, por lo que de un lado parece flotar entre los pinos, y, del otro, está semienterrada. La arquitectura expresa un perfecto equilibrio de trazos, generando un contraste entre la ligereza de una cabaña de madera y el contrapeso de una fortaleza de concreto.

Interior de la cocina-comedor que contempla la vivienda.

Otra vista de la fachada, de la que llaman la atención sus rasgos claramente futuristas.

Se abrieron tragaluces en el techo para proponer una iluminación vertical, ya que la primera planta no tiene ventanas. Gran parte del mobiliario de Casa Alférez está hecho de cemento para dar fluidez y armonía.

Un rincón de lectura junto a un despacho para teletrabajar en una de las plantas.

Otro de los objetivos fue no perder de vista la necesidad de generar una sensación de seguridad en sus habitantes, ya que la residencia no tiene muros ni cercas de protección. El volumen se construyó a manera de caja fuerte, cuya planta baja no dispone de ventanas para evitar cualquier intrusión. Casa Alférez tiene dos dormitorios con baño, cocina, comedor, sala y un estudio, algunos son a doble altura y se distribuyen en cinco mezzanines con ventanas alargadas en la parte superior y tragaluces en el techo. El mobiliario es de cemento y a medida, como la base de la cama, la cocina o el escritorio. “Es importante que la arquitectura sea lúdica y no rígida todo el tiempo”, dice el autor.

Trasfondo vernáculo

El reto de Ludwig Godefroy fue dar una visión nueva a la típica cabaña en las montañas, incorporando un guiño de romanticismo a su arquitectura brutalista a través del uso de la madera en puertas y suelos, así como de la luz natural, suavizando el fuerte carácter de la residencia. “Me encanta crear un ambiente peculiar en cada una de mis obras. En este caso me gusta el concepto de la cabaña, pues tiene mucho que ver con la soledad, lo cual me parece un sentimiento mágico cuando estás en medio del bosque”, concluye. Una regla inquebrantable en su trabajo es que su obra destaca siempre por crear una arquitectura maciza, capaz de envejecer dignamente con materiales sencillos y sólidos. En ese sentido, Casa Alférez no es la excepción. “Estoy en contra de la arquitectura de usar y tirar cada 10 años. Mi idea es regresar a la arquitectura vernácula sencilla, que se embellece con el tiempo y tiene el propósito de perdurar”.

Otra vista del rincón de lectura.

Así es el armario visto en uno de los dormitorios que separa la ducha.

Perspectiva de una de las habitaciones con el diseño a cargo de Ludwig Godefroy.

Acceso a la azotea a través de una escalera para la que Ludwig Godefroy no dudó en agregarle la madera del proyecto a sus peldaños.

Así es la azotea de la vivienda acompañada por los huecos de tragaluz.