Fotografía: Pempki / Estilismo: Sebastian Mesdag

Así es la cabaña de madera que ha levantado Sebastian Mesdag en el corazón de Indonesia

Sin puertas ni muros divisorios, con un fuerte carácter constructivo y recurriendo a la madera encontrada en los alrededores de Bali, este diseñador textil ha alzado junto a su familia una casa-taller que no puede ser más pura y sincera.

La primera vez que viajó a Indonesia Sebastian Mesdag, diseñador textil de origen holandés pero nacido en Málaga, era un completo adolescente. Tan solo tenía 14 años. Un tío suyo había estado en 1937 y su sueño siempre había sido volver así que, cuando el señor lo consiguió con 86 años, la familia no dudó en ir a visitarle a menudo. Tanto, que al final Sebastian se enamoró del país, decidió que sería allí donde crearía su hogar y, tras dos años de búsqueda incansable, conoció a una pareja que tenían lo que él precisamente buscaba. Se trataba de un terreno en medio de la nada, concretamente en Payangan, Bali.

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Para la arquitectura estructurada en madera, Sebastian Mesdag confió en Kalpa Taru.

Al carecer de puertas y tabiques, las separaciones en Kubu Sidem se plantean por niveles.

“Siempre tuve claro que quería un sitio al que no llegaran caminos para estar aislado del ruido de los coches, motos o de los murmullos de la gente. Mi idea era dar con algo lejos de los núcleos turísticos, sin electricidad, donde se impusiera la plena calma”. El emplazamiento con el que dio, cuenta en una conversación por teléfono con ciertas dificultades técnicas, era perfecto. Por delante le quedarían seis largos años, un periodo en el que ha ido construyendo la que hoy es su casa en una parcela donde, primero, alzó una cabaña de bambú y después una pequeña casita de madera. Así, hasta darle forma a Kubu Sidem, que es como se llama su lugar en el mundo.

Vista de una de las estancias que se abren, de forma radical, al salvaje paisaje que abraza esta construcción en Indonesia.

Una fluidez insólita

Ahí viven él, su mujer, que tiene una tienda de joyas, y sus dos hijos. Logísticamente fue complicado el proyecto, no había forma de llegar y cuando era época de lluvias los camiones no podían pasar. Además lo hacían todo a mano, junto a un amigo australiano y una familia del pueblo de Payangan. “Aun así lo que más nos costó no fue diseñar la vivienda”, reconoce, “porque teníamos claro lo que queríamos. A nosotros nos encanta dormir fuera, y la casa la hemos planteado como si fuera una tienda de campaña. Es completamente abierta, no hay paredes, puertas o separaciones, ni siquiera tenemos un candado”.

La madera, tal y como se aprecia en la foto, es el material estrella del mobiliario.

Perspectiva de la cocina.

Otra vista de la cocina cuya isla, simulando la arquitectura de la casa, tampoco esconde el contenido de su interior.

La bañera exenta se percibe desde los exteriores, fundiéndose con la naturaleza de la parcela.

Cuenta Sebastian Mesdag que en Kubu Sidem tampoco es que tengan mucho mobiliario adentro. “Las piezas están hechas como parte de la casa y de manera muy orgánica, porque las íbamos diseñando en función de la madera que encontrábamos”. Específicamente, de teca y de ulin, una madera negra antigua muy típica de Indonesia que ahora se extiende con cautela a lo largo de esta vivienda de dos alturas. A ella se accede por la planta baja, justo por la estancia de la cocina, una preciosa zona con un gran fuego y hecha con piedra de río cortada a mano. Esta parte se resolvió en barro junto con cemento blanco, lo que le da a la arquitectura ciertas reminiscencias al estilo de las construcciones mexicanas.

Detalle del dormitorio principal que, al igual que el resto de la vivienda, recuerda a las construcciones japonesas. También a las mexicanas. Y, por supuesto está, a las clásicas casas de Indonesia.

Vista del salón-comedor.

Una de las habitaciones de los hijos de Sebastian Mesdag.

Una sorpresa tras otra

En palabras del autor, en la planta de arriba hoy figura un cuarto principal en el centro, lo que podría ser el salón en una casa occidental, y según fueron llegando sus hijos, dos, se fueron añadiendo cuartos a los laterales, ideados como cajas de cristal que sobresalen del edificio a modo de acuario. Las divisiones, añade Sebas, vienen marcadas por los niveles. “Al no haber paredes, bajas y, de repente, te encuentras con el cuarto de estar”. Junto a él se divisa la oficina y tras otro escalón se puede ver el cuarto de los niños. Luego, enfrente del salón está la terraza: justo allí hay un baño trasero con una gran bañera exenta al aire libre. En el techo, una enorme cristalera permite contemplar el cielo, la luna y las estrellas por la noche.

Otra perspectiva de la bañera exenta.

Con madera de teca y de ulin, Sebastian Mesdag ha creado la mayoría del mobiliario escultural de su cabaña cerca de Bali.

Teñido de azul

En Kubu Sidem se le ha reservado también un espacio al área desde la que Sebastian Mesdag trabaja. Es su estudio propio. “En La India, donde vivía antes de llegar a Indonesia, me especialicé en colores naturales y, hace unos 12 años, un amigo me dio tres tallos de la planta del índigo con los que empecé mi plantación”, recuerda. “Poco a poco montamos cursos para enseñar a la gente a cómo utilizar el índigo natural para teñir”. Hoy, ese proyecto se titula Tian Taru y lo desarrollan en el taller que gobierna esta casa, al que le integraron en su parte superior una zona llamada limasan. “Aquí se queda la gente que viene, bien ya sea de visita o porque acuden a alguno de los cursos que impartimos”, matiza.

En el jardín, inicialmente bastante carente de vegetación, dejaron que fuera repoblándose solo y además le añadieron plantas como helechos o ficus, “porque el índigo necesita sombra”, dice el dueño, comentando que entre los cursos destaca a su vez uno en el que se enseña a cultivar esta planta. Pese a ello, y aunque Kubu Sidem se alquile para sesiones de fotos o celebraciones especiales, Sebastian Mesdag concluye en que el día a día es muy tranquilo para su familia. “Nos vamos a dormir nada más ponerse el sol y nos despertamos cuando sale”. Tienen electricidad pero muy mínima, el aire acondicionado no se contempla y, mirando siempre en pro del mínimo consumo, cuando llega el frío en esta vivienda recurren, únicamente, a unas humildes mantas eléctricas. No se puede ser más sostenible.

Detalle del taller.

Así es el jardín exterior que contempla la parcela de la casa.

Vista de los utensilios que Sebastian Mesdag utiliza para sus cursos.

Las prendas, una vez teñidas de índigo durante las formaciones, se secan en los terrenos de esta vivienda.