Fotografía: Imagen Subliminal
Arquitectura e interiorismo: Estudio Albar

La arquitectura sostenible en Madrid es posible: lo demuestra esta casa de Estudio Albar

La vivienda Passivhaus de madera diseñada por el despacho en la Sierra de la capital conjuga sostenibilidad y calma decorativa. Fachada de corcho, poco mobiliario, colores neutros y todo el foco puesto en el exterior, un paisaje de campo que se cuela en cada estancia.

Al noroeste de Madrid, lindando con el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, ante hectáreas de jaras y encinas, el madrileño Estudio Albar (Irene García y Daniel Lozano) ha levantado una vivienda de corcho y madera 100 % sostenible. Se terminó en tan solo seis meses y se tardan 20 minutos en coche desde el centro de la capital. “Puedes encontrarte delante de la casa un rebaño de vacas pastando, ovejas o tener que lidiar con piaras de jabalíes, ciervos e incluso lobos. Tiene un equilibrio muy bueno de civilización y campo”, comienza Irene. Y continúa. “Aunque en este tipo de urbanismo de casas aisladas no se dan las relaciones sociales y vecinales que existen en una ciudad, en Casa Eñe, en cambio, suprimimos la tapia y los setos y nos abrimos al campo y también a la calle”.

Tanto en esta imagen como en portada, la estructural arquitectura de la vivienda, un gran bloque rectangular de 40 metros de largo y tan solo 6 de ancho.

Salón-comedor se une a la cocina, acompañada por una trasera de suelo a techo panelada en roble que oculta los electrodomésticos. Sofá Deep de Sancal, mesa de centro diseño del estudio en hierro y mármol, y butacas de Zara Home.

Por un lado, según cuenta ella, desde dentro todas las estancias se vuelcan al paisaje maravilloso y lo enmarcan. Por otro, su fachada paralela al parque natural actúa de barrera permeable, “para preservar la intimidad del jardín”, apunta Irene. Casa Eñe se erige en este emplazamiento especial como un gran bloque rectangular de 40 metros de largo y tan solo 6 de ancho. “Un observador silencioso que busca mimetizarse con su entorno”. En Estudio Albar partían de la premisa de los clientes de lograr un consumo energético casi nulo y un mínimo impacto medioambiental.

Amor a primera vista

El resultado es una vivienda construida con estructura de madera de abeto, certificada Passivhaus, completamente industrializada (que no prefabricada), con fachada de corcho proveniente de alcornoques de Badajoz y Portugal, ventanas de pino, tabiques de roble, pintura ecológica y pavimentos continuos de mortero de cal natural sin juntas, logrando el máximo confort y un diseño interior sencillo y minimalista para esta familia. “Acompañamos a los dueños desde el primer momento en el proceso de selección de la parcela. En este caso, el terreno contaba únicamente con una gran encina. El flechazo fue muy rápido. Los propietarios se casaron allí al poco de comprarla, bajo la encina, con 150 invitados, en una boda organizada por Cordero Atelier”, prosigue Irene.

Otra vista nocturna de la casa.

“Para nosotros ha sido clave el lugar, el emplazamiento. Al abrirnos al paisaje tomamos la decisión de mimetizarnos con él”, explica Irene García, de Estudio Albar.  

Ante todo, el requisito principal que los dueños trasladaron a Estudio Albar era que querían una casa cómoda. “La distribución es muy fluida y se hizo suprimiendo cualquier tipo de pasillo o circulación sin vistas. Todas y cada una de las estancias miran al campo situado al norte y cuentan con el soleamiento del sur. Recorrer la casa se puede asemejar a dar un paseo por los alrededores”, comparan. Son 200 m2 en la planta baja y 50 en una planta superior, totalmente independiente a la vivienda, donde instalaron una oficina. A la misma se accede, nuevamente, deambulando por la cubierta plana, con el Parque como telón de fondo, por lo que una vez más se vuelve a pasear por el campo. Aunque en este caso para llegar al trabajo.

Sin añadidos ni manierismos

El interiorismo es sereno y sencillo, claro, transparente, igual que el edificio. “Nuestra forma de decorar y de proyectar van de la mano. No nos gustan los artificios ni lo superfluo. Si hay algo que no aporte al espacio, deberá ser eliminado. Creemos que vivimos en una sociedad sobrecargada de estímulos, imágenes, sonidos; así que queremos espacios tranquilos, en calma. Donde el ojo pueda descansar y centrarse en lo realmente importante. Por eso esta casa formalmente es un prisma, una suerte de cabaña, sin grandes voladizos. Nos gusta pensar que es una arquitectura esencial. Simple. Mínima”, describen desde el despacho.

Irene de Estudio Albar aclara por qué utilizaron el corcho para la fachada. “Es un material natural, que puede variar de tonalidad entre el seco verano y el otoño lluvioso, al igual que el campo, y capaz de evolucionar con el tiempo, envejecer de manera digna”.

En el interior prevalece la madera de roble y el color blanco. Los suelos son pavimentos continuos de mortero de cal natural sin juntas.

La cocina es un diseño de Estudio Albar con Aalto Cocinas. “Es el centro de la casa, abierta al salón pero con toda la columna trasera oculta tras puertas escamoteables y con la isla como gran bloque blanco, lugar de reunión y trabajo. No parece una cocina salvo por el fregadero y la placa”. Mesa de comedor de fresno blanco y sillas de Hans J. Wegner tapizadas en tonos tierra. No hacen falta cuadros, cada estancia tiene un marco a la naturaleza.

Cuentan también que esas mismas características les gusta aplicarlas al interior, sin olvidar que es una vivienda y debe existir calidez. “Por eso usamos mucho los panelados de madera. Aquí hay pocas piezas de decoración por deseo expreso del cliente. Como valoran el oficio artesanal, diseñamos y fabricamos para el jardín, para comer bajo la encina, una mesa de 4 metros de largo que nos hizo el carpintero de la zona con madera de pino rojo”. Hasta el paisajismo respira este mismo espíritu. Abogando por la sostenibilidad de recursos hídricos, se planteó un jardín xerófilo de bajo mantenimiento. Las especies que encontramos en el parque natural son las mismas que se han empleado en la vivienda: jara, lavanda cantueso, salvia, madroño.

En completa sintonía con el entorno

“Al igual que en la arquitectura, cuando diseñamos jardines prescindimos de plantas vigorosas y exuberantes para recurrir a especies del lugar, que resisten el clima pero que en conjunto forman una bella trama”, asegura Irene. Predominan los colores neutros, con una paleta de tonos tierra y blancos y la veta suave y homogénea de la madera de roble. Cuando se les pregunta por los textiles, la arquitecta vuelve a pedir la palabra: “Me gustaría ahondar en las cortinas. Hemos prescindido de patrones o colores, en este caso es lino 100% natural de 240gr/m2 hecho en Galicia con confección plana, lo que brinda una caída natural. Ni ondas perfectas, ni fruncidos, ni pinzas. En eso nos referimos a la esencia y la supresión del artificio y lo superfluo. Toda la vivienda es recorrida por dos carriles paralelos a la fachada: uno, para colgar obras de arte, y otro, para las cortinas. Podrían recogerse todas las cortinas en un único punto de la vivienda”.

Las cortinas son de Palau Decor, sin patrones ni colores.

Otro de los espacios de esta vivienda ingeniada por Estudio Albar con sus panelados de madera.

¿Y por qué eligieron el corcho para la fachada? “Es un material natural y duro, que puede variar de tonalidad entre el seco verano y el otoño lluvioso, al igual que el campo. También es capaz de evolucionar con el tiempo, envejecer de manera digna y bella”, defienden en Estudio Albar. “Creemos que fue una decisión muy acertada, desde el primer momento supimos que una vivienda blanca aquí no funcionaría”. Casa Eñe, con sus 250 m2 de superficie y una factura de energía mensual media de 60€, se calienta en invierno con tan solo tres radiadores-toalleros en los baños, nada más. Se capta el calor a través de las ventanas. En verano, en cambio, se protege del sobrecalentamiento a través de dos estrategias tan simples como antiguas: la ventilación cruzada nocturna y la vegetación caduca. Las especies autóctonas como el roble melojo, el arce de Montpellier y el olmo común garantizan la sombra en la fachada en verano y que sus ramas desnudas dejen pasar el sol en invierno.

Producto de su tiempo

“Nos gusta pensar que Casa Eñe es una casa atemporal. Que bebe de las influencias del modernismo de los años 50 del arquitecto Craig Ellwood y sus plantas libres y espacios fluidos, pero que también escucha el discurso de la arquitectura estereotómica de Campo Baeza. Al final, el edificio debe expresar su época, de ahí la importancia que damos a la eficiencia, a la sostenibilidad, a la construcción industrializada y a la estética. Hoy en día los arquitectos debemos ser arquitectos, urbanistas, ingenieros, filósofos, artistas… Alcanzar la belleza sin olvidar la funcionalidad y además, con la crisis energética que vivimos, la eficiencia de recursos también”, remata Irene. “Lo eficiente no es generar más energía verde, sino necesitar menos energía”.

Perspectiva de un sencillo dormitorio concebido por Estudio Albar. Los cuadros y textiles de la casa son de Laborda.

En el baño, muebles de producción propia con carpintero y grifos de la colección Exclusive de Tres Grifería.