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Fotografía: Ariadna Polo
Arquitectura: León Higuera

Refugio mexicano en lo alto de una cima rocosa: arquitectura para escapar del ruido urbano

Una casa de concreto muy sui generis emerge en el valle mezquital de San Juan del Río, en México, tiñéndose con los colores de la misma naturaleza idílica que rodea este proyecto del arquitecto León Higuera.

Ubicada en una barranca con ambiente árido en Querétaro, en el centro del país, Casa Ojiva nace como una reconexión entre el ser humano y la naturaleza, transformando el arco ojival gótico en dos hojas que emergen de la fachada principal y se proyectan hacia la parte posterior de la casa. Ambas hojas de hormigón están formadas por ramas secas que se entrelazan por el centro, formando una celosía, elemento que sirve tanto de protección como de textura de la vivienda. Asimismo, apuntan hacia el cielo lo cual permite que su interior disfrute de una mayor altura y, a su vez, consigue abrir los vanos de las ventanas y rematar con la vista del paisaje circundante.

Los alrededores no son unos cualquiera: se trata de un valle mezquital caracterizado por una vegetación variada que incluye cactáceas, nopales, biznagas, yucas, sabinos, mezquites, huizaches y, en la época de lluvias (septiembre), nace el garbullo, un fruto de color morado con un sabor entre dulce y ácido. Al fondo, hay un río enmarcado por árboles sabinos que tienden sus raíces por todo el lugar. “Estar en la cima de la barranca y escuchar el caudal del río en época de lluvias es un privilegio”, explica el arquitecto León Higuera, quien para Casa Ojiva ha diseñado una planta totalmente abierta con el objetivo de conseguir libertad de movilidad y visibilidad. “Creemos que la energía fluye positivamente a través del movimiento de los usuarios en un espacio como el de Ojiva”, concreta.

Casa Ojiva luce un cascarón de concreto y una celosía de ramas de mezquite de la zona que acentúan la forma de la fachada y el estilo general de la vivienda.

Jacuzzi exterior en la terraza rodeado del suelo de laja extraído de los alrededores y ambientado con accesorios artesanales.

Adentro figura una suite con cama king size, con dos sillones reposet y un baño con tina y vistas al valle; cocina completamente equipada (se alzó con durmientes de ferrocarril colocados en forma de pedestal), así como una amplia terraza con fogatero y un jacuzzi elíptico que invita a los huéspedes a disfrutar del exquisito clima del lugar, días cálidos y noches estrelladas inolvidables. Dice su autor que es un proyecto pensado para una pareja que busca alejarse del bullicio de la ciudad. Cabe destacar que cada uno de los espacios tiene un remate visual con vistas impactantes a la naturaleza, con lo que se difumina la línea que divide el interior del exterior. De hecho, la premisa del arquitecto fue hacer presente ese entorno en el diseño e interiorismo, que él considera un “templo antiguo entre barrancas”. También, tomó como referencia la simplicidad, la trascendencia y la iluminación de la obra de Tadao Ando, al igual que la correlación entre personas, naturaleza y formas típica de Shunri Nishizawa.

Para León, la decisión de mantener los materiales empleados para la casa en su estado puro significa “aceptar la naturaleza de las cosas, entender que la belleza radica en lo que es y que la perfección está en lo imperfecto”. Dicho esto, los acabados de Casa Ojiva sacan a relucir un material crudo y honesto sin alteraciones físicas. El hormigón y la madera son los predominantes; el primero crea diferentes texturas y el segundo, como troncos, ramas y losas, se obtuvo de la zona circundante. Para el interior se eligieron además tonos neutros y tierra, como el beige, el gris o el café, respetando así los colores propios de la naturaleza. “No quisimos usar tonos vibrantes ya que distraen la atención de la Madre Tierra y generan ruido en el ambiente”, opina León.

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La suite presenta ropa de cama de Zara Home, cabecero y base de León Higuera, un par de burós de cama de rocas del sitio, jarrón antiguo procedente de Chiapas, y lámpara de techo y sillones individuales firmados por el arquitecto. 

Terraza del dormitorio principal con un fogatero diseño del arquitecto, un barandal de ramas de Mezquite y aleros de estructura de acero con madera de pino.

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También se consideró oportuno jugar con las texturas de los materiales para lograr mayor relieve visual y crear profundidades a través de la luz y la sombra. El cuidado de la iluminación adentro ha sido crucial, pues León buscó la atmósfera perfecta con la que resaltar la arquitectura y los objetos de diseño, a la vez que se invitase a la quietud, disfrute y meditación. Los acentos decorativos integran cobijas de lana, tapicería texturizada, piezas firmadas por el propio arquitecto, accesorios mexicanos de Chiapas y Michoacán principalmente y una pieza escultórica que se erige como la isla de la cocina y que, en su lado izquierdo, contempla una piedra anclada.  

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Con una piedra anclada, la isla de la cocina viene decorada con velas negras de Amaltea, canasta, jarrón de cerámica y ajo y cebolla de cerámica de Zara Home. Los taburetes son obra del arquitecto.

Vista frontal del baño con accesorios de Urrea, espejo de León Higuera y lámpara de mesa de Zara Home.

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El baño dispone de un techo con troncos y suelos de regadera de laja, ambos extraídos de la zona.

Aquí todo se ha pensado al detalle, hasta el punto en que Casa Ojiva tiene un dress code muy específico que recomienda a los huéspedes colores neutros con el fin de mantener la armonía que la naturaleza brinda para llevarla al interior de la propiedad. El visitante encontrará dos batas concebidas por el diseñador de moda Alex Medina, quien buscó integrar el concepto del proyecto en una prenda rica en textura y comodidad. Sin duda, Casa Ojiva se convierte en un hito del diseño y la hospitalidad en un sitio remoto del centro del país, que promete una experiencia exclusiva llena de calma y misticismo dentro de una arquitectura, a la vista está, de primerísimo nivel.

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Fachada principal de Casa Ojiva con aleros de estructura de acero con madera de pino, un camino de acceso de durmientes de ferrocarril y, en la entrada, un macetón de barro antiguo de Chiapas.