Fotografía: Richard Powers
Arquitectura: Agustín Hernández

Casa Praxis, el estudio de Agustín Hernández, emblema del brutalismo y oda a la geometría y la gravedad

La Casa Praxis del escultor y emblemático arquitecto Agustín Hernández Navarro, sacada directamente de la ciencia ficción, es un símbolo del modernismo mexicano.

Praxis/Taller de Arquitectura (1975) es la casa-estudio brutalista en voladizo que Agustín Hernández (1924-2022) diseñó y construyó para sí mismo, un hito escultórico que levita sobre el barrio de Bosques de las Lomas. El arquitecto mexicano construyó su santuario forestal en la periferia de la Ciudad de México “para soñar la investigación en voz alta”, afirmó. Suspendido de su árbol de hormigón, pudo crear y visualizar el mundo a través de su retiro desconectado. 

Concebido como un árbol con tronco y follaje, el edifico fue el primero en aplicar las últimas técnicas de suspensión dejando los muros en su sitio, lo que permitió al arquitecto lograr la forma deseada.

Elementos en forma de T, encajados en la pieza central estructural y girados sesenta grados sobre el eje horizontal, estabilizan la estructura.

La torre de hormigón parece elevarse y flotar, desafiando aparentemente a la gravedad. El acceso se realiza a través de un puente en voladizo.

Inspirada en una casa en un árbol, la estructura geométrica de hormigón parece elevarse y flotar, desafiando aparentemente a la gravedad. Construida a partir de un conjunto de prismas y pirámides, Praxis se eleva entre el verde y alcanza los 40 metros de altura. La imponente composición de cemento y ángulos agudos es monumental, pero el volumen vertical, concebido como el tronco de un árbol con follaje, es ligero.

Firmemente anclado con profundas varas de acero subterráneas, replicando los principios de compresión (hormigón) y tensión (acero), estas raíces dan al edificio su equilibrio estructural. En el centro del volumen, la escalera de caracol con peldaños triangulares de metal utiliza un sistema de muelles que conforma su estética. Una enorme ventana esférica en el rellano de entrada se asoma al bosque urbano circundante. Formas escultóricas y geométricas aparecen repetidamente en toda la obra de Hernández: círculos, triángulos, cuadrados y rectángulos. “La geometría es mi religión –afirmó el arquitecto–. El cuadrado y el círculo son símbolos universales de la Tierra y el tiempo. Otros representan lo femenino y lo masculino. Los aztecas y los chinos tienen representaciones similares de los opuestos. Incluso la catedral gótica trata esencialmente de la unión de la tierra y el cielo. No veo por qué la arquitectura moderna no debería hablar de verdades básicas que han formado parte de la humanidad durante tanto tiempo en tantos lugares diferentes”

La planta superior de Casa Praxis (1975) es una cápsula del tiempo: los libros, esculturas y muebles de Agustín Hernández están como él los dejó.

La estructura y las texturas interiores de la Casa Praxis alivian la rigidez de la piel exterior de hormigón, con mueble y carpintería a medida que aprovechan las paredes inclinadas y las superficies acristaladas únicas. En el dormitorio, los suelos y paredes de moqueta lila suavizan los interiores y la plataforma con futón da un aire zen.

“Mis edificios se sienten modernos aunque estén enraizados en el patrimonio –explicó el arquitecto–. Además, cualquier forma que elijo obedece a una función. Nada es arbitrario”.

El dormitorio es cálido gracias al revestimiento de moqueta, que sigue en las escaleras (a la izda.) que oculta un armario.

Hernández fusionó las formas mesoamericanas con los volúmenes corbusianos, para crear edificios únicos en su género, monolíticos, futuristas e inspirados en el pasado. “Tanto si moldeaban el espacio construido como el vacío, nuestros antepasados precolombinos aportaron un ritmo matemático, casi sinfónico, a sus ciudades. He intentado captar y destilar esa inmensa sensibilidad espacial en mi obra. Pero al mismo tiempo, toda arquitectura debe ser de su tiempo”, expresó el maestro. 

A diferencia de sus contemporáneos como Luis Barragán y Ricardo Legorreta, la obra de Hernández carece de color. En sus palabras: “No creo que los arquitectos deban utilizar el color para definir el espacio. Eso es trabajo de los pintores. La forma es tan rica que, si sabes utilizarla, no necesitas el color. Para mí, el color en arquitectura es como el maquillaje, un truco para conseguir un resultado que se puede lograr con volúmenes puros. Hay que utilizar la luz y la sombra para resaltar el material en lugar de taparlo”. 

La imponente composición de cemento y ángulos agudos es monumental, pero el volumen vertical, concebido como el tronco de un árbol con follaje, es ligero. Una claraboya ilumina la escalera de acceso, que termina con un remate circular de hormigón.

Una enorme ventana esférica en el rellano de la escalera de entrada da a las verdes copas de los árboles del bosque circundante.

En el acceso a Praxis, una gran puerta galvanizada en forma de semicírculo y las escaleras de caracol de metal que utilizan un sistema de muelles que marcan su estética.

El estudio.

La biblioteca del maestro, con sofás, mesa y baldas hechos a medida. Una claraboya hace entrar la luz natural.

El original lavabo del cuarto de baño y los espejos reflejan el paisaje urbano y la vegetación.

Triángulos, cuadrados y rectángulos aparecen en la obra de Hernández, como en los ventanales volados del estudio.

Escultura y maqueta obra de Hernández.

El arquitecto fue posiblemente uno de los últimos maestros vivos del modernismo del siglo XX. Su impresionante obra construida sirve de enlace entre las grandes visiones urbanísticas de mediados de siglo y las fantasías de alta tecnología. El Heroico Colegio Militar, terminado en 1976 en la Ciudad de México con Manuel González Rul, su proyecto más importante, combina la tectónica indígena mexicana con el racionalismo modernista. Otras obras significativas son el Centro de Meditación de Cuernavaca, la Casa Álvarez, la Escuela de Ballet Folclórico, la Casa Neckelmann, la Casa Amalia y la Casa en el Aire. 

Su obra se define por la diversidad y las paradojas. Realizó edificios vanguardistas para la época. Tras morir en 2022, deja un legado de vanguardia a menudo descrito como futurista, orgánico, neoazteca y brutalista. “Siempre he buscado hacer algo nuevo, nunca repetirme. Me ha movido el deseo de encontrar formas desconocidas, soluciones que antes no existían. Cada obra mía tiene su propio vocabulario”. Su variada trayectoria es testimonio de su visión futurista, así como de su poesía, que deja una huella imborrable en la arquitectura mexicana.