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Una antigua bodega de Álava, la nueva Casa Robla para un alojamiento experiencial

Fotografía: Pablo Gómez-Ogando
Arquitectura / Interiorismo: D Iriondo Studio

Piedra original vista, tonos cálidos, muebles reciclados de antiguas vigas de madera y mucho silencio visual son los pilares que conforman esta vivienda-hotel del XVIII rehabilitada al completo, obra del despacho D Iriondo con sede en Madrid.

Decía Galileo Galilei que “el vino es la luz del sol, unida por el agua”. Elementos todos inherentes a la naturaleza y que demuestran que cuanto más en consonancia estemos con ella, mejor sabor tendrá. Y así de vernacular es Casa Robla, un alojamiento experiencial en el corazón de la Rioja Alavesa, que se siente a tierra y por el que corre la esencia del preciado néctar gracias a que, allá por el XVIII, llegó a ser una bodega, pasado que ahora se palpa y respira debido al esfuerzo del arquitecto David D Iriondo por recuperar toda su idiosincrasia.

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En muchas de las estancias se aprecia el contraste entre la piedra original, los techos de madera y las superficies continúas instaladas durante la rehabilitación.

Una de las salas comunes de Casa Robla, la antigua bodega, perfecta ahora para leer o reflexionar en silencio.

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La vivienda, preparada para alojar hasta 21 personas, puede alquilarse por habitaciones o en su totalidad.

Adentro, la premisa estética ha sido el silencio visual. Espacios monocolores que evocan una atmósfera casi monástica. Y con materiales naturales, tonos cálidos, líneas puras, arquitectura sincera. En resumen, la vivienda planteada como santuario. “Durante el proceso de obra, en Casa Robla la premisa fundamental fue el de la autenticidad y el de establecer un diálogo equilibrado, sutil y honesto entre los materiales antiguos y nuevos”. Lo cuenta el autor, dando más detalles al respecto sobre esto último.

“La piedra es el elemento protagonista de la arquitectura tradicional frente a la suavidad de los textiles y de las superficies continuas. Están hechas de mortero de cal y de microcemento, materiales que componen los acabados de la rehabilitación”. Según Iriondo destacan por sus tonos empolvados y crudos, en equilibrio con la madera también tratada para aportar luminosidad y calidez. De esta forma, los espacios se transforman en estancias visualmente limpias y en armonía.

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En la bodega se han recuperado la prensa, los lagares y los calados subterráneos poniendo en valor la construcción tradicional.

A los muros de mampostería históricos de la vivienda también se les ha sacado su máximo partido.

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Recuperando la esencia

Pese a ser catalogado, el edificio de Casa Robla se encontraba en estado de ruina y abandono después de más de 25 años deshabitado. «La cubierta se había hundido y había dañado los forjados inferiores de madera, que tampoco se encontraban en buen estado. Las fachadas y los muros de carga de mampostería de planta baja no presentaban daños estructurales. Pero, aun así, hubo que tratarlos y limpiarlos. También nos encontramos con la prensa original en planta baja que seguía en pie. Al final pasó a ser uno de los elementos vertebradores de la vivienda y de su nueva distribución, planteando un espacio a doble altura sobre ella que la pone en valor y la baña de luz natural”.

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En Casa Robla se ha confiado en el mimbre, el algodón, la hoja de maíz y las fibras recicladas para las alfombras, esteras y arpilleras confeccionadas de manera tradicional en talleres artesanos de tejeduría.

En el caso de las fachadas, que habían ido pasando por distintas modificaciones con los años, a su vez se limpiaron y recuperaron dejando a la vista su piedra original, oculta hasta el momento por un revoco en muy mal estado. Al restaurarla aparecieron los sillares originales que estaban remarcando los vanos de puertas y ventanas. También estaban ocultos, al igual que una placa lisa de sillería en la fachada principal destinada a un escudo que nunca llegó a realizarse.

Un rico proceso creativo

La artesanía, la belleza de lo imperfecto y el concepto de economía circular cradle to cradle han sido los principios generadores, de acuerdo al arquitecto, desde el diseño de los espacios hasta el del mobiliario de cada estancia. Lo han hecho a lo largo de los 670 metros cuadrados que conforman Casa Robla, distribuidos en un total de tres plantas (baja, primera y bajocubierta), más dos niveles bajo rasante que corresponden a los calados, espacios antiguamente usados para la elaboración y conservación del vino.

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Los espacios bajo rasante corresponden a los antiguos calados de la bodega, utilizados para la conservación del vino.

Muchas de las sillas y taburetes que hay repartidas por el proyecto se han trenzado manualmente con yute.

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Exposición de los actuales vinos en los calados de la bodega, en los que se observa el proyecto de iluminación cuyo objetivo es crear una atmósfera contenida.

La planta baja es ahora el área social de la vivienda. Allí se encuentra el comedor, una cocina industrial, aseo, ascensor y cuarto de instalaciones, justo donde históricamente figuraba la antigua bodega. De ella se han recuperado la prensa, los lagares o los calados subterráneos, poniendo en valor la construcción tradicional con sus característicos muros de mampostería. Las dos plantas superiores corresponden a los dormitorios. Cuatro por planta, y con una distribución atípica que consigue crear espacios generosos en cuanto a dimensiones, a la vez que orgánicos y fluidos en su recorrido.

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Del mismo modo que en el resto de las estancias, los dormitorios están plagados de materiales naturales, como linos y lana virgen para los elementos textiles y alabastros de cara a los apliques.

Los baños de Casa Robla apuestan de nuevo por revestimientos de microcemento.

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En las habitaciones destacan los tonos empolvados y crudos, en equilibrio con la madera también tratada para aportar luminosidad y calidez.

Emular lo orgánico

El concepto cradle to cradle se basa en el principio de que la mejor forma de ser sostenible es imitando a la naturaleza. Porque, en ella, el residuo de un sistema se convierte en nutriente para otro. “La madera es uno de los elementos constructivos que más fácilmente permite su reciclado y reutilización para evitar generar residuos. Siguiendo esta premisa, se hizo una minuciosa labor al vaciar y limpiar la casa. Se separaron las antiguas vigas de madera, las que estaban en buen estado, y las reutilizamos como mesillas para las habitaciones. También como barra de apoyo para la prensa y a modo de esculturas en el caso de los canes tallados del XVIII”.

Lo dice Iriondo, quien resalta que en el proyecto de interiorismo, muy conceptual y austero, se ha eliminado lo superfluo hasta dejar la esencia del objeto útil y sencillo. El arquitecto desgrana por último que el mismo criterio de upcycling mencionado se empleó con otros objetos rescatados entre los escombros. Y en esa línea, Casa Robla tiene además un compromiso con el cambio consciente. Se ha hecho un esfuerzo por concebir la vivienda como un edificio autosuficiente con el mayor aprovechamiento posible de la energía generada, de forma que en el proyecto, ahora, se combinan los sistemas de aerotermia y fotovoltaica con el objetivo de conseguir un consumo casi nulo.

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Imagen de uno de los dormitorios-suites con las paredes de piedra originales.

Al tratarse de un edificio catalogado, en D Iriondo Studio han mantenido y restaurado las fachadas de piedra y varios de los muros de carga interiores que aún estaban en pie.

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