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Fotografía: Belén Imaz
Arquitectura: Lourdes Martínez Nieto

Habitar una casona navarra del XVI, con roca y microcemento, sí es posible

Pese a solo mantener la fachada de mampostería de piedra, el Caserío Andión en el interior de Navarra ha logrado convertirse en un hogar en el que, después de una hazaña arquitectónica, sus interiores construidos hace quinientos años parecen sacados de un edificio muy de hoy.

Junto a la iglesia de San Emeterio y Celedonio, erigida a comienzos del siglo XIII en estilo protogótico y posteriormente ampliada en época moderna, se erige en lo alto de una colina en Muruzábal de Andión un caserío, datado del XVI, que resume la esencia de esa Navarra ancestral sin renunciar al disfrute de vivir cómodamente y acorde a las necesidades contemporáneas. Cosa que se permite, claro está, después de que la arquitecta Lourdes Martínez Nieto haya reformado sus 450 metros cuadrados al completo. Todavía recuerda la primera vez que visitó el complejo: la vivienda tan solo mantenía la piel, un cascarón de mampostería de piedra con una cubierta, rehabilitada hoy en teja árabe con aleros formados por traviesas también restauradas, las cuales logran que el cuerpo de la casa no pierda su aspecto original.

Para el interior, vacío completamente, la premisa era contrarrestar la falta de iluminación natural tan evidente debido al espesor de los muros y la disposición de sus huecos, según Martínez: “Planteamos dos vacíos de gran escala y amplitud que organizasen el espacio y sus usos y, a la vez, reflejasen la luz”. En realidad, el vacío principal del que ella habla consiste en la apertura espacial de tres alturas, con la finalidad de alojar la zona estancial en planta baja y organizar los recorridos en altura de la vivienda. Por su parte, el vacío secundario ocupa dos alturas y está contrapuesto al principal, creando así una zona semi-estancial de mayor privacidad.

La gama de colores del proyecto es muy neutra, buscando en todo momento no interferir en su diseño tranquilo ni en la pérdida de luz.

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Salida del “cubo blanco suspendido” que da acceso a la escalera de acero negro, la que conecta la primera con la segunda planta.

En el salón, butaca Lady de Marco Zanuso para Cassina (Gunni & Trentino) y alfombra Kodama a medida de KP.

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Rincón de lectura detrás de la cocina con chaise longue Barcelona Coach de Mies van der Rohe para Knoll, manta de Teixidors, lámpara de Fritz Hansen (Gunni & Trentino), mesita de Piero Lissoni para Cassina, alfombra de Zigler y tinaja francesa del XIX de Mestizo.

A partir del vacío principal surge la transición de los espacios públicos a los privados, lo cual se consigue generando volúmenes que se disponen como una matrioska, es decir, uno dentro del otro. El volumen principal se caracteriza por ser una caja suspendida en el espacio, blanca y sobria, enfatizando la colonización de un elemento nuevo en el interior de ese cascarón existente de piedra y reflejando la luz. Dentro de este volumen es donde por último figuran las cajas de madera y, además, el segundo volumen.

Entre lo público y lo privado

En el caserío de Andión, la organización de los usos atiende a la disposición de los espacios. De esta forma, los usos públicos se encuentran en los vacíos, mientras que los privados se hallan en el interior de las cajas. “Toda la materialidad de la vivienda responde a este concepto, a la rusticidad de la piedra existente en la envolvente en contraposición a la pureza del volumen blanco suspendido”, apunta la arquitecta. La mampostería es la protagonista en los espacios públicos, a la vez que los privados se caracterizan por su ausencia y la presencia de la madera de roble en el mismo tono de la piedra. Los elementos que no pertenecen a ninguno de estos dos “mundos”, tal y como señala la arquitecta, se caracterizan por ser materiales nobles y mantener una misma gama cromática.

De hecho, para que ningún elemento de la vivienda pudiera distorsionar esa imagen de conjunto, en el estudio de Martínez se han desarrollado piezas a medida como las puertas de acceso, de acero negro visto, o las ventanas de madera de una hoja con protecciones solares, situadas todas bajo cargaderos existentes. El friso es pino tintado, así como las embocaduras de las ventanas, a la vez que el recubrimiento de los pilares se ha confeccionado de nuevo en acero negro visto, uno de los materiales más utilizados en el proyecto junto al microcemento, el mármol o la madera.  

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Las cajas de madera inmersas en el volumen blanco se revisten de madera de nogal, con iluminación indirecta perimetral superior embebida en paneles. Herrajes de Hoppe y mecanismo de Font Barcelona.

En el acceso a la primera planta está la entrada al “cubo blanco suspendido” que distribuye las habitaciones en las “cajas” de nogal.

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Habitación con textiles de Zara Home, cojines de Rue Vintage 74, mesitas de microcemento, lámpara de mesa de Santa & Cole (Minim) y silla balancín RAR de Charles y Ray Eames para Vitra (Rue Vintage 74).

Baño con mueble a medida, encimera de Levantina, griferías de Dornbracht, bañera exenta de Hidrobox y taburete Méribel de Charlotte Perriand para Cassina.

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Juego de escaleras

En este caserío del interior de Navarra llama la atención la escalera suspendida y su barandilla, o los suelos de microcemento sobre suelo radiante. También la cocina de nogal del estudio Vonna que, situada bajo el “primer volumen”, se resuelve en un tono oscuro buscando la continuidad con el estilo del resto del proyecto y convirtiéndose, a su vez, en otro volumen pero con vida propia, pivotando entre la estancia principal y el exterior, tan importante para otorgarle sentido a la vivienda. Tampoco deja de ser curiosa la “salida del cubo blanco suspendido”, la que da acceso a la escalera de acero negro que conecta la primera con la segunda planta. Es una escalera volada, ubicada en el espacio de triple altura en el que destaca la mampostería de piedra rehabilitada, el friso de pino y las ventanas que permiten la entrada de luz que “rebota en el cubo blanco”, concluye la arquitecta, aportándole la luminosidad que tanto necesitaba este histórico espacio.

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El comedor se acompaña de una mesa de acero lacado a medida, igual que la alfombra de KP. Lámparas suspendidas Candela di Vals de Peter Zumthor para Viabizzuno, y sillas de Harry Bertoia.

Para las salidas se ha apostado por unas puertas de acero negro visto. Mesa del Rastro de Madrid y vasijas de Mestizo.

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Lourdes Martínez Nieto, autora del proyecto, en el juego de puertas de acceso.

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En el salón se aprecia ese volumen blanco que, a modo de matrioska, convive dentro del caparazón de piedra, y que acoge las estancias más privadas de la casa.

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La cocina de nogal es de Vonna, encimera de Lapitec, grifería de Dornbracht, taburetes de HAY (Doméstico Shop) y tablas de madera de Kave Home.