Fotografía: Jesús Granada
Arquitectos: SUMA Arquitectura

¿Cómo debería ser una biblioteca del siglo XXI? SUMA Arquitectura tiene la respuesta

El estudio madrileño firma, en Barcelona, una de las mejores bibliotecas del mundo. Y no lo decimos nosotros, la avala el premio Mies van der Rohe (EUmies Awards) que acaba de recibir. Así ha reinventado SUMA Arquitectura, con los códigos contemporáneos, esta catedral de los libros.

A Elena Orte y Guillermo Sevillano, los arquitectos detrás de la biblioteca Gabriel García Márquez, les gusta definir este edificio como el “palacio del pueblo”, y no están equivocados. La fachada de lamas de madera y fibra de vidrio horizontales, un guiño a las hojas de los propios libros, recubren un centro de conocimiento, pero también un lugar que inspira y eleva el espíritu. Como un templo. La monumental estructura del edificio y el gran atrio con iluminación cenital evoca la majestuosidad de las catedrales góticas, y su interior se llena de volúmenes, espacios de distintos usos, tan variado como los mejores palacios barrocos, para el absoluto uso y disfrute del ciudadano. 

Patio central de la biblioteca, desde donde se distribuyen los espacios.

Una sala de lectura con mobiliario diverso que crea zonas de privacidad.

Un estudio de radio, ejemplo de la diversidad de usos en la biblioteca Gabriel García Márquez.

A SUMA Arquitectura, el proyecto le ha valido el galardón de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea en la categoría emergente de los premios Mies van der Rohe que, por cierto, se entregó el pasado 14 de mayo, cómo no, en el pabellón Mies van der Rohe de Barcelona. “Hemos buscado, no solo diseñar espacios, sino crear entornos donde las personas prefieran estar, donde digan: aquí se está mejor que en casa”, cuenta el dúo a MANERA. Justamente ese era uno de los principales retos a la hora de diseñar esta biblioteca: crear espacios, funciones y situaciones irremplazables por la creciente realidad digital.

A problemas modernos, soluciones modernas 

“El mayor reto que enfrentan las bibliotecas en el siglo XXI, especialmente en un contexto de creciente digitalización, es mantenerse relevantes como espacios físicos en la era de la información accesible en línea”, explican Orte y Sevillano. Por eso, el interior del edificio se divide y se reparte a través de un serpenteo geométrico de columnas, escaleras y paredes de hormigón en espacios para libros, sí, pero también en usos que fomentan la colaboración y el aprendizaje a través de zonas flexibles y multifuncionales. En el interior, la madera destaca como material predominante, aportando calidez en los distintos ambientes, ya sean áreas de lectura tranquilas o zonas más sociales y dinámicas. Fijarse en el mobiliario, que abarca desde asientos tradicionales hasta hamacas o pufs, aporta una idea de la versatilidad del espacio.

En esta sala, la disposición de las cortinas pueden transformar la privacidad de cada rincón.

Una arquitectura consciente

“El segundo reto es la sostenibilidad”, prosiguen los arquitectos. Lo cierto es que la fachada no es solo un intento de materializar la esencia de lo que representa una biblioteca, con esa envoltura que evoca páginas dobladas de libros, sino que estas lamas de vidrio ventilado son esenciales para reducir la carga térmica del interior. “Queríamos que el edificio narrara una historia y comunicara un propósito incluso antes de entrar en él, con un lenguaje arquitectónico que fuera tanto simbólico como funcional”, detallan, y prosiguen. “La estructura de madera, por ejemplo, no solo fue escogida por sus cualidades estéticas y de integración con el entorno, sino también por su capacidad para almacenar carbono y reducir las emisiones de gas de efecto invernadero”.

La madera es clave para generara una sensación de calidez en un edificio que, a fin de cuentas, es para uso del ciudadano.

La luz natural inunda toda la biblioteca. 

Conversando con el exterior

Trayendo a colación la integración del entorno, se llega a la tercera y última clave del proyecto, su ubicación. La parcela que ocupa el edificio se encuentra en una especie de no-lugar, un vacío detrás de una comisaría de policía, en una intersección de calles secundarias. Transformar ese espacio en un un edificio de significado cultural, en una biblioteca que se integre en el tejido urbano, ha sido el mayor logro del estudio madrileño. De esta manera, el proyecto incluye una nueva plaza con la que la biblioteca deleita a la ciudadanía un nuevo lugar de encuentro, un revitalizador urbano. Un regalo.

Zona de revistas en la biblioteca Gabriel García Márquez.

SUMA Arquitectura tenía como objetivo ofrecer un ecosistema cuya experiencia resultara irremplazable, y lo han conseguido. Pocos sitios invitan a sentarse en uno de sus rincones de lectura, con algún libro entre manos, como la biblioteca Gabriel García Márquez. Elena y Guillermo nos confiesan que elegirían El infinito en un junco, de Irene Vallejo de sus estanterías. No os sorprendáis si os los encontráis con la novela entre manos, disfrutando de la luminosidad del espacio, rodeados de la monumentalidad escultórica de sus paredes. Así es como ha pasado esta parcela del barrio de Sant Martí de ser un no-lugar a un templo donde todos quieren estar. 

Este templo de la lectura se encuentra en la calle del Treball, 219.