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Fotografía: Cortesía de Marcelo Nougués

El misterio detrás del gran rascacielos de Buenos Aires: ¿la millonaria Cora Kavanagh lo construyó por venganza?

Mucho se ha hablado sobre este edificio residencial de los años 30 emplazado en el centro de la ciudad porteña. Un referente de la capital que amaga la figura de su dueña, cuya trayectoria y leyenda se desgranan en un libro publicado este año en Argentina y también en España. Hablamos con sus autores.

Pocas guías turísticas de Buenos Aires hay que entre sus recomendaciones no contemplen el que en su día fue el rascacielos más alto de toda Latinoamérica. Se inauguró en 1936 y, en total, alcanzaba los 120 metros de alto frente a la Plaza General San Martín, una mole de hormigón armado en la que Robert De Niro habría podido grabar su serie Nada para Disney+, de no ser porque en 2022 una gran mayoría de los 107 propietarios del complejo se negaron al rodaje. No es anecdótico. El dato refleja el interés que suscita dentro y fuera del país esta construcción de apartamentos de lujo, y más teniendo en cuenta que sobre ella recae una historia que también parece sacada de la ficción. En su trama aparece la dueña millonaria del edificio, y tras su origen se rumorea la venganza que protagonizó ella misma, la argentina Cora Kavanagh.

Vista del rascacielos en Buenos Aires. En portada, interiorismo de uno de los apartamentos.

Retrato de Cora Kavanagh, coleccionista de arte y antigüedades y figura habitual en las crónicas de la época, tanto argentinas como de París.

En muchos medios nacionales esta es la versión que se cuenta. Pero el mito hace aguas al investigar el romance que había entre medias. La realidad es que no hubo venganza y figuran cartas y documentos que lo demuestran, que son justo los que estudió el arquitecto argentino Marcelo Nougués y los que ahora él comparte en Cora Kavanagh y su edificio, el libro que en 2023 le ha dedicado a esta figura –a la venta ya online en Ivorypress– con la ayuda del fotógrafo y editor Ezequiel Diaz Ortiz, de Diaz Ortiz Ediciones. El adelanto, y ahí lo interesante, es que en el volumen no todo gira alrededor de la leyenda. “No me propuse desmentirla. A mí me encanta que los mitos continúen, pero había que aclararlo”, considera Nougués. “Eso me llevó a hacer un libro que hablase de su vida”.

No hay trayectoria igual

Una vida bastante intensa además. Para contar quién es han hecho falta casi 600 páginas con textos, ilustraciones e imágenes, muchas inéditas, que arrojan luz sobre la hija de los Kavanagh, la familia que a mediados del XIX huye de la crisis de Irlanda, se asienta en el país latinoamericano y, 50 años después, habiendo forjado un negociado alrededor de la oveja, pasa a formar parte de la alta burguesía porteña. Cora, por tanto, nace ya entre terratenientes y con el señor que se casa, un criador de caballos de carrera, se muda a París. Voilà: en la capital francesa logra rodearse de la élite de la ciudad.

“El resto de su vida, después de que el primer marido muriese”, informa el arquitecto, “es un ir y venir constante entre Europa y la Argentina”. Aunque hay un año clave. Al quedarse viuda, en 1928 el hermano de la protagonista le aconseja dejar de invertir en el campo, según continúa Nougués. “Cualquier tierra le iba a dar un 3 o 4% anual, mientras que una propiedad en la ciudad le daría el doble”.

Así son muchas de las terrazas que contempla el rascacielos de Buenos Aires, diseccionado en el libro Cora Kavanagh y su edificio.

La opulencia art déco presidía –y sigue en ello- el interiorismo de este edificio porteño.

Otra perspectiva de los apartamentos del edificio Kavanagh, que como innovación en su día ofrecía cocinas eléctricas, aire acondicionado y tarifas de luz reducidas.

Es lo que hizo, y en el libro se detalla. Cora Kavanagh compró un solar en Buenos Aires y le encargó al estudio de arquitectura estrella de la época, el despacho Sánchez, Lagos y de la Torre, que se ocupara de levantar un complejo vertical de apartamentos con terrazas descomunales, el primer rascacielos del momento al que llamaron el Kavanagh y que todavía hoy se estudia en las facultades de arquitectura del país, porque no siguió el estilo de las construcciones del alrededor. A su estructura escalonada y de corte racional, con un caparazón de hormigón y mármoles revistiendo el interior, se le enfundaron guiños del Art Déco en piedra y talla de madera. “Pero es que aparte del valor arquitectónico que tiene, se ha convertido en un símbolo de Buenos Aires”, opina Ezequiel Diaz Ortiz. “Por su ubicación, es imposible no verlo”.

Ley del deseo

También influye una paradoja. El Kavanagh es un monumento popular y una parada obligatoria, pero una a la que muy pocos tienen acceso si no conocen a alguien que viva adentro. En palabras del editor, tal privacidad lleva al misterio y este consecuentemente conduce a la atracción, alimentando más y más el bulo que recae sobre la dueña del complejo. De ella se dice que mandó alzar el rascacielos con un tamaño lo suficientemente grande como para ocultar una basílica, la que iba a construir su mal intencionada suegra, la mujer que le impediría a Cora casarse con su hijo. “Es cierto que Cora Kavanagh tuvo bastantes romances y uno fue con ese señor, pero aquella relación fue muy posterior a la muerte de la suegra”, sentencia Nougués. “Lo único es que al edificio, al ser tan querido, le faltaba una historia, un gancho un poco teatral y romántico. Como el icono que es, no podía quedarse como un rascacielos y ya está”.

Retrato de Cora Kavanagh, quien también vivió temporadas en el edificio. “Entre medias compra un terreno muy grande sobre la barranca del río de la Plata, en un lugar muy lindo de Buenos Aires, donde construye una fabulosa mansión que parecía una especie de castillo”, describe Nougués.

Detalle de la construcción escalonada del edificio.

Cartel en el que se anunciaba las características inmobiliarias del complejo. También informaba que todo interesado en comprar una vivienda podía visitar el Kavanagh sin cita previa. Desde entonces, nunca más ha vuelto a ser de acceso público.

Interiores de la vivienda del Dr. Fernández en el rascacielos porteño. Esta foto, incluida en el libro, fue tomada en el verano de 1996.

Portada del libro Cora Kavanagh y su edificio, disponible en España en Ivorypress.

La leyenda se forjó una década después de que Cora muriese un tanto olvidada, de acuerdo al arquitecto, y de ahí que el libro trate de dignificar su vida. “Me parecía que lo merecía”, dice. “En Estados Unidos ella hubiera sido una millonaria más con ese tipo de aventuras y proyectos, pero acá en la Argentina esta mujer rompió el molde. Aparte de que perteneció a la época gloriosa de los años 30 hasta los 50, cuando el país tuvo a nivel internacional una visibilidad importantísima en todo lo que fuera diseño. Después la fuimos perdiendo”.

Rescatarla, o al menos compartirla entre las nuevas generaciones, es en lo que lleva tiempo trabajando Marcelo Nougués. Hace años ya fue coautor de otro libro sobre el edificio Kavanagh, que no salió a la venta aunque hay gente que cuenta con ejemplares, y ahora está en proceso de un nuevo volumen que hablará de Ignacio Pirovano, fundador de la firma Comte y quien descubrió Jean-Michel Frank a los argentinos dejando, tras su paso, un valiosísimo legado muy similar al de Cora. Así como un sinfín de curiosidades aunque, esta vez sí, exentas y libres de supuestas venganzas.

Uno de los apartamentos en el otro libro creado en 2018 sobre el Kavanagh. “Yo me encargué de la edición y Marcelo Nougués colaboró en la autoría”, apunta Ezequiel Diaz Ortiz, “pero no tuvo circulación. Muy pocos pueden acceder a ese libro. Quizás con suerte se encuentre en el mercado libre, a precios imposibles”. Foto: Emma Livingston y Gustavo Sosa Pinilla.

Las viviendas de lujo en el rascacielos han ido reinventándose, tal y como demuestra esta imagen del libro del 2018. Foto: Emma Livingston y Gustavo Sosa Pinilla.