Fotografía: César Béjar
Arquitectura e interiorismo: Productora y Héctor Esrawe

Héctor Esrawe, arquitecto: “Cuanto más te vinculas a lo local, más contundente te vuelves”

Una de las grandes figuras del diseño mexicano habla con MANERA sobre el proyecto para el que colaboró con el despacho Productora. Es un hotel gigantesco en San Miguel de Allende llamado Albor, además de un tratado sobre la materialidad y el verdadero significado de ceñirse al paisaje.

Pide disculpas por llegar tarde a la entrevista. Pero excusa tiene: Héctor Esrawe había estado minutos antes en una reunión con el equipo de un próximo bar en Vancouver, uno de sus proyectos para el 2024 junto a un restaurante en un cenote artificial de Tulum, México. O un hotel en Guadalajara, ya en marcha, el cual surgió porque al cliente le había encantado otro hotel resuelto en San Miguel de Allende. “Fue uno de esos casos en los que trabajas sin que haya operador, pero luego llega una marca y tu diseño lo recibe, lo valida y lo abraza de una manera increíble”, comenta él, señalando otra rareza que se dio en el Hotel Albor. Y es que, al plantearlo durante la pandemia, apenas pudieron realizar visitas de obra. No hubo margen para supervisar.

Tanto en esta imagen como en portada, perspectiva de las zonas comunes del Albor. Las baldosas verdes con los diseños de Omar Barquet evocan la vegetación de la zona.

Vista del interiorismo que gobierna el hall del hotel.

Entrada con carpinterías teñidas de rojo, la tonalidad que impera en la piedra que hoy reviste el volumen inferior de este proyecto.

“El cliente nos dijo: ‘cumplan su parte de que el proyecto a mí me cueste lo menos posible, y yo cumpliré la mía de que se ejecute de forma fiel. Y resultó una grata sorpresa, porque fue dicho y hecho”, reconoce. “La ejecución del hotel es muy pero que muy cercana al propósito inicial”. En realidad, fue el estudio Productora el que invitó al despacho de Héctor Esrawe a colaborar en el complejo de manera horizontal, fundiendo intenciones que es, en palabras del arquitecto, donde surgió la magia del edificio. Porque ni se ubica en un lugar clásico de la ciudad mexicana –“No es ni de lejos la zona más turística”, añade-, ni tampoco reproduce la arquitectura típica de San Miguel de Allende. “De alguna manera rompe con el paradigma de lo que es la expresión local y, sin embargo, el Albor sigue siendo muy de la ciudad”.

Dos materiales, dos gestos de alto impacto emocional

Se explica: “Trazamos una visión más contemporánea del contexto”. A lo que se refiere Esrawe, y es algo que cada vez más estudios han empezado a comprender, es que para respetar el entorno no hace falta imitarlo tal cual. Además, cuando se entró a trabajar en el hotel, ya había una estructura, el esqueleto estaba medio resuelto con una expresión masiva y genérica a la que le faltaba raza y carácter. Cómo dárselo fue la pregunta de los autores, y su respuesta consistió en marcar una separación entre el volumen de arriba, el de las habitaciones, y el volumen inferior, dándole a este último una escala más humana e íntima a través de los materiales.

La solución ingeniada por Productora y Héctor Esrawe se observa en la piel exterior de la caja estructural del hotel.

Así de descomunal resulta la fachada del Albor. “Hubo que darle un toque más íntimo”, concreta Esrawe.

Otra de las zonas exteriores del proyecto.

Para el paisajismo se optó por la propuesta de carácter orgánico del estudio mexicano Planta Diseño Botánico

El revestimiento pétreo se inspira en el interior de la montaña local, en este caso, con un aspecto repleto de texturas.

“Es una piedra rojiza muy similar a la de los alrededores que viaja a lo largo de pisos y paredes, subiendo hasta el techo en algunos casos”, aclara, “y que se vuelve como una piel que se integra con la tierra de la parcela”. Eso por lo que respecta a la fachada. Adentro, la solución pasó por colaborar con un artista como Omar Barquet muy centrado en intervenciones sobre materiales cerámicos. “Se nos ocurrió añadir toda una serie de paneles que con el enfoque visual de Omar reforzaron la zonificación. Los paneles hoy vestibulan, dan escala, crean particiones y definen áreas”, cuenta. “Con este gesto y el de la piedra rojiza, resolvimos la intención completa del Albor”.

Pero, ¿y qué hay del mobiliario?

Según Héctor Esrawe, el 85% de las piezas que ahora se ven en el complejo están hechas ex profeso, solo que se trata de adaptaciones de muebles que el arquitecto ya había diseñado con anterioridad. “Variamos pequeños matices y en algunos casos también el formato para, de nuevo, ser eficientes en cuanto a coste y tiempos”. Lo que a su vez resalta es que pese a tratarse de una especie de reedición, en cada nueva versión se aprecia el lenguaje que Esrawe lleva años creando como diseñador para su marca homónima, y por el que se le conoce en el terreno del diseño coleccionable hasta el punto de que una galería de Nueva York, el próximo marzo, expondrá en un solo show sus ediciones limitadas. De las que apenas comparte avances, porque el Design Miami de este 2023, recién concluido, ya lo ha hecho por él.

Una de las terrazas que propone el hotel.

Las habitaciones, acompañadas por tonos suaves, vienen con barro de origen mineral, artesanías locales, mobiliario de madera y tejidos naturales.

Perspectiva del restaurante de este hotel, a cargo de Productora y Héctor Esrawe.

Los baños siguen la gama de tonos tierra de este complejo mexicano. Los apliques son de la firma de iluminación Sombra.

Otra vista de las habitaciones del Hotel Albor.

El hotel emerge naturalmente del terreno, proponiendo una amplia vista del valle de San Miguel de Allende.