Nantes, una ciudad que se revela a través del arte y la arquitectura

Le Voyage à Nantes, un proyecto que invita a conocer la ciudad de la mano de intervenciones artísticas y arquitectónicas, celebra su 12ª edición del 6 de julio al 8 de septiembre. Viajamos, vimos y te lo contamos.

Nantes es todo lo que una puede esperar de una ciudad europea agradable y pintoresca que prioriza a las personas. Se ve en su sistema de transporte público, puntual y eficaz. En su progresiva peatonalización. En sus más de 100 jardines y parques. En su defensa del diseño, la arquitectura y el arte, y en su empeño de que estos invadan y dialoguen con la ciudad cada verano.

Con este ánimo nació en 2011 Le Voyage à Nantes, que este año celebra su 12ª edición del 6 de julio al 8 de septiembre. Un concepto creado por Jean Blaise; una empresa pública local que reunió a los equipos de turismo, cultura y patrimonio de la ciudad para crear un itinerario artístico. El objetivo: fomentar un diálogo con la ciudad, explorar su pasado y su presente a través del arte y la arquitectura. El resultado, tras haberlo vivido en persona, recorriendo este itinerario durante tres días: funciona y es hoy más vigente que nunca, cuando nos replanteamos los códigos turísticos. Es una forma de mostrar la ciudad que invita a una mirada distinta, más reposada, que convive y no consume, que es similar seamos visitantes o nanteses. Que nos hace sentirnos nanteses aunque seamos visitantes.

‘Éloge de la trangression’, de Philippe Ramette. Una niña escapa del pedestal para jugar con libertad.

Las esculturas ‘Les Brutalistes’ de Martine Feipel y Jean Bechameil en la plaza Clémence-Lefeuvre, en cemento bruto y piedra de lava esmaltada, juegan con la composición geométrica y lo imaginario.

Este itinerario se materializa en una línea verde pintada en el suelo que nos conduce a través de las calles empedradas por un recorrido artístico de 60 etapas: de una obra de un artista contemporáneo, a un monumento histórico, un lugar imprescindible o un rincón pintoresco. La línea verde va creciendo cada año con las nuevas instalaciones, que se suman a las que se quedan permanentes de otras ediciones –hasta ahora, 52 se han quedado de las 12 anteriores–.  Las obras nos invitan a repensar la ciudad. Algunas hablan de su presente, otras de su pasado, otras de una realidad paralela, imaginada. Nos animan a ver con otros ojos aquello que siempre está allí, pero en lo que no solemos reparar. La edición de este año gira precisamente en torno a los árboles, un ejemplo perfecto de lo anterior que sirve también como hilo para hablar de nuestra convivencia con la naturaleza.

‘Le désespoir des singes’ (La desesperación de los monos), de Sébastien Gouju, ocupa el jardín del patio de la residencia de ancianos más agradable que he visto. Esculturas de hierro y cerámica dialogan con una Araucaria de 150 años, un árbol protegido. El título viene de que es un árbol al que, por su fisionomía, los monos no pueden subirse. Hace referencia a la ambivalencia entre naturaleza y domesticidad.

‘L’Homme de bois’ es una intervención del artista Fabrice Hyber. Rodeada de plantas locales, la estatua evolucionará con el jardín a lo largo de los años, se recubrirá de liquen.

‘Un Pinus pinea en l’an 2252’. La artista Yuhsin U Chang se imagina cómo será el tronco de ese árbol en 2252.

‘Luffy and the tree’, de Max Coulon, interviene un árbol emblemático de Nantes: la secuoya caída. El artista quería crear algo que pareciese que si lo quitas, el árbol cae. No se sabe si lo está arrancando, levantando, catapultando hacia el castillo. En honor al personaje de One Piece que tiene la capacidad de hacer crecer su mano. 

‘Le Rêve de Fitzcarraldo’ (El Sueño de Fitzcarraldo). Henrique Oliveira, el maestro de los árboles esculpidos, explora la relación entre lo humano, lo natural y lo arquitectónico en la plaza Graslin, frente a la ópera. Hace referencia a la película de Werner Herzog, que retrata la voluntad destructiva de un hombre apasionado por la ópera, dispuesto a todo para construir un teatro en plena selva amazónica.

Llama la atención esa conversación constante entre pasado y presente que rodea a esta forma de visitar la ciudad. En distintos puntos, cuatro fuentes que datan de la década de 1870, cuando Richard Wallace financia su construcción ante la escasez de agua tras la guerra contra Prusia y le encarga el diseño a un escultor nantés, Charles Le Bours. Una de las novedades de esta edición es la intervención del artista Cyrill Pedrosa en esas fuentes, a través de las que ha contado la historia de liberación de cuatro mujeres. En la primera, aparecen sosteniéndola. Son los pilares de la fuente. En la última se han escapado y bailan libres.

 ‘L’Evasion’, de Cyrill Pedrosa. Fuente número uno. 

 ‘L’Evasion’, de Cyrill Pedrosa. Fuente número cuatro.

Otras intervenciones nos dirigen la mirada hacia paisajes bellos, proponiéndonos una vista de la ciudad a través de sus ojos, o nos acompañan en la observación. Los anillos de Daniel Buren y Patrick Bouchain miran al río Loira y encuadran también los edificios industriales de su entorno. En la obra de Tadashi Kawamata, una larga pasarela de madera lleva a una plataforma suspendida, que actúa también como mirador del río y que, vista desde abajo, simula un nido. 

‘Belvédère de l’Hermitage’ , obra de Tadashi Kawamata.

‘Miroir des temps ‘ de Pacal Covert en el cementerio de la Misericordia. Animales espectrales representados en bajorrelieve de baldosas de cristal realizadas en colaboración con el maestro vidriero Olivier Juteau. 

OBRAS PERMANENTES: EL LEGADO DE LE VOYAGE À NANTES

Las 52 obras que han permanecido en la ciudad tras las pasadas 12 ediciones ya se muestran como parte del tejido urbano. Embellecen los parques y jardines –es increíble el protagonismo que toman en la ciudad, encuentras uno en cada esquina–, crean nuevos espacios públicos deportivos y de juego, transmiten los valores asociados a la ciudad y sus habitantes o nos refieren a algún capítulo de su historia.

‘L’Arbre à basket’, una instalación del taller a/LTA. 

‘In a silent way’, de Nathalie Talec . Dos estatuas que representan la adquisición de conocimiento adquirido a través de la exploración y el viaje. Las dos figuras femeninas evocan el balance entre saber científico y experimentación digital. 

‘Feydball’, un campo de fútbol creado por la agencia Barré-Lamboy y el paisajista Guillaume Sevin que se adapta a las irregularidades del suelo, a su inclinación y a su forma de cruasán. 

‘L’Enfant Hybridus’, del escultor Jean-François Fourtou.

En el Jardín Botánico –maravilloso, para quedarse a vivir en él–, pueden verse los personajes creados por el artista gráfico Jean Jullien.

Esa historia comienza con su pasado industrial, con los astilleros y el puerto como centro de su actividad económica. A finales de los 80 del siglo pasado, los astilleros cierran y la ciudad decide reinventarse a través de la cultura, pero reivindicando a la vez ese pasado. Así nace un nuevo barrio, la Isla de Nantes, donde arquitectos como Jean Nouvel, Nicolas Michelin, Lacaton&Vassal, o Franklin Azzi fueron escogidos para reinterpretar ese pasado y levantar lo que llaman el “barrio de la creatividad”, que acoge, además de viviendas y edificios institucionales, las escuelas de Arquitectura, Diseño y Bellas Artes. Por supuesto, uno de nuestros favoritos. 

‘Les Machines d l’Ile’, en la Isla de Nantes, están pensadas para eecordar la historia de la ciudad. Divulgarla. Celebran la creatividad y el poder de la imaginación. El trabajo de ingeniería que tenía lugar en los astilleros. En la imagen pueden verse el Gran Elefante y el Carrousel de los Mundos Marinos.

El artista Lilian Bourgeat con sus objetos de la vida cotidiana sobredimensionados, ha creado una cinta de medir y unas botas gigantes que se sitúan en distintos puntos de la ciudad.

En definitiva, después de haberlo vivido en primera persona, os animamos de verdad a visitar esta ciudad que defiende un modelo de turismo respetuoso e informado donde la arquitectura y el arte son protagonistas. Pretende todo lo contrario a la prisa y al consumo superficial del patrimonio de una ciudad. Todo lo contrario a ir haciendo ‘checks’ en una lista de monumentos que hay que ver. Apela al visitante y al nantés bajo la premisa de que “cada paseo puede ser un viaje”. Tal y como nos contaba Benedicte Pecherau, responsable de promoción internacional del proyecto y nuestra guía durante esa maravillosa estancia: “No es un capricho; es una política. Un gesto artístico y de generosidad”.