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Fotografía: Luís Ferraz
Arquitectura: Pablo Pita & Heim Balp Architekten / Interiorismo: Bacana Studio

Village by BOA: la corrala de Oporto que se ha transformado (desde el respeto máximo) en un lujoso ‘apartahotel’

Visitar la ciudad portuguesa y dormir en uno de sus emblemáticos espacios ya es posible gracias a una rehabilitación que ha preservado la forma y significado de esta pequeña comunidad, en su día símbolo de la vivienda obrera local.

Casi 60 familias llegaron a vivir entre finales del siglo XIX y principios del XX en el Bairro Do Silva. Era lo que en Oporto se conocía como isla, una especie de edificio comunitario que albergaba a la clase obrera de un modo parecido al que lo hacían las corralas de Madrid. O las ringhieras milanesas. La arquitectura de las portuguesas tenía, al igual que sus equivalentes, un baño compartido fuera de las viviendas, articuladas todas alrededor de un patio central. “En 2019 nos salió la oportunidad de comprar esta isla del centro de la ciudad y no nos lo pensamos. Era un sitio único”. Lo dice Lior Zach, quien tras una rehabilitación de tres años abrió justo ahí, en ese mismo enclave en la histórica Rua do Bonjardim, el llamado Village by BOA junto a su socio George Vinter.

Vista de los pasillos exteriores que articulan los cinco edificios de Village by BOA a lo largo de 2.700 m2. En portada, el patio central de Bairro Do Silva.

La vegetación siempre está presente debido al proyecto de paisajismo de este apartahotel a cargo de Mudita Studio.

Otra perspectiva de los exteriores.

Así es una de las zonas de descanso en la recepción del apartahotel.

Los espacios abiertos se acompañan de jarrones y vasijas centenarias.

Ambos dieron entonces en el clavo, y no solo porque la ciudad portuguesa sea una de las que mayor afluencia turística ha experimentado en Europa en los últimos años. Acertaron también debido a que el complejo se encuentra en un punto medio, según Zach: “A los 40 apartamentos que aquí tenemos quisimos darles una sensación de lujo”. Es decir, que Village by BOA toma nota de las ventajas de las viviendas turísticas y los cinco estrellas, de la independencia de los primeros y el servicio personalizado de los segundos, para plantear un espacio híbrido. “Hay servicio de limpieza diaria, una gran variedad de amenities y si no quieres pasar por recepción”, informa el coautor, “ni siquiera tienes por qué. El grado de privacidad lo eliges tú”.

El pasado no se olvida

Cualquiera que vea de primeras este proyecto de interiorismo en Portugal podría pensar que aquí se ha romantizado el verdadero trasfondo histórico de las islas de Oporto. Aunque todo lo contrario. Quien entre a la página web de Village by BOA observará que el pasado obrero se pone en valor. Y es que, a la hora de reformar los cinco edificios que conforman el complejo, Zach y Vinter contactaron con el estudio de arquitectura de Pablo Pita, el cual trabajó en colaboración con los berlineses de Heim Balp Architekten, mientras que en paralelo se realizó un documental de cuatro episodios a modo de memoria histórica del Bairro Do Silva. Un antes y un después en el que participó hasta una señora que había vivido en la comunidad, y en el que se aprecia el respetuoso cambio de la obra.

Entrada al hall de Village by BOA.

La calidez inunda los 40 apartamentos del complejo portugués.

Muchos de los apartamentos disponen de un formato dúplex con lucernarios en los techos.

Ingrid Aparicio, de Bacana Studio, diseñó los muebles de Village by BOA a medida.

Terraza en uno de los dúplex.

Los muebles de fibras vegetales son una de las constantes en el interiorismo de este apartahotel.

Lo subraya Zach: “Más que complicado, diría que fue muy gratificante el haber conseguido el look exacto que el Bairro tenía en su día”. Por supuesto se refiere al caparazón, porque adentro del hotel ya nada es como era: del interiorismo se encargó la barcelonesa Ingrid Aparicio, al mando del despacho Bacana Studio con sede en Lisboa. Atrás quedaron los años en que esta isla se caracterizaba por la densidad en cuanto a residentes. Ahora, la calma y el sosiego se traducen en apartamentos en los que apenas hay ruido visual. Y los pocos detalles y muebles ad hoc que se dan, producidos en Portugal, vienen inspirados por el diseño japonés.

Una última reliquia

Es lógico. Que haya influencia nipona esclarece que adentro del Village by BOA sean los materiales naturales los que manden. Gobiernan además en una paleta limitada tan solo a la madera clara y los linos y cerámicas en tonos pastel, o al cobre y al ratán que dan el último toque a una propuesta que tiene, de acuerdo a sus creadores, su público específico. “Suelen ser parejas de entre 35 y 40 años con un bebé o un niño pequeño”. ¿Y la procedencia? “El 50% de Estados Unidos, seguido de franceses, españoles, ingleses también y, desde hace poco, se está animando a venir la gente de Portugal”. Todos ellos ya saben cuál es la joya de la corona de este complejo en Oporto. En el patio central, allá donde antes se reunían las familias tras una larga jornada en la fábrica, hoy una escultura del israelí Zadok Ben-David convive con un conjunto de vasijas de Mafra, ni más ni menos que de 300 años de antigüedad.

Entre los materiales predominantes de este proyecto destaca la madera noble.

Perspectiva del dormitorio que contempla otro de los dúplex de Village by BOA.

Los 40 apartamentos del complejo disponen de cocina, en muchos casos acompañada por las vigas originales de Bairro Do Silva.

Vista de la cocina abierta al comedor en uno de los apartamentos.

Aunque no hay archivos históricos que lo certifiquen, se cree que las islas de Oporto están influenciadas por las casas británicas construidas entre finales del siglo XVIII y principios del XX.

Village by BOA también se enfoca en perfiles que buscan alojarse en la ciudad temporalmente, durante varias semanas o incluso meses.