Andrés Anza, ganador de Loewe Craft Prize: “No me interesa definir ni categorizar; solo conocer”

Charlamos con el artista mexicano sobre sus raíces, el vínculo entre presente y pasado que crea con su obra, sobre romper moldes y sobre la imaginación y la ausencia de prejuicios frente a creaciones y personas.

A Andrés Anza (Monterrey, 1991) no le interesa definir ni categorizar. La suya es una aproximación al mundo más compleja, que se recrea en las sutilezas y huye de la brocha gorda imperante. Requiere tiempo, paciencia y valentía elegir adentrarse en las dobleces en lugar de quedarse en la superficie. Esta forma tan bonita de vivir, Anza la traslada a su arte, piezas de cerámica difíciles de definir e imposibles de categorizar. Piezas que es necesario conocer, descubrir poco a poco. Un trabajo que bebe de sus raíces mexicanas y se mueve en un vaivén entre arte y oficio, que la ha convertido en ganador del último Loewe Craft Prize, el prestigioso premio que la casa creó en 2016 para celebrar la artesanía. 

La escultura ‘I only know what I have seen’, con la que Andrés ha conseguido el prestigioso Loewe Craft Prize, desafías las técnicas de la artesanía tradicional, al estar pintada con acrílico.

La técnica de recubrirla con pinchos bebe de la tradición de artesanía prehispánica en México, su país natal.

RAÍCES Y RUPTURISMO

I only know what I have seen es el título de la obra que ha ganado el galardón. Una escultura de arcilla refractaria que, en palabras del jurado, “logra evocar formas ancestrales y arqueológicas mientras adopta una estética post-digital contemporánea”. Andrés reconoce este hilo entre pasado y presente que, más que buscado, es inevitable. “Tomo muchos elementos de la artesanía mexicana, una práctica milenaria que se lleva desarrollando desde tiempos prehispánicos. Deconstruyo esas figuras y las traigo a la contemporaneidad”, nos cuenta. Es cuestión de recuperar elementos para rendirles tributo. Esos picos de pastillaje que recubren la escultura y le dan su identidad, por ejemplo, llevan haciéndose desde siempre en su México natal. 

Anza abordó esta pieza, como todo su trabajo, desde la curiosidad. Tenía sus referencias, su técnica, su relación con la cerámica –”un material con el que tienes que establecer un vínculo propio y moldearlo hasta donde te permita”– y una certeza: quería hacer una pieza alta, con la que te pudieses relacionar a escala humana. “Toda la figura, los bordes, las curvaturas, las fui descubriendo sobre la marcha”. Después la recubrió de picos y la pintó con acrílico para romper con la concepción tradicional de la cerámica. “Cuando se habla de esta práctica se menciona la técnica, más que el contenido o el concepto. Se habla de materiales, de temperaturas de cocción… no de qué quieres decir con tu obra.  Yo intento romper con eso al pintar mis esculturas con acrílico. No lograba los resultados con las prácticas comunes de la cerámica, que son los esmaltes o los engobes”, explica. 

Retrato de Andrés con su escultura, en el taller de Milán donde la concibió.

Escultura expuesta en la muestra dedicada a los finalistas del Loewe Craft Prize.

ATREVERSE A CONOCER MÁS ALLÁ DE LA SUPERFICIE

Los pliegues de la escultura dan la sensación de que se está desbordando. “Invita a asomarse, pero no lo permite. Como sucede tantas veces con las personas”. La pieza es hueca porque la cerámica tiene que serlo por cuestiones técnicas, pero hay otra pieza que es la estructura interna, llena de columnas, de vigas, una cuadrícula por dentro. “Es algo casi arquitectónico, que se cierra y no se ve, queda solo para mí, en mi recuerdo. Me gusta pensar que todos tenemos esas estructuras internas a las que le vamos a dar acceso tal vez no a todo el mundo, pero sí a algunas personas, y componen y soportan lo superficial que queremos mostrar”, expone. 

Quienes la observan intentan buscar en su imaginario referencias con las que relacionarla, en ese impulso tan humano de categorizar. Un animal marino, un cactus, una fruta… “Es una invitación a la curiosidad. De entrada, es impactante verlo. Piensas ¿qué es eso? ¿por qué me parece familiar, pero a la vez no?” La imaginación fue el punto de partida y es también la meta. “Es algo que me gustaría que estuviese vivo, a lo que yo he otorgado movimiento con mis manos, dándole una curvatura a cada pico, que hace que parezca que es flexible y puede moverse. Es la ingenuidad de algo que no existe. Como nosotros, que vamos cambiando, mudando de contexto”. Puede que Anza solo conozca lo que ha visto, sus orígenes, de los que bebe cada una de sus piezas. Pero está claro que quiere ir más allá, dejarse llevar por la imaginación y la falta de prejuicios. Conocer más. Y que todo aquel que observe sus piezas le acompañe en ese viaje.