Segunda vida a la madera quemada: el festival TAC! presenta su pabellón en Donostia

Fotografía: Adriá Goula

Esta iniciativa invita a reflexionar sobre los incendios forestales que cada año arrasan bosques y montes españoles. Lo hace con un monumental pabellón diseñado en la ciudad vasca por Julia Ruiz-Cabello Subiela y Santiago Del Águila.

Si cerramos los ojos y nos trasladamos a un frondoso bosque, todos podemos imaginar al instante ese olor tan especial. Para algunos, es el musgo y la humedad de la niebla. Para otros, el aroma a verbena y romero mediterráneo. Sea como sea, la ciudad de Donostia-San Sebastián acoge estos días un pequeño templo en honor a estas maravillas de la naturaleza de la mano del festival de arquitectura urbana TAC!. Solemos acudir a estos santuarios naturales en busca de la desconexión pero, en ese caso, los arquitectos Julia Ruiz-Cabello Subiela y Santiago Del Águila hablan sobre la conexión con su realidad, la de los incendios forestales y la crisis climática. Así es Lost Forest, un bosque que huele a madera quemada. 

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El pabellón Lost Forest vigila la playa de la Zurriola, el monte Urgull y el Kursaal de Rafael Moneo. 

La apuesta de la Secretaría General de Agenda Urbana, Vivienda y Arquitectura del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (MITMA) y la Fundación Arquia por la arquitectura joven ha llevado al TAC! a aterrizar en un escenario donostiarra sin igual. En el vacío urbano de Sagüés, en el borde entre el mar, la montaña y el hormigón, descansa el pabellón Lost Forest hasta el 13 de noviembre. La obra toma el relevo a la gran persiana que Manuel Bouzas instaló en Valencia hace un mes, en esta iniciativa que une la arquitectura contemporánea y la práctica emergente con la reflexión sobre lo urbano y lo social.

Una historia que contar

Tal y como explica el propio TAC!, “el 40% de las hectáreas quemadas en la Unión Europea a lo largo del año pasado se ubican en nuestro país”. En este contexto desolador nace Lost Forest, un pabellón que pretende llevar al ámbito urbano la concienciación sobre una triste realidad. La monumentalidad de la estructura se multiplica al sentir que cada uno de los troncos apilados en Sagüés proviene de las casi 15.000 hectáreas quemadas en los ocho incendios que devastaron Navarra en 2022. Dentro de la instalación, la verticalidad de la arquitectura y el contraste de su oscuridad con la luz que consigue atravesar la fina grieta en lo más alto del pabellón añaden a esta naturaleza un carácter casi divino.

El proyecto ha sido seleccionado como ganador en una edición con 125 propuestas.

Los troncos quemados de pino laricio crean una estrecha nave desde donde se enmarca la ciudad.

Diseño in-situ

Los arquitectos han logrado trasladar un mensaje de manera muy frontal con una estructura que no deja indiferente a nadie. Aunque la madera de Lost Forest haya sido quemada en un incendio, Julia y Santiago han conocido de primera mano las dificultades de trabajar con un ser vivo. “Cada tronco tiene su forma, a veces se quiere apilar y a veces no”, explica el dúo. El material tuvo que ser trasladado en troncos de cuatro metros y depositado con máquinas de descarga forestal, por lo que el transporte ha condicionado por completo lo que vemos hoy en San Sebastián.

Hasta el 13 de noviembre, Lost Forest acogerá todo tipo de iniciativas y charlas gracias a la colaboración entre TAC! y Mugak.

Lost Forest estimula los sentidos más allá de la vista, como el tacto o el olor inconfundible a bosque que expulsa la obra.

En un mundo en el que todo va cada vez más rápido, a veces hace falta que nos pongan las cosas en frente para ser conscientes de ellas. Eso es precisamente lo que Julia y Santiago quieren: crear una conexión entre la sociedad urbana y la emergencia climática de los incendios forestales. “El árbol no es un material, es un sujeto”, concluye Santiago. “Nos falta mucho por entender a la hora de cómo manejar los bosques, cuidar los montes, hacer uso de un material que tiene vida con equilibrio. Porque, en ese equilibrio, es justo donde está la ecología”. 

Los troncos tienen un largo de cuatro metros y han sido transportados directamente desde los bosques quemados de Puente la Reina, en Navarra.

La explanada de Sagües es un espacio urbano inacabado, un lugar de reflexión que a lo largo de estos días convive con la intervención del TAC!.