Fotografía: Josep Bagur

Hechas de cristal y oro, las esculturas de Lucía Vallejo Garay aterrizan en esta fortaleza menorquina del XIX

El edificio que en 1817 obligaba a los tripulantes a pasar cuarentena antes de entrar en el puerto de Mahón hoy, por primera vez en la historia, abre sus puertas para albergar una exposición de arte. Visitamos a su autora y comisarias, un día antes de la inauguración, en pleno proceso del montaje de esta muestra site-specific.

Si algo queda claro en Mahón es que, desde que Hauser & Wirth desembarcara hace dos años en la Isla del Rey, esta pequeña ciudad al este de Menorca se ha convertido en el destino perfecto para aquellos que quieren ver y adquirir arte, y arte del bueno. De hecho, que la galería suiza optara por montar una sede en la isla ha abierto la veda para que perfiles creativos de todo tipo exhiban sus proyectos allí mismo. Justo, tal y como lo hará desde mañana sábado 17 de junio la artista Lucía Vallejo Garay (Bilbao, 1975) con su exposición Our Thoughts Our Cages, comisariada por María y Lorena de Corral, hasta el próximo 30 de septiembre.

Vista del Golden Cage, un lienzo giratorio y revestido en pan de oro de 22 quilates dentro del oratorio circular. En portada, el núcleo central de Our Thoughts Our Cages en el oratorio y las celdas del Lazareto de Mahón, actualmente propiedad del Consell Balear y a cargo de Isaac Olives, director de proyectos sostenibles en la isla.

Lucía Vallejo Garay junto a la obra Exaltación del Barroco en las caballerizas del Lazareto. Las piezas de esta artista se han paseado por el Lázaro Galdiano de Madrid, el Museo San Telmo de San Sebastián o, entre otros, el Nacional Soares dos Reis de Oporto.

El sitio que Vallejo ha escogido para su muestra es imposible pasarlo por alto. Se trata de la imponente Fortaleza del Lazareto, una de las tres islas del interior del puerto de Mahón que por primera vez ha aceptado abrir sus espacios a una exposición de arte. Y no es para menos, puesto que la bilbaína, escultora desde los 13 años e historiadora del arte, cuenta con un estudio en el pueblo menorquín, una casa en el puerto, ha expuesto aquí en numerosas ocasiones y las 30 piezas que presenta en su muestra de ahora, además, no son unas cualquiera. Las ha seleccionado minuciosamente junto a las comisarias, y revelan un carácter bastante inquietante que al analizarlo levanta conciencias.

La artista bilbaína durante el montaje Our Thoughts Our Cages. “Hace dos años hice Memento mori para la Tabacalera de Madrid, una colección de momias que traje a Menorca”, cuenta. “El año pasado también preparamos una muestra con el Ministerio de Cultura en una capilla, poniendo a dialogar las piezas de Marina Abramović y las mías”.

Un miembro del equipo colocando en la escalera de las caballerizas una pieza de cristal de Bohemia.

Pasado y presente

Perteneciente al movimiento de la descomposición, Lucía Vallejo Garay utiliza lienzos y telas tratadas como el yute para realizar sus creaciones en tres dimensiones. Así plantea momias, mujeres veladas y formas abstractas muy fantasmales y, precisamente, muchos de esos textiles los ha montado in situ en la fortaleza levantada hace 200 años por orden de Carlos III, dándole forma a las telas para colgarlas a lo largo de los elementos arquitectónicos de esta construcción. “La Fortaleza de la isla”, cuenta la artista, “siempre me pareció un sitio espectacular”.

Continúa. “Me cautiva su historia tan relacionada con las epidemias, quizá porque hemos pasado una hace poco”. La bilbaína se refiere a que esta Fortaleza, a partir de 1817 y durante un siglo, se convirtió en el sitio donde todos aquellos que entraban en la isla debían guardar cuarentena, de cara a evitar enfermedades como el cólera, la fiebre amarilla o la peste. Ahora, en las caballerizas y en la capilla, porque el complejo disponía de una propia, figuran sudarios bañados en oro de 22 quilates o en cobre que se enredan en escaleras de madera o en las rejas de las celdas.

Sobre el altar de la antigua capilla, una pieza de cristal de Murano.

“Trabajamos mucho pensando en lo que había ocurrido en estas celdas”, añade la artista. “Más que nada, por eso de que nosotros mismos también nos enjaulamos, y de ahí que el título sea Our Thoughts Our Cages. Lo tomé de Virginia Woolf cuando expresaba que a veces nos encasillamos con nuestros propios miedos a no gustar y a que te juzguen”. Hoy en las celdas, según Lucía Vallejo Garay, son los lienzos los que, sintiéndose atrapados, intentan salir y escapar a toda costa. Mientras, estratégicamente, a lo largo de los jardines se van descubriendo en distintos emplazamientos puntos de luz en forma de burbujas de cristal, sopladas en los talleres de Murano y Bohemia y fundidas con las telas en una difícil técnica que solo Vallejo conoce.

Sobre el pozo frente al oratorio circular, Wound, otra de las piezas de cristal de Bohemia.

En las celdas desde las que los contagiados escuchaban la misa, la artista ha montado una instalación de lienzos en óleo.

Las comisarias de la muestra, María de Corral y Lorena Martínez de Corral, a la izquierda y derecha respectivamente, flanqueando a la escultora Lucía Vallejo Garay (centro).

Concepto ad hoc

El comisariado también es de altura. María y Lorena de Corral son madre e hija. La primera fue directora del Reina Sofía, comisaria del Pabellón de España de la Bienal de Venecia en 1988 y la primera mujer directora de esta Bienal en el 2005. Lorena, por su parte, dirige hoy la colección de la fundación Coca-Cola. “A las dos las conozco desde hace años”, recuerda Vallejo. “Pero nunca me había atrevido a que comisariaran una exposición mía”. Lo único que ha cambiado es que, esta vez, se armó de valor, se lo propuso a ambas y a ellas les gustó el trabajo de la bilbaína. Dicho y hecho.

“Eso sí, hubo que hacer bastante investigación, pues evidentemente las piezas no están hechas al azar. Son site specific, llevo ya casi un mes trabajando en las celdas de los enfermos, en las torres de los secretos y en las mismas caballerizas”. María y Lorena, fascinadas por la Fortaleza del Lazareto, llegaron a la conclusión de que, ante unos espacios tan potentes, había que dejar aire para que existiera un diálogo entre el vacío y el espacio, con el enfermo y las obras. “Este sitio tiene una potencia que sobrecoge, aunque si sabes reforzarlo la magia que consigues es absoluta”, considera Lorena.

La pieza Hope, en cristal de Bohemia, descansa en uno de los pozos de la Fortificación.

Junto a las caballerizas se encuentra este pozo, acompañado por la pieza de cristal Nature.

Una esencia indescriptible

Eso mismo, de acuerdo a las comisarias, es lo que han intentado en Our Thoughts Our Cages, que las piezas de la artista impulsaran los espacios. A la Fortaleza madre e hija acudieron en varias ocasiones a conocer el escenario y también, por supuesto, a ver las piezas de Lucía Vallejo Garay. “Hay un momento”, sentencian las dos, “en que las propias obras se colocan y se abren paso, tal y como ha ocurrido con la escultura de la momia. Su sitio lo ha encontrado en la celda de los contagiados”.

En cuanto a la ubicación, las comisarias han querido reforzar algunos lugares como el punto concreto en el que, a partir de mañana, se podrán observar a las cuatro magníficas Mujeres en Silencio. Que estén veladas y no puedan hablar tampoco es casual. Tal hecho apunta a todas esas mujeres que durante tantos y tantos años han estado silenciadas, viviendo en la sombra y en un constante segundo plano. Cosa que explica que en esta muestra se hayan colocado en la Torre de los Secretos donde los susurros, por mínimos que sean y gracias a la forma arquitectónica de la bóveda, son capaces de escucharse de una punta a otra.

En la Torre de los Secretos se han instalado las cuatro Mujeres en Silencio que ya estuvieron en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid.