Fotografía: Moco Museum

El Moco Museum de Barcelona ha dado con la fórmula para acercar el arte a las nuevas generaciones

Hay quienes no comprenden ni comulgan con la estrategia liderada por este centro de arte moderno, aunque su importancia tiene. La aclara de primera mano una de sus fundadoras en la Ciudad Condal a raíz de la adquisición de una nueva obra de Marina Abramović.

Todo aquel que busque en Instagram las fotos que la gente sube de su experiencia en el Moco Museum se dará cuenta de que, efectivamente, hasta el mínimo detalle de este centro de arte parece estar diseñado para los que se encuentran a medio camino entre los millennials y la generación Zeta. Cosa que es pura coincidencia, en palabras de Kim Logchies, la mitad de la pareja al mando del complejo. Ella se defiende: “Llevamos 25 años viajando por el mundo y seleccionando piezas de ferias, galerías y subastas. Tanto mi marido Lionel como yo desarrollamos un gusto que tenía una cierta energía”. Fue la que trasladaron, dice, a una galería que abrieron y a la que acudían las madres sorprendidas, anonadadas, porque sus hijos de 15 años les habían pedido llevarlos hasta allí para ver pinturas y fotos. Aquello les animó en 2016 a transformar en Ámsterdam, donde el matrimonio vive, una casa de principios del XX en un museo de arte moderno.

Fachada de Villa Alsberg, el edificio del Moco Museum en el centro de Ámsterdam.

De base, lo que Logchies y su pareja pretendían era enseñarles a los jóvenes lo que ella llama los viejos nombres. “Queríamos mostrarles quién era Andy Warhol o Marilyn Monroe, porque en realidad no saben quiénes son”. Desde entonces llevan haciéndolo con obras auténticas, y no solo del gran maestro del pop. Entre la colección del Moco Museum sobresalen más referentes como Basquiat, Yayoi Kusama, Keith Haring, Banksy y también Marina Abramović, quien este marzo ha presentado otra de sus obras en el Moco de Barcelona, la segunda sede del centro que abrió sus puertas hace nada, a finales del 2021.

La colección sigue creciendo

“El tema con Marina empezó con su pieza The Hero, que la tenemos en Ámsterdam”, informa Logchies. “Tuvimos varias conversaciones y ella había hecho una obra que a mí me gustaba”. Se refiere a Miracle 3 (en la imagen de portada), una de las performances de la artista serbia en la que aparece junto a otra chica tumbada y desnuda con elementos de su cuerpo al descubierto. Representa la guerra y el devastador impacto que ésta tiene sobre el cuerpo humano, tal y como Abramović misma describió el 9 de marzo durante la inauguración de la pieza en la Ciudad Condal, horas antes de estrenar en paralelo una ópera en el Gran Teatre del Liceu del Passeig de Gràcia titulada 7 muertes de Maria Callas.

Kim Logchies y Marina Abramović junto a la obra que la artista presentó en Barcelona.

Performance The Hero (2001) de Marina Abramović.

Interiores de la planta cero con obras de Julian Opie y, al fondo, la foto La última cena de David LaChapelle.

También en la planta cero figuran los arcos originales del edificio, restaurados y dejados al descubierto.

Hoy, Miracle 3 forma ya parte de la colección permanente del Moco Museum, mostrándose al lado de obras a gran escala de Salvador Dalí, el inglés Julian Opie, David LaChapelle o Damien Hirst, y dentro de un histórico edificio que los propietarios del Moco desconocían. Su idea era abrir en Florencia o en París, no en Barcelona. “Un famoso deportista sabía del edificio y nos llevó a verlo con su mujer. Fue entrar y saber que ese era el sitio correcto”, reconoce Logchies. Se trataba del Palau Cervelló, una construcción del siglo XVI en el Born, actualmente propiedad de una madre y su hija. ¿Costó convencerles? “La hija ya conocía el museo, así que todo fue sobre ruedas”, confirma.

Siguiendo la premisa de los grandes edificios catalanes, el del Moco Museum en Barcelona también dispone de un patio central, acompañado por una gigantesca estatua del artista Kaws.

Las vigas se prolongan a lo largo de todo el Palacio Cervelló, incluidos los techos de su segunda planta.

Reforma a lo grande

Kim Logchies lo comenta sentada en la concept store del Moco Museum que hay justo al lado, compartiendo fachada gótica, y recuerda aquellos momentos iniciales con una sonrisa, puesto que grandes contratiempos no hubo. “Lo cierto es que al principio no nos dimos cuenta de la magnitud de la remodelación. Todavía me acuerdo que mi padre, que tiene 80 años, vino dos meses antes de la inauguración, vio unos 60 aires acondicionados repartidos por los suelos y dijo: ‘Dios mío, ¿por qué os habéis metido en esto?’. Menos mal que ha vuelto a venir hace dos meses”, ríe ella. “Ahora ya está tranquilo”. Eso según la hija, claro, porque en mente tienen reformar la tercera planta del palacete y expandir el universo del Moco Museum a lo largo de Barcelona con una serie de instalaciones pop-up.

“Pero ya veremos, son solo planes”, concluye, volviendo al tema de su público joven. “Recuerdo que también vino Tim Cook, director ejecutivo de Apple. Estaba preocupado porque creía que iban a desparecer los museos, a ellos solo iba gente mayor. Aunque nos dijo que en Moco habíamos encontrado la fórmula”. Una clave que de acuerdo a Logchies tiene que ver un poco con los mismos ingredientes de una boutique de éxito (la sensación de lujo, un olor agradable y un personal que te atiende con uniformes interesantes), combinados en este caso con un plantel de artistas de primerísimo nivel, algunos nacidos de lo digital y otros muy difíciles de ver en museos españoles. Como el Studio Irma y su instalación Diamond Matrix. O el afroamericano Kehinde Wiley, autor aquí de un busto que denuncia la opresión sufrida en su comunidad dentro de Estados Unidos.

Así es la instalación Diamond Matrix, de los sitios más fotografiados entre los jóvenes de Barcelona.

Vista de la sala dedicada a las pinturas de tamaño XXL del artista Guillermo Lorca.