Fotografía: Brandhala.studio

Entre el cielo y el infierno hay un lugar reservado para el mundo onírico de Laura Cano: así ha sido su muestra ‘Origen’

Quien siga de cerca en Instagram a esta bilbaína afincada en Madrid sabrá que su ameno discurso gira la mayoría de veces alrededor de un tema que la pintora borda a la perfección. El de la historia del arte, del que explora y fusiona símbolos y referencias igual que hizo el pasado fin de semana en su segunda exposición en la capital española. El Bosco no faltó a la cita, como tampoco Brueghel ni Leonora Carrington.

Todo empieza en el retrato figurativo. Trazos realistas y, aparentemente clásicos, en los que la bilbaína Laura Cano se deja llevar y descubre que lo que hasta entonces era un simple hobby, paralelo a su trabajo como redactora en diversas publicaciones españolas, tenía la intención de instalarse en su vida como camino profesional. Y así está siendo, o al menos es lo que reflejó su segunda exposición en Madrid organizada durante el pasado 23, 24 y 25 de noviembre en el espacio Monbull, en la que fue la Casa Palacio del Marqués de Cubas en el XIX. El mismo enclave que acogió en 2021 la primera muestra de Cano, Mímesis. “He estado pintarrajeando toda la vida, pero mi primer cuadro propiamente dicho lo realicé en 2018 cuando me apunté a unas clases de pintura en la Universidad de Stanford donde trabajaba. Desde el principio, todo me resonaba”, recuerda ella. “Fue una sensación muy fuerte”.

Detalle de la parte de El Paraíso representado en la muestra. En portada, en la entrada a la sala principal de la exposición, dos piezas introducían figuras y símbolos que luego podían apreciarse en el políptico protagonista. Al frente, biombo de Laura Cano y la joyería de Pilar Cano sobre un busto.

Representación de El Cielo con figuras voladoras, animales antropomórficos y el eterno huevo que estuvo presente en toda la propuesta de la expo de Laura Cano.

Retrato de Allegra como pieza central del políptico.

Suelos de madera, molduras espectaculares y una chimenea encendida junto al espejo sirvieron de interiorismo para una muestra con toques clásicos y muy surrealistas.

Desde aquella exposición inicial, añade, la artista ha ido aprendiendo y perfeccionando la técnica de grisalla en óleo, “la que utilizaba Rembrandt y la que me ha enseñado a ser paciente”. De hecho, el políptico que ha dado nombre a la última muestra de Laura Cano, Origen, empezó por un retrato que implicaba horas y horas de plantarse ante el lienzo. “Aprovechando que todavía tiene esa mirada inocente, quería pintar antes de que se hiciera mayor a Allegra, la hija del interiorista Lorenzo Meazza. La idea era retratar la inocencia que estaba a punto de perder. Después, el cuadro me pedía más y más. Le añadí un fondo verde, tipo El Bosco, y aquello ya empezó a expandirse”. La obra de la que habla la bilbaína, el retrato de Allegra, fue la pieza central de un total de cinco lienzos y, en ella, la adolescente miraba directamente al espectador mientras sostenía un huevo ruso de Fabergé de la diseñadora finlandesa Alma Pihl, acompañado en este caso por un pájaro.

Sucesión infinita de universos

“La protagonista permanece ajena a lo que ocurre detrás: la batalla entre el bien y el mal, entre el cielo y el infierno”, subraya la autora. A la izquierda se desarrollaba de forma onírica el espectro del cielo con una mujer-huevo y los lirios (que se asocian al Paraíso). A la derecha, el infierno, con escenas de figuras más deformadas, monstruos y fuego. En toda la composición había decenas de referencias a pintores, escritores e imaginarios culturales. “Me empecé a llenar de todos los viajes, libros y exposiciones. Desde el huevo Leonora Carrington (la pintora surrealista cuya trayectoria analizó la misma Laura Cano en MANERA), los bañistas de Cézanne, Brueghel, William Blake y, por supuesto, La Divina Comedia”, enumera.

De nuevo, vista de la exposición Origen.

En los pasillos y en la entrada a la muestra destacaban varios retratos realizados por la artista.

El centro de la sala aparecía gobernado por instalaciones florales de Alex F. Banegas.

Otras obras de Laura Cano que se pudieron ver durante su segunda exposición de arte.

En los extremos, lo que pudo verse en la exposición Origen era que su obra principal adoptaba tintes abstractos. Cosa que se entendía en un lienzo bordado por la artista estadounidense afincada en Londres Cecilia Charlton. También en el lado opuesto, a lo largo de un cuadro de la propia Cano en el que, de acuerdo a ella, se desdibujaba el infierno. “He utilizado el negro más negro que enfrentó a Stuart Semple con Anish Kapoor, ambos británicos, cuando se propusieron crear una sensación de agujero negro en la superficie plana”. Pero es solo una de las tantas referencias, porque este eje temático paraíso-infierno es el que articuló toda la sala central de la muestra con símbolos que se repetían, se reinterpretaban y se expandían más allá de la propia obra pictórica. Por ejemplo, en los huevos colgantes que sustituyeron a las lámparas, la bilbaína trazó un homenaje a un cuadro de la Madonna de Piero della Francesca del Quattrocento.

Muy bien acompañada

Otro de los detalles interesantes de Origen fue que, para enriquecer este universo cargado de puntos de vista, Laura Cano contó con la colaboración de varios compañeros artistas. Desde la ya mencionada Cecilia Charlton a Alex F. Banegas, también presente en la primera muestra Mímesis, quien para esta ocasión creó dos instalaciones florales que representaban el cielo y el infierno respectivamente, partiendo de huevos de avestruz. Mientras que, antes de ingresar en la sala central, otra artista, la cordobesa Pilar Cano más conocida como Santavanitas, compartía con el público una pieza-joya cuyo diseño ilustraba “las virtudes cardinales”.

La exposición concluía con otras piezas de la bilbaína, principalmente retratos realizados muchos por encargo y para los que, antes de pintarlos, realiza sesiones de fotografía con vestuario que ella misma elige. “Me gusta mucho disfrazar a la gente, que no sea un cuadro aburrido”, declara. Y esto, probablemente, es tal vez lo que mejor define el fondo de las obras de Laura Cano. Mires por donde las mires, son pura diversión garantizada.

Al fondo, junto a las obras de Cecilia Charlton, uno de los primeros trabajos de Laura Cano.

La mejicana, uno de los varios retratos por encargo que pudieron verse en la muestra Origen.

Allegra, de pequeña, aparece en otra de las pinturas de Laura Cano. Sus trazos clásicos se combinan con una mezcla ecléctica de épocas y, de nuevo, la presencia de símbolos. En este caso, el murciélago, metáfora de protección y prosperidad y un desencadenante de recuerdos infantiles para la artista, que los adoraba de pequeña.