Fotografía: Niklas Adrian Vindelev

Carlota Oyarzun expone diseño de hoy en su piso de Copenhague

En poco más de un año, la madrileña Carlota Oyarzun ha convertido su casa en la capital danesa en una inmensa galería. Escogidos clásicos del mid-century alternan con piezas firmadas por nombres de hoy entre los que no faltan los talentos más sobresalientes de la geografía española emergente.

Pocos han tenido el privilegio de criarse rodeados de tantas piezas y antigüedades, y de épocas y sitios tan dispares, como las que figuraban en las casas de Carlota Oyarzun (Madrid, 1986) cuando era pequeña. Sus padres trabajaban en la diplomacia, llegaron a vivir en Bélgica, Argentina, Francia, Estados Unidos o Siria. “Solíamos tener esculturas y otros recuerdos de Palmira y Damasco, he crecido con las historias que había detrás de cada pieza”, recuerda. La madrileña dice esto para explicar por qué después de 11 años en Nueva York, donde gestionaba la tienda online europea de la firma de moda Tory Burch, decidió mudarse a Copenhague en junio de 2021 y cambiar de oficio, a uno muy distinto del suyo propio.

Aunque tampoco fue algo repentino. “Pese a mi trabajo, siempre tuve la mirada puesta en el mundo del arte funcional y el diseño”, aclara, recordando que en la ciudad estadounidense estuvo casi dos años compartiendo en su perfil de Instagram las obras de artistas que más le gustaban, semana tras semana, hasta el punto de que amigos y seguidores desconocidos llegaron a preguntarle dónde podían adquirir las piezas, o incluso si ella misma las vendía. “Muchos se pensaban que yo era una dealer del diseño”, ríe. Ahí, Oyarzun vio que debía montar algo por su cuenta, cosa que ha hecho ahora en el piso de más de 200 metros cuadrados que ha encontrado al oeste de la capital danesa, ni más ni menos que en el exclusivo barrio de Østerbro.

En una de las dos salas de la casa-galería de Carlota Oyarzun se expone esta mesa de Frederik Fialian.

La famosísima chaise longue LC4 no está sola en el showroom de la madrileña. La acompaña una mesita ideada por Yuki Iriyama Gray, con sede en Nueva York.

MANERA.~ ¿Qué vino antes… ¿la galería o la residencia?

Carlota Oyarzun.~ Primero hubo que encontrar la casa y luego, una vez instalada, ya pensé en dónde exponer. Solo sabía lo que no quería, un cubículo con paredes blancas inmaculadas. El tema está en que, por pura casualidad, di con un piso en Østerbro que al estar sin reformar no lo alquilaban, pero fue ver los techos de tres metros de alto, los rosetones y los suelos de madera de principios del siglo XX, y saber que aquello era una oportunidad única. Quería vivir ahí pero también quería exponer en ese espacio.

M.~ Entonces, juntaste los dos conceptos en el piso, ¿no?

C. O.~ Sí, al presentar las piezas en un entorno “familiar”, porque mi casa también es el showroom, vi la oportunidad de generar un lenguaje propio alrededor de las piezas escogidas y, a su vez, darle al espectador una sugerencia de cómo vivir con ellas. En ese sentido creo que es fundamental atreverse, dar un paso que vaya más allá de las galerías convencionales y poner las obras en contexto. Suena a obviedad, lo sé, pero al coleccionista le ayuda ver la obra en un entorno más o menos similar al de su destino final.

Por un lado, la lámpara Beeswax que ha confeccionado el valenciano Pablo Bolumar. Y, por otro, la silla de madera de wengué y acero de Frederik Fialin, acompañada por una pintura del estadounidense Jimmy Lee Sudduth (al fondo).

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M.~ Haznos una visita virtual.

C. O.De lo que se trata aquí es que no sientas que estás entrando en una galería, sino en una casa de verdad. A medida que avanzas descubres las piezas de diseño, que pueden ser desde una mesa de comedor, una mesita de café, una consola o una escultura. Me atrae que los opuestos dialoguen, es decir, piezas de diseño emergente como una coffee table del artista neoyorquino Yuki Iriyama Gray junto a piezas antiguas o mid-century de mi colección propia, por ejemplo la chaise longue LC4 de Charlotte Perriand y Le Corbusier, o una lámpara de techo bañada en cera de abeja y própolis del valenciano Pablo Bolumar en contraste con el rosetón de techo de época.

Esa misma sintonía la busco a su vez en las paredes, con obra emergente, como las composiciones de cerámica y textiles de Patricia Perales García, una artista española que también reside en Copenhague, al lado del arte folk americano de Jimmy Lee Sudduth o una litografía del escultor Fred Sandback. Es interesante ver cómo reaccionan los espectadores ante esto, y también me encanta que me pregunten por las piezas que no están a la venta.

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Escultura Flowers 22, una obra de Xavier Toubes.

Carlota Oyarzun en su piso-galería de Østerbro, al oeste de la capital danesa, donde se mudó en junio de 2021.

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Silla de acero diseñada por Frederik Fialin.

M.¿Sigues algún criterio para seleccionar a los artistas?

C. O.Digamos que no escojo al creador, escojo sus creaciones. Por supuesto que la historia de cada diseñador es clave, pero prefiero profundizar en la pieza de diseño en sí, que es el resultado y una extensión de quién es su autor. Me interesa la artesanía que se trabaja con un material para luego transformarse en una pieza de diseño contemporánea, y con un acabado sencillo, que fue la premisa de la que partí para la muestra inaugural. Eran 15 piezas en total. En muchas de ellas el material precede a la función del objeto, y aunque dicha funcionalidad tiene un valor importante en la pieza, el material y el diseño de la obra son los protagonistas de su narrativa.

Por ejemplo, si ves la silla de Frederik Fialin, lo más probable es que primero pienses en la crudeza de su material, que son dos planchas de acero sin tratar que se irán oxidando con el tiempo, y por tanto el aspecto y la textura de la silla irá poco a poco mutando. Su funcionalidad no se verá alterada, aunque lo que hace la pieza verdaderamente sublime es esa vitalidad adquirida de un material que de primeras se considera exánime, pese a que tiene vida y un proceso de maduración, junto a un diseño impecable como valor añadido. Algunas piezas incluso transmiten una sensación de vulnerabilidad debido al material en que están hechas, que es un material que normalmente no se expone, como la gomaespuma reciclada del biombo de Studiolow, el dúo de Marsella.

Silla Cloister de Yuki Iriyama Gray, junto a una mesa de comedor de la firma Megababeland con sede en Londres, a cargo de Isabel Koenig Woodroffe.

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M.¿Cómo ves el diseño? ¿Ha evolucionado mucho desde que comenzaste hasta ahora?

C. O.Está claro que el diseño emergente coleccionable va cogiendo protagonismo a nivel global. Y aún queda mucho por ver, porque el arte funcional o el verdadero diseño coleccionable, en comparación con el arte emergente, todavía está en sus inicios. Pero madurará. La idea de estar conectados a una pieza, utilizarla y vivir con ella es un concepto muy poderoso, sobre todo para las generaciones más jóvenes. 

M.¿Qué percepción se tiene afuera del diseño español?

C. O.Lo positivo es que contamos con la artesanía como legado cultural, y conocemos y dominamos los materiales naturales, lo que nos ayuda sin duda a posicionarnos en el mundo. También he visto que cada vez se aprovecha más la riqueza arquitectónica que tenemos, cada vez hay más site-specific shows con grandes ejemplos como las muestras de la galería de Miquel Alzueta (en Barcelona), o las de la Side Gallery en el Palau de Casavells (Baix Empordà, en Girona), que es un espacio idílico para exponer obra emergente.

M.¿Y en Latinoamérica?

Más de lo mismo, primero hubo un repunte de artistas locales y extranjeros que se sintieron atraídos por las posibilidades que había en cuanto a producción y riqueza artesanal. Más adelante empezamos a ver talento emerger, y ahora ya se están creando ferias y plataformas para exponer esa obra nueva.  El caso es muy evidente en México, por ejemplo, donde se inauguró en 2021 la MDF Mexico Design Fair. Ha roto con el formato tradicional de ferias comerciales y está apostando por mostrar las obras en un espacio único como es Casa Naila, en la costa de Oaxaca. 

 

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De izquierda a derecha, biombo de Studiolow, mesa de centro a cargo de Mike Ruiz-Serra con los jarrones de Xabier Toubes y silla The More You Know a rayas en blanco y negro de Markus Friedrich Staab. Al fondo, tocador del estudio Waka Waka, lámpara de Elliot Barnes y pinturas de Natalka Liber Stephenson.