Fotografía: José Manuel Rodríguez / Carlos Rubio

Artesanía, color y altas dosis de humor: así son los ingredientes que esconde el diseño de Chuch Estudio en Yucatán

El dúo mexicano detrás de este despacho recurre a técnicas ancestrales, de la mano de comunidades de su región, con las que plantean muebles y objetos de vocación global. Son poéticos en su transfondo pero, a la vez, armoniosamente cotidianos.

Para referirse a algo que es tierno, en la Península de Yucatán recurren a la palabra chuch. Y con esta expresión tan noble e ingenua, las mexicanas Aranza García y Natalia Ramírez le pusieron nombre a su estudio interdisciplinario con el que ambas, también desde Yucatán, buscan generar diálogos entre el diseño contemporáneo y la artesanía local. Lo llevan haciendo desde que, en plena pandemia, sintieran la necesidad de contar historias mediante objetos cotidianos funcionales, y a través de técnicas manuales que provocaran alegría y disfrute a sus usuarios.

La silla Sol está hecha en madera sólida de cedro y su silueta está inspirada en una galleta icónica del sur de México. En portada, una selección de las piezas de Chuch Estudio, el cual se erige en una casa colonial de Mérida restaurada ad hoc para dar vida al proyecto de Aranza y Natalia.

Aranza García y Natalia Ramírez, de izquierda a derecha, fundadoras de Chuch Estudio.

Con base en Mérida, Aranza (arquitecta, diseñadora y artista) es la directora creativa y de producción de Chuch Estudio, mientras que Natalia dirige la producción textil desde Oaxaca. “Mi primer acercamiento al diseño se dio a partir de distintas experiencias relacionadas con el contexto en el que crecí. Oaxaca es un lugar con una amplia producción y desarrollo artístico”, subraya. “Las tradiciones textiles y culturales de distintas partes de la zona son una fuente de inspiración. Nutren e influyen de forma constante mi trabajo en el diseño y el arte”.

Subrayando su origen

En esencia, las dos fundadoras de esta firma conocen de primera mano los procesos de producción de piezas populares, artesanías y materiales propios de los distintos pueblos que conforman la riqueza cultural de México. Aunque en especial, las que abundan donde viven. “Utilizamos colores vivos con intuición, formas alegres y referencias a nuestra cultura. Convertimos piezas y espacios en lugares para la esperanza y el optimismo”, comparten en Chuch Estudio.

Perspectiva del mobiliario ideado por este dúo mexicano.

La silla C puede ser producida con madera de tzalam o de encino y con tejido de petatillo de bejuco o hilo.

Desde el primer día juntas recorren el sureste mexicano para generar alianzas con artesanos cuya maestría en técnicas milenarias es invaluable, así como en busca de materia prima. Especialmente maderas, barro y fibras naturales. “Establecemos relaciones sanas con los artesanos, es algo que hemos logrado construir con empatía y respeto mutuo. Nosotras hacemos la función de diseñadoras y guías y los artesanos, de productores”, defienden. “Con esta combinación logramos darles un giro a las reglas y devolverle lo alegre y el sentido cotidiano a los objetos que creamos”.

La alfombra Fruti, de lana, la elaboran a mano artesanos oaxaqueños en técnica de telar de pedal. Los banquitos son el modelo Tejido que Chuch Estudio idea en petatillo de bejuco.

Lámpara Ceiba, banquito Tejido y tapete Fruti, todo hecho por artesanos de la región.

Pasado reformulado

El telar de pedal, la alfarería, la talla de madera, la carpintería, el torno, la cerámica, el tejido de petatillo, el tallado en piedra o el tejido con mimbre son solo algunas de las técnicas que emplean en Chuch Estudio para concebir piezas de edición limitada con el objetivo de enaltecer lo suyo propio. El proceso creativo de las diseñadoras es corto: lo que se imagina se crea. “A veces puede salir como lo planeamos en un principio. Otras veces, nuestros objetos terminan siendo totalmente diferentes. Y puede que ese resultado final nos guste más. O todo lo contrario, que salga mal y tengamos que volver a empezar”, comentan Natalia y Aranza.

Las sillas Sol de Chuch Estudio contemplan en su respaldo una carita feliz que alegra cualquier espacio.

Sillas tejidas a mano con bejuco, mimbre o hilos de colores. Bancos, mesas de centro y accesorios escultóricos tallados en madera de parota, de encino o en piedra volcánica y cantera. De igual manera, tapetes, cojines y mantas teñidas con pigmentos naturales. Y, por supuesto está, mucho humor. “A través de nuestras piezas buscamos enaltecer la cultura mexicana por lo que es: color, carisma, diversión y hasta la nostalgia”, concluyen en Chuch Estudio. “Apostamos por un diseño que sea reconocido por el contexto en el que vivimos tanto cultural como físicamente”.

El banquito Pompis es una edición de escultura en madera sólida de parota inspirada en el cuerpo humano. Cada pieza, hecha a mano, es única.

El asiento de Tejido se puede confeccionar en más de 50 tonalidades.

En Chuch Estudio conciben su butaca Al Mimbre con una fibra natural que se obtiene de un arbusto de la familia de los sauces.