Evocando la naturaleza con formas afiladas: así es cómo los muebles de Alina Rotzinger reflejan la tensión entre la vida y la muerte

Fotografía: DR y Samael Covarrubias

Si el mobiliario puede expresar cuestiones trascendentales es algo que está demostrando y validando esta artista mexicana con alma de fakir, asentada en España, cuyas piezas funcionales exploran temas de lo más universales para el ser humano. Ella misma lo cuenta en MANERA.

Cuando era pequeña, a Alina Rotzinger le gustaba observar la Ceiba en los campos mexicanos. Los pinchos que salían en la corteza de aquel árbol sagrado la hipnotizaban por completo. No podía evitar acercarse y abrazar el tronco, sentir esas espinas sin que llegasen a hacerla daño, pero sentirlas. Lo que la Alina de aquel momento no sabía es que los pinchos se convertirían años más tarde en su seña de identidad como artista, y en algo que representa mucho más que una forma aparentemente incómoda. Sin ir más lejos, eso mismo se ve en el diseño de su mobiliario experimental, como por ejemplo en las extremas lámparas que ha ingeniado bajo el título Transfera.

Retrato de Alina Rotzinger junto al banco Transfera, una de las muchas piezas de esta colección homónima que puede verse en la imagen de portada.

“Algo que me identifica mucho como artista es utilizar cosas muy filosas y alargadas. Podrían ser agresivas o peligrosas en cierto punto”. Pero no lo son. Echando un vistazo a su obra, piezas como el banco Transfera protegen esa afilada y delicada punta con esferas de resina, en una absoluta y preciosa tensión entre la vida y la muerte. “El peligro siempre está presente en la vida, por eso me tomo la muerte como algo con lo que coexistimos”, explica la artista. “Es una manera de abrazar el riesgo y no tenerle miedo a la muerte, verla como algo bello. Me gusta embellecer el peligro”.

Expandiendo límites

La obra de Alina Rotzinger encuentra la armonía en la contradicción. “Soy una persona de extremos”, confiesa ella. ¿Por qué no puede ser funcional algo supuestamente inútil como un pincho? En la mesa Corona dos bloques punzantes encajan como el yin y el yang, y se convierten en un mueble plenamente utilitario. La antagonía reside también en la materialidad, absolutamente influenciada por el pasado mexicano y el presente europeo de la artista, ya que ahora vive entre Valencia y Lisboa. “La abundancia de materia prima en México es espectacular, y en Europa empecé a utilizar otros materiales como metales, resinas…”.

Mesa Corona de Alina Rotzinger creada en el workshop ‘Transforming The Stone’ de Mármoles Covarrubias (Guadalajara).

Imagen de la lámpara y mechero Transfera light needles.

Alina Rotzinger comenta esto último, negándose a tener que someterse a la supuesta naturaleza de estos elementos. “Si estoy creando figuras orgánicas, ¿por qué debo descartar el metal? Buscaré la forma adecuada para que cuente una nueva historia”. Hoy por hoy, la mexicana se prepara para una nueva etapa. A la artista la mantiene muy ocupada un proyecto junto a Bruto, la nueva marca del estudio valenciano MUT Design, en el que se aleja de su puntiaguda identidad, según concluye ella misma. “Conocí a Alberto y a Eduardo en el taller donde creé la mesa Corona, y juntos estamos preparando un proyecto súper emocionante que vamos a presentar en Alcova Milano”.

Vista de la escultura Collision a cargo de Alina Rotzinger.