Hermès Maison y la eterna búsqueda del “punto justo”

Fotografía: Maxime Verret

Así describen Charlotte Macaux Perelman y Alexis Fabry, directores artísticos de Hermès Maison, su constante búsqueda de equilibrio y esencia para componer las colecciones de muebles y objetos para la casa. Su instalación en Milán nos da las claves de su filosofía.

Una de las palabras que no se ha dejado de escuchar durante los días que ha durado la Milano Design Week ha sido Hermès. La razón es la espectacular instalación que cada año presenta en La Pelota, un frontón de pelota vasca que se esconde en Via Palermo. En un mundo donde se tiende a rellenar espacios, a no dejar huecos vacíos, los directores artísticos de Hermès Maison, Charlotte Macaux Perelman y Alexis Fabry, hacen lo máximo con lo mínimo. Como ellos mismos dicen, buscan el punto justo. Para ello, el dúo juega con la tierra como base, como camino o sendero a seguir y a tener de referencia, diseñando un templo para este material en plena capital del diseño. 

Instalación de Hermés durante el Salone del Mobile 2024. Al fondo, tras la delgada línea de luz, la nueva colección. En portada, retrato de Charlotte Macaux Perelman y Alexis Fabry fotografiado por Sylvie Becquet.

La intervención está formada por un mosaico de tierras, arenas y piedras provenientes de distintos rincones del mundo entero.

Metafóricamente, la tierra simboliza la vuelta a la base, a lo esencial, al principio de los tiempos.

Una gran alfombra de tierras, piedras y arenas de distintos orígenes da forma a mosaicos donde la materia prima representa lo esencial, la base del tiempo. Casi como un yacimiento arqueológico, la firma acude a la fuente del todo, al origen desde donde nace la artesanía y el buen hacer que les define. “Nos seducía la idea de vaciar un espacio y mostrar solo lo fundamental”, cuentan los artífices del proyecto. Una intuición esencialista que, por otro lado, siempre ha estado ligada a la historia de la marca, inconfundible por ser la más elegante diseñando sillas y correas que apenas cubren al caballo, justo como hacen aquí, en este frontón. “Nos interesaba trabajar la tierra como una base, pero también como un proceso, un camino a seguir”, añaden.

Una antesala para la nueva colección

Este es el perfecto escenario para las últimas novedades de la maison junto a piezas de su patrimonio histórico, un maridaje que juega con la ambigüedad temporal, demostrando que a los objetos de Hermès no les afectan los años. Estas se esconden tras una fina línea de luz en la oscuridad, a través de la que se deja intuir cada una de las piezas. En este espacio, desde una chaqueta de jockey de satén de seda producida en los años 50 que ha inspirado una nueva manta de cama, hasta una recién lanzada colección de cestas inspiradas en antiguos brazaletes de cuero de los 70, se confirma lo dicho: el tiempo no pasa por las creaciones de la casa francesa.

Todos los objetos de la nueva colección han sido presentados junto a una pieza de patrimonio que sirvió de inspiración.

Cestas Derby, donde el conocimiento en guarnicionería y trabajo del cuero se ha usado para crear una nueva línea de objetos, con tiras de cuero coloreado en ambos lados.

Cubo Derby, de la misma colección, junto al bolso verde Mangeoire de 1949.

El punto justo

“¿Qué es realmente un objeto de Hermès?”, se preguntaron los directores creativos mientras preparaban esta instalación. Tomás Alonso, uno de los diseñadores que forma parte de la nueva colección, les dio la respuesta que buscaban. “Es una pieza bien hecha”, les dijo. Y no puede estar más acertado. Los muebles y los accesorios de Hermès Maison llevan la excelencia artesanal a su punto más alto. Todo lo que se debe ocultar es imperceptible, y todo lo que se ve, es porque así se ha querido que sea. El punto justo en pleno equilibrio. “Este punto no está siempre en un mismo lugar. En algunos objetos puede ser más alegre o recargado, y en otros algo mucho más austero –explican los directores, y prosiguen–. Muchas veces, el punto justo está en no tocar la materia bruta. De algún modo, justo es añadir lo justo”.

Manta de cama Tartan Dye, expuesta en conjunto con una chaqueta de jockey de satén de seda de los años 50.

Lámparas de inspiración ecuerstre, cubiertas de cuero trezado, presentadas en tándem con un látigo de caza de los años 80.

La obra de Charlotte Macaux Perelman y Alexis Fabry se encuentra a medio camino entre el legado de Hermès y las artes decorativas más allá de la firma. En Milán, se convierten en arqueólogos que exploran la tierra y los materiales naturales en toda su crudeza, al igual que con el bagaje de la propia firma, o descubriendo nuevas técnicas artesanales para dibujar el diseño del futuro. Se les podría llamar los arqueólogos de la decoración, pero eso suena algo antiguo. Ellos crean, y después buscan en el pasado de la marca sin realmente tener la certeza de que el savoir-faire que imaginan exista. Más que arqueólogos, son los profetas de la decoración. Eso suena mucho mejor.

El rincón de arcilla seca agrietada era uno de los fragmentos más fascinantes de la exposición.

Manta de la nueva colección, con ligeros paralelismos estéticos con la propia instalación de tierra.

Otra porción del mosaico, donde se aprecia el diseño de la roca rojiza y la arena.

A un lado de la exposición, unas gradas permiten elevarse y obervar el suelo desde las alturas.