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Las 10 sillas de diseño más famosas de la historia

De los voluptuosos asientos de Eileen Gray y Lina Bo Bardi a los diseños tubulares de la Bauhaus o la edición de una surrealista pieza de Dalí, aquí analizamos las sillas que han logrado definir el trascurso del mobiliario en los dos últimos siglos.

Hay una anécdota que bien ilustra por qué las sillas no consisten en muebles cualquiera. Pasó a finales de los 80 en la Trienal de Milán, allí el director de la prestigiosa Galerie Mazzoli le preguntó al romano Paolo Pallucco cuál era su sueño como arquitecto. “Una silla, porque es el objeto más complejo de diseñar”, respondió. “Y es más, si estuviera en mi lecho de muerte, mi último deseo sería diseñar 100 sillas en una sola noche”. Cosa que Pallucco finalmente hizo, pero ese es un tema aparte que no debe desviar el asunto en cuestión. La trayectoria del mobiliario y la decoración, tanto pre como posindustrial, puede entenderse a base de estudiar cuáles han sido las sillas de diseño más famosas de la historia, las piezas que han permitido que la sociedad actúe.

Imagen tomada durante el proceso de diseño de la Panton Chair. De izq. a dcha., Verner Panton, Rolf Fehlbaum, Manfred Diebold y Josef Stürmlinger (foto: Vitra). En portada, la silla Leda de Salvador Dalí en una vivienda de São Paulo (foto: BD).

Otra vista de la silla Leda de Salvador Dalí, uno de los históricos muebles editados actualmente por BD Barcelona. Foto: BD.

Entre las sillas emblemáticas de Eileen Gray destaca la Bibendum, cuyo estilo y diseño se inspira en el personaje de una marca de neumáticos. Foto: ClassiCon.

Con un respaldo articulado en rejilla, Cesca es una de las sillas que más se recuerdan hoy en la obra de Marcel Breuer. Foto: Knoll.

Porque esa es la finalidad última que aguardan las sillas, la de actuar. Ninguna decisión de Estado se tomó acurrucado sobre un sofá, se hizo en un asiento por muy primigenia que su versión fuere, desde los bloques de piedra en los que la ciudadanía se sentaba a votar sobre las iniciativas de la Antigua Grecia. A los asientos de estilo Luis XIV que tanto han abundado en eventos presidenciales. O aquellos modelos con los que arquitectos y diseñadores del XIX y XX, tal y como se demuestra en las siguientes 10 sillas que hemos seleccionado en nuestra revista de diseño, han desafiado los límites de un aspecto tan vital como el de la comodidad. Llevándolo incluso, en muchas ocasiones, al terreno mismo del arte-escultura.

01. Silla n.º 14 de Thonet (1859)

Entre los grandes hitos del diseño industrial siempre figurará la famosa silla Thonet, de la que se dice que inició la historia del mueble moderno en 1859. ¿La razón? Para concebirla, su autor Michael Thonet consiguió darle un toque más amable a la madera al desarrollar una técnica innovadora en la época, el curvado de este material, que hizo que su diseño final, de lo confortable y atractivo que resultaba, llegara a poblar los bistrós y cafeterías de medio mundo. Pero no solo eso.

La 214 Bentwood Chair, también conocida como silla número 14, fue de las primeras sillas en producirse en serie, sino la inicial, además de distribuirse con gran facilidad debido a su revolucionario sistema de logística: 36 sillas Thonet podían desmontarse pieza a pieza, empaquetarse en una caja de un metro cúbico, enviarlas a donde hiciera falta y, una vez en el destino, montarlas en casa sin necesidad de ser un gran experto en la materia. O sea, que este asiento vaticinó lo que ocurriría un siglo después, a finales del XX, de la mano del archiconocido gigante sueco del mobiliario.

A toda decoración, sea cual sea el estilo que persiga, la 214 Bentwood Chair le otorgará un aire afrancesado. Foto: Thonet.

02. Silla Bibendum de Eileen Gray (1926)

Hoy los lacados son un acabado que se incorporan en todo tipo de muebles y objetos sin que a nadie le choque su efecto final. Y si eso ocurre, en gran parte es debido al trabajo que realizó Eileen Gray antes de la Primera Guerra Mundial entre muchas proezas alcanzadas por esta diseñadora irlandesa. Otra de ellas, sin duda alguna, es la silla Bibendum que concibió para un apartamento que estaba decorando en la rue de Lota de París en 1926.

Su concepto encantó en la época, sobre todo porque para ingeniar el asiento se inspiró en el muñeco de la marca de neumáticos Michelin mediante un diseño mullido y envolvente que ha sobrevivido intacto al paso del tiempo. Ahora está disponible en ClassiCon, la firma alemana que edita la Bibendum, con un tapizado en poliuretano el cual descansa sobre un bastidor tubular a elegir en acero o también en madera noble de haya, en caso de preferirse en un estilo más clásico.

Más que muebles con un mullido respaldo, las sillas Bibendum se muestran como auténticas esculturas de arte ante cualquier propuesta de decoración. Foto: ClassiCon.

Vista de un modelo de esta silla cuyo diseño corre a cargo de Eileen Gray. Foto: ClassiCon.

03. Silla Fiberglass Side de Charles y Ray Eames (1950)

Hay veces en las que ganar un segundo premio augura un éxito descomunal. Bien lo saben los concursos musicales de la televisión, y también la pareja de diseñadores Charles y Ray Eames cuando ambos se presentaron en 1948 a un concurso del MoMA de Nueva York con una silla de carcasa metálica. No quedaron en el primer puesto y su diseño era demasiado caro de fabricar, pero al poco experimentaron en materiales, dieron con la fibra de vidrio utilizada hasta el momento solo en el ámbito militar y, con ella, le dieron una buena vuelta a la que hoy se conoce como la Fiberglass Side Chair.

Triunfó porque, en esencia, la silla ofrecía el asiento y el respaldo en una sola pieza, a diferencia del resto de modelos del mercado. Desde que se comercializó en 1950 propone muchísimos colores y varios formatos de base, desde la versión Torre Eiffel formada por barras de acero soldadas a la base de madera con refuerzos metálicos. Hoy esta silla puede adquirirse en Vitra, mientras se comprueba por qué la fibra de vidrio, desde que la empleó esta pareja estadounidense en su diseño, ya no ha dejado de utilizarse en el ámbito de los muebles.

Este asiento de los Eames, quizá el más famoso de toda su trayectoria, contempla un estilo de marcadas líneas arquitectónicas. Foto: Vitra.

Detalle del diseño de las sillas Fiberglass Side. Foto: Vitra.

04. Silla Standard de Jean Prouvé (1934 – 1950)

Se formó como artesano del metal y abrió un taller propio en Nancy durante los años 20. Fue ahí, en su ciudad predilecta en Francia, donde Jean Prouvé desarrolló sus primeros muebles a los que luego les seguirían los creados en la fábrica que él monto en 1947, entre los que figuraba la famosa silla Standard. Otro hito del diseño moderno, puesto que en este asiento se estudió al milímetro su anatomía. Y es que si las sillas siempre soportan más tensión en las partes traseras, ya que son ellas las que absorben el peso de la parte superior de la silla, el funcionamiento de la Standard proponía una fórmula en base a ello.

¿Cuál era? El diseño de Jean Prouvé venía con unas patas delanteras de acero tubular, mientras que las traseras eran elementos huecos de gran volumen que transmitían la tensión al suelo. Justo como ocurre hoy en las versiones contemporáneas de la silla Standard, editadas por Vitra desde 2002 –en colaboración con la familia Prouvé- con asiento y respaldo de madera. O de plástico ASA si se trata de la versión Standard SP. O con una estructura hecha completamente de madera maciza y contrachapado, el modelo Chaise Tout Bois, que en realidad reproduce el diseño que Prouvé tuvo que idear durante la Segunda Guerra Mundial ante la escasez en el suministro de metal.

Perspectiva de varias sillas Standard en la Maison Prouvé, la casa original del diseñador en Nancy cuya decoración se ha mantenido intacta con el tiempo. Foto: Vitra.

05. Silla Leda de Salvador Dalí (1935)

Que Dalí conociera durante los años 30 en París a Jean-Michel Frank, interiorista y mueblista, le llevó a colaborar con él en toda una serie de muebles, algunos incluso para su casa en Portlligat. De aquella época fue la famosa lámpara de pie Bracelli estructurada sobre un pedestal piramidal con forma de zigzag. O la silla Leda, que bien demuestra el surrealismo al que acostumbraba el catalán. Porque el asiento tenía únicamente tres patas, y como respaldo tan solo figuraba un sensual brazo que se alargaba hasta conformar también los reposabrazos.

Pero aquella locura no era sino una silla que había pintado en su obra Femme à tête de roses en 1935. El diseño no existía como tal, hasta que muchas de las piezas que Dalí ideó con Jean-Michel Frank, incluido este asiento, decidió producirlas y comercializarlas la firma BD Barcelona en los años 90. Lo hizo bajo la visión de uno de los iconos de aquel momento en la capital catalana, Óscar Tusquets, y en paralelo a la edición de más piezas emblemáticas, tanto de los modernistas Gaudí y Josep Maria Jujol como del mismísimo Ettore Sottsass.

Junto a otros muebles se muestra la silla Leda, la cual confiere un estilo museístico a toda decoración que acoja este asiento de Dalí. Foto: BD.

El remate de las tres patas de la Leda es fiel al diseño surrealista del artista catalán. Foto: BD.

06. Silla Bowl de Lina Bo Bardi (1951)

A la arquitecta se la recuerda por haber cimentado las bases del Modernismo en el diseño brasileño, como bien se percibe en el primer proyecto que construyó a principios de los 50. Se llamaba Casa de Vidro, era su vivienda propia y la levantó sobre los restos de la Mata Atlántica, la selva que rodeaba São Paulo, alojando en su decoración muchos de sus prototipos a la altura de la silla Bowl. El nombre que le puso no podía ser más acertado y es que, con este asiento en forma de cuenco, lo que se buscaba era que la butaca se adaptase al cuerpo y no al revés, en contraposición a lo que se venía dando en el diseño de mobiliario hasta el momento.

La buena noticia vino en 2013 cuando la marca italiana Arper, en plena semana del Salone del Mobile de Milán, presentó la que fue la primera reedición de la Bowl, disponible desde entonces en multitud de versiones para que todo el mundo pueda experimentar la virguería original de Lina Bo Bardi, hecha tan solo de dos piezas sueltas. El cuenco tapizado, y una estructura metálica que logra que el asiento pueda moverse en un ángulo horizontal de 360 grados.

El estilo modernista se aprecia al detalle en el asiento Bowl, de las sillas más emblemáticas de Lina Bo Bardi. Foto: Arper.

07. Silla Salvador de Miguel Milá (1974)

Cuando en Barcelona el asunto de las Olimpiadas todavía ni se contemplaba, y mucho menos el aire de modernidad que el evento trajo consigo a la ciudad, ya había perfiles varios que durante el XX ayudaron a posicionar la capital catalana en cuanto a diseño fresco. Estuvo Óscar Tusquets, André Ricard o Miguel Milá, autor de legendarias luminarias como la TMM o la Cesta. Al nacer, en ellas se apreciaba la labor de la artesanía al servicio de la funcionalidad, del mismo modo en que ocurre con la silla Salvador diseñada por Milá en 1974.

Desde aquella fecha el asiento estuvo muchísimo tiempo sin salir a la luz, hasta que en 2013 se empezó a producir –hoy la edición corre a cargo de la firma Trenat-, siguiendo un proceso de fabricación idéntico al original. A mano, por talleres artesanos de Valencia, y empleando fibras auténticas de ratán mediante un trenzado que hace que la Salvador sea prácticamente irrompible. ¿La prueba? Se puede ver en el documental de Poldo Pomés sobre Miguel Milá, en el que se lanza el asiento desde un balcón y, para sorpresa de todos, al caer al suelo este diseño queda completamente intacto.

El estilo honesto al que siempre ha recurrido Miguel Milá en su diseño se observa en la silla Salvador. Foto: Trenat.

Retrato del diseñador catalán con su asiento de 1974. Foto: Trenat.

08. Silla Cesca de Marcel Breuer (1926)

A la Bauhaus el húngaro Marcel Breuer llegó en 1920, con 18 años, obsesionado con crear un diseño liviano que diera la sensación de estar flotando en el aire. Por eso investigó formas innovadoras, creó sillas plegables y muy flexibles para el auditorio de la escuela alemana y, en todo momento, sostuvo que el progreso de la sociedad, un tema que a Breuer le interesaba muchísimo, habría que potenciarlo con asientos cada vez más ligeros. Tal manifiesto personal quedó ejemplificado en su silla Cesca de 1926 con la que abrazó el uso del acero tubular.

Sobre esta silla, editada hoy por Knoll y cuyo nombre rendía homenaje a su hija Francesca, habló hace poco el historiador de arte Barry Bergdoll, profesor en la Universidad de Columbia de Nueva York: “Quien se sienta en la Cesca lo hace en voladizo sobre un vacío en un pedazo de tela o piel estirado, en lugar de estar firmemente colocado sobre cuatro sólidas patas”. O sea, que supuso una revolución para el diseño de ese momento en el siglo XX, y el primer paso para un futuro en el que, según Marcel Breuer, las sillas físicas serían suplantadas por una columna de aire presurizado impulsada desde el suelo.

Dos sillas Cesca de Marcel Breuer en versión con y sin reposabrazos, aunque ambas con su diseño tubular como rasgo protagonista. Foto: Knoll.

09. Silla Panton Chair de Verner Panton (1959)

Volviendo a Miguel Milá, él aseguraba –y sigue haciéndolo- que el aspecto de las cosas resulta esencial porque, por ejemplo, “una silla se pasa muchas más horas vacía que ocupada”. Y eso es algo que en MANERA suponemos que el danés Verner Panton tuvo en cuenta mientras proyectaba a finales de los 50 el diseño de su Panton Chair, icónica porque su esbelta y dinámica silueta es mundialmente reconocible. Lo es hasta el punto de que museos a la altura del MoMA de Nueva York cuentan con este asiento entre los protagonistas de sus colecciones permanentes.

Ahora bien, que la Panton Chair aparezca en instituciones así no solo se debe a su estética, que también, sino por cómo se logró que un asiento en formato voladizo se fabricara por primera vez en la historia de una sola pieza, y con un material ligero y flexible como el plástico. La producción en serie de este diseño comenzó en 1967 junto a Vitra, la firma editora y la misma que comenta lo mucho que costó tal logro: “Aunque haya pasado por varias fases de producción, solo a partir de 1999 fue posible fabricar la silla respetando fielmente la idea original: en plástico moldeado muy resistente, con un atractivo acabado mate”.

Tanto si se busca una decoración vintage como futurista, la Panton Chair de 1959 sabrá cómo conseguir tal efecto con su diseño voladizo. Foto: Vitra.

De nuevo, vista de una de las sillas más archiconocidas de Verner Panton. Foto: Vitra.

10. Silla Wiggle Side Chair de Frank Gehry (1972)

Si por algo destaca la obra del famoso arquitecto canadiense es por sus volúmenes y formas gigantescas teñidas de una cierta sensación de dinamismo. Justo al estilo de lo que ocurre en el Museo Guggenheim de Bilbao o en París en la Fundación Louis Vuitton, pero también en una de sus sillas, la Wiggle Side Chair, editada actualmente por Vitra. En ella además se aprecia la búsqueda de materiales por la que siempre ha apostado Frank Gehry. Y es que si para la fachada de su monumento en la capital vasca optó por el titanio, mientras que para el diseño del Museum of Pop Culture en Seattle recurrió al acero en colores rosas y azules, en este asiento suyo el material estrella no pasa desapercibido tampoco.

¿De qué está hecha la Wiggle Side Chair? En realidad la silla es uno de los tantos muebles que Gehry ideó en una serie suya de 1972, llamada Easy Edges, en la que exploraba las posibilidades y los límites del cartón. Con un asiento así demostró que el material en efecto corrugado podía ser robusto, duradero y cómodo. Y no solo eso. Subrayó que su pieza podía ser todo eso a la vez que conformaba la silueta de una silla que, paradójicamente, da la sensación de estar a punto de plegarse como si de un delicado trozo de tela se tratara.

Entre las sillas que ha ingeniado Frank Gehry, la Wiggle Side Chair es una de sus más recordadas hasta la fecha. Foto: Vitra.

Vista lateral de este diseño concebido por el arquitecto canadiense, apto para cualquier propuesta de estilo o decoración. Foto: Vitra.

¿Cuáles son los tipos de silla más comunes?

Las 10 sillas de diseño más famosas de la historia de las que hemos hablado en nuestra revista de decoración no han triunfado únicamente por la revolución que generaron al inventarse. Ni tampoco por el diseñador estrella que las concibió. La realidad añadida es que muchos de estos asientos icónicos han sabido sobrevivir al paso del tiempo, además de encajar en los diferentes tipos de sillas más comunes a día de hoy. Empezando por las sillas apilables o plegables, las cuales tanto funcionan en un momento de la historia en el que las viviendas son cada vez más pequeñas. Ante la falta de metros cuadrados, asientos como la silla n.º 14 de Thonet, la Fiberglass Side Chair de los Eames o la Cesca de Marcel Breuer encajan a la perfección.

También las sillas de comedor se llevan la palma, puesto que en la mayoría de los casos disponen de un diseño lo suficientemente versátil como para adaptarse a cualquier situación. De hecho, gracias a su cómodo respaldo pueden llegar a funcionar incluso a modo de tradicional silla de oficina, y más teniendo en cuenta que todavía en 2024 muchos son los que aún trabajan desde casa. Para ellos, la silla Panton Chair les vendrá como anillo al dedo, igual que la Standard ideada por Jean Prouvé.

Perspectiva de las sillas 214 Bentwood de Thonet. Foto: Thonet.

¿Cuál ha sido la evolución de las sillas de diseño en los últimos años?

Aparte de que los materiales van perfeccionándose y haciéndose mucho más ligeros, el principal cambio de las sillas se ve en su grado de sostenibilidad. Así ocurre en muchos de los asientos históricos planteados, cuyo diseño cuida y preserva cada vez más el planeta. ¿Ejemplos? Pese a que lleva casi 150 años en el mercado, la 214 Bentwood Chair de Thonet ahora se confecciona exclusivamente con madera de bosques sostenibles. Mientras que para la creación de la silla Cesca, la cual dispone del certificado Clean Air Gold, en su firma editora Knoll tan solo utilizan lacados naturales.

¿Quiénes son los diseñadores de sillas más famosos de la historia?

Queda claro. A la hora de hablar de diseñadores históricos, Charles y Ray Eames no pueden faltar en el listado, como tampoco Eileen Gray, Lina Bo Bardi o Verner Panton. Al arquitecto Mies van der Rohe hay que considerarlo igualmente, junto a las sillas de Charlotte Perriand, las de Arne Jacobsen o las concebidas por Ettore Sottsass siguiendo el diseño radical del grupo Memphis de Milán al que pertenecía. ¿Y qué hay de los diseñadores de sillas más famosos de la historia que operan en el siglo XXI?

Philippe Starck siempre es una buena referencia. Los hermanos Ronan & Erwan Bouroullec, con sede en París, han logrado plasmar asientos que conjugan destreza técnica con minimalismo. Igual que lo ha hecho el diseño de la neerlandesa Hella Jongerius, la española Patricia Urquiola al mando de la dirección artística de Cassina, Cristina Celestino desde Italia. O Jaime Hayón, quien lleva años triunfando en Asia con toda una selección de piezas, incluidas sillas, en las que se ha demostrado que el savoir faire en un asiento puede ir conjugado con un estilo bien cargado de optimismo y colores pop.

El estilo y diseño de la Standard de Jean Prouvé varía ligeramente según el modelo que se escoja. Foto: Vitra.