Studio Tramuntana y su ‘showroom’ en l’Empordà: un templo del siglo XXI dedicado al diseño, las antigüedades y las fibras vegetales

Fotografía: Santa Living

Tras curtirse de feria en feria y con el ojo ya entrenado, era cuestión de tiempo que el fundador de este proyecto empezara a diseñar sus propios muebles y lámparas. Ahora todo lo muestra en el primer espacio físico de su estudio en l’Empordà el cual, después de varios meses abierto, bien merece una larga y pausada visita.

Todo lo que empezó con una furgoneta y 400 lámparas recogidas en las calles de Barcelona, es hoy una meca para los amantes del diseño en Vullpellac, Baix Empordà. “Éramos un par de amigos que salíamos a la búsqueda de tesoros abandonados en contenedores en ciertas zonas de la ciudad, y caían en nuestras manos grandes piezas sin saber lo que realmente eran”, comienza Jordi Trullàs, fundador de Studio Tramuntana. Ya hace 14 años de esa afición, pero aquello fue esencial para que el germen del comisariado despertase en su interior. “Haber acumulado tantas lámparas, y tan buenas, hizo que empezara a definir y a reflexionar sobre qué iba a hacer con todas ellas”, afirma.

Sillas de bambú con forma de hoja de la firma italiana Vivai Del Sud de los años 60, colocadas en el nuevo showroom de Studio Tramuntana. En portada, Jordi Trullàs y Victoria di Gregorio.

Con estructura de vigas y columnas de hormigón, en el local del Baix Empordà se puede ver la Ox Lounge Chair con reposapiés de Hans J. Wegner para Erik Jørgensen. También un tótem y la mesa de centro de la colección Leaf de Studio Tramuntana. O el sofá de Hans Hopfer de los años 60 para Roche Bobois.

De las lámparas, Trullàs pasó a muebles de Carlo Scarpa o Gio Ponti, y de ahí, a diseñar sus propias colecciones con alma mediterránea y un toque cosmopolita, moderno y atrevido. Cabe destacar que Jordi no está solo en esto. Se le suman tres personas muy cercanas entre las que se encuentra su pareja Victoria di Gregorio, “mi mano derecha en diseño, reflexión, estrategia, visión, energía… en todo”, expresa cariñosamente. Y así, tomados de la mano, han dado forma a proyectos tan especiales como el diseño del restaurante Julietas en Barcelona junto al estudio Dalla Polvore.

Un cambio fundamental

Hace ya varios años que la pareja dejó la gran ciudad para asentarse en este idílico e inspirador paraíso natural de la Cataluña más norteña. La búsqueda de un lugar más tranquilo para formar una familia fue lo que provocó la mudanza en última instancia, pero lo cierto es que la esencia del Mediterráneo natural siempre ha estado inscrita en el ADN de Studio Tramuntana. “La ciudad nos parecía bastante aplastante y nos inspiraba menos a nivel creativo, mientras que aquí encontramos esa libertad y energía que buscábamos”, explica Jordi. Es en l’Empordà, y tras 14 años entre bambalinas del sector, donde el universo Tramuntana ha bajado al mundo físico abriendo su primer showroom. Lo hizo en junio del pasado año.

Aparadores de roble ebonizado belgas, vasijas de cerámica popular y, a la dcha., lámpara Frankfurt de Ramón Bizas.

Entre las escogidas antigüedades que alberga la nave, destacan dos butacas F572 de Pierre Paulin en terciopelo negro y, a su lado, la lámpara Booktape 1 en alabastro de Studio Tramuntana.

De nuevo la mesa M1, ahora en mármol Arabescato gris, sillas racionalistas españolas de castaño y cuero, y óleo sobre metacrilato de Rosa Galindo.

Sofá racionalista español de los 60, lámpara de Jordi Vilanova y coffe table en piedra volcánica de Studio Tramuntana con lámparas de mesa Conic Ball en alabastro, también del estudio. Sillón brasileño de Jean Gillon de 1961 en terciopelo y cuerda y pequeña silla de chimenea francesa.

Tal y como señala el diseñador, “pasar del conocimiento a la acción y a algo tangible es maravilloso”. Maravilloso es el espacio en sí. Más de 450 metros cuadrados diáfanos de antigüedades y primeras ediciones de arquitecto que conviven con objetos de pura maestría en fibra de vidrio, cerámica, piedra, terracota, arcilla o pino que llevan la firma de Studio Tramuntana. Entre el mobiliario se pueden encontrar todo tipo de rarezas, y el trabajo artesanal es impecable, aunque ese no es el secreto de Jordi Trullàs. Una pieza de John Pawson, por ejemplo, puede verse en muchos escaparates, pero es el valor del buen comisario lo que no tiene precio.

La mejor elección

“El éxito reside en la selección, el ojo clínico y la intuición”, desarrolla Trullàs, y prosigue: “En este proceso nos equivocamos todos, pero hay que saber aprender por el camino, esa es la parte más bonita y humana”. Es así como un hombre sin apego por lo material (excepto hacia las cerámicas en miniatura de las islas pitiusas, como él mismo confiesa) ha logrado refinar al máximo su propio gusto por los objetos.

“Me puede enamorar una pieza sin nombre de arte popular, una butaca mallorquina bien fabricada y completamente atemporal, como puede gustarme una joya de un gran arquitecto de los años 50”, comenta. Y como la sed del creador es insaciable, el equipo de Studio Tramuntana está preparando la inminente apertura de una galería de arte en el mismo Empordà. Alejada de cualquier convencionalismo, será un espacio pedagógico con la incursión del arte en todas sus disciplinas. “Para mí supone un punto de encuentro para diseñadores, un pequeño espacio donde no cesa la actividad”, concluye Jordi.

Mesa M1 de mármol de Carrara de Angelo Mangiarotti para Skipper, lámparas Conic Ball I y II de Studio Tramuntana y escultura de Carrara de Jordi Trullàs (2009).

Grupo de lámparas diseñadas por Studio Tramuntana.