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Fotografía: Mónica Barreneche / El Buen Ojo
Interiorismo: Camilo Sighinolfi

Italia y Francia conviven sin pelearse en un apartamento en el centro de Bogotá

Una declaración de amor por el diseño Made in Italy junto con una apuesta por el arte contemporáneo son las que marcan el ritmo de este piso fluido y señorial en la capital colombiana.

Hay para quienes viajar forma parte de su salud mental. Y ese enamoramiento que les dejan los lugares que visitan se convierte en una colección de recuerdos que los acompañan de por vida. Camilo Sighinolfi, desde su estudio de diseño de interiores, ha logrado encapsular un poco de Italia, Colombia y algo de Francia en este apartamento en Bogotá. En gran parte, porque al contar con carta blanca por parte de los propietarios, pudo hacer borrón y cuenta nueva en el antiguo espacio del piso, de 380 metros cuadrados en total, y darle una nueva vida a lo que ahora es un diseño interior en donde todo fluye con ritmo y dinamismo.

El mobiliario del salón integra, en su gran mayoría, piezas de origen italiano.

Recorrido por el interior del piso, obra de Camilo Sighinolfi.

“Desde que piso un lugar mi mente comienza a orquestar su transformación”. Lo comenta Sighinolfi al narrar cómo fue el proceso de cambio radical del apartamento. El cual se ubica, por cierto, en un icónico edificio de Bogotá muy reconocible por su arquitectura ochentera. Y de cuyo diseño original ahora queda únicamente el cascarón. Una vez establecidas las necesidades de quienes lo habitarían, Sighinolfi abrió espacio para un capricho especial de estos. Lo que ellos querían era traer al diseño un poco del estilo de los interiores franceses. Cosa que el interiorista ha cumplido, en su justa medida, vistiendo la casa con molduras que ocultan las paredes de base, así como las juntas de puertas y armarios.

El de las molduras es uno de los detalles que Sighinolfi más ha aplicado a lo largo de la casa, acompañándolas con foseados a nivel de techos.

Expandiendo el límite de las cocinas

Con la idea de las molduras, además, se ha creado continuidad y homogeneidad adentro de este apartamento en Bogotá. Pero no solo eso. “Esas molduras generan marcos que permiten encajar perfectamente la colección de arte contemporáneo de la casa”, comenta Sighinolfi. Y aun cuando esta herramienta transporta inconscientemente a un interior de origen europeo, se podría decir que ha sido en la cocina en donde el diseñador dio en el clavo. “Me salí de lo rutinario de la cocina blanca. Quería imprimirle varios materiales, algo que no es común en el diseño de interiores porque, por lo general, se rechaza todo lo sobrecargado”.

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La cocina de este apartamento en Bogotá recrea un bistró francés y, como tal, adopta una estética casi art déco.

Vista de la cocina desde el comedor, separado por una cristalera de hierro forjado.

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Las obras de arte en el piso ocupan todas y cada una de sus estancias.

El interiorista comparte más detalles de la cocina. “Con este espacio logré tener mucha información en el mismo ambiente sin que chocaran unos elementos con otros. Es decir, se ha logrado que todo fuera en una misma dirección”. De hecho, gracias a la barra que divide la cocina del comedor y, especialmente, a la estufa de La Cornue, importada exclusivamente para el proyecto, en este espacio da la sensación de estar en un bistró francés. Pero, si bien el país galo está presente dentro de la propuesta de diseño de Camilo, es Italia la que viaja hasta Bogotá para llevarse el protagonismo absoluto en el apartamento.

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Así es el luminoso comedor de esta casa en el centro de Bogotá.

Perspectiva del comedor desde dentro de la cocina, en la que se aprecia la variedad de revestimientos aplicados por el interiorista.

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Italia gana la batalla

Sighinolfi, según reconoce, es un fiel visitante del Salone del Mobile en Milán. Un gran fan del diseño Made in Italy. Cosa que puede verse en el interior del piso y en detalles como, por ejemplo, el mosaico en mármol pulido de Devon&Devon que sobresale en la cocina. El recubrimiento en mármol Calacatta que se destaca como una pieza decorativa en una de las salas y que, además, cubre la escalera que conecta la zona privada con el área social. O el mobiliario que hay a lo largo del apartamento, que obviamente no son diseños de Bogotá sino puramente italianos.

Sobre una gama de berenjenas, violetas, grises y dorados, el espacio logra una composición armónica gracias a la elección de piezas de Poliform y Fendi Casa. A su vez hay de B&B Italia y Gallotti&Radice, entre otras marcas. Finalmente, y aterrizando en el país que le dio origen al proyecto, las obras de reconocidos artistas colombianos, como Miler Lagos, Adriana Duque, Sair García, José Horacio Martínez y Nadín Ospina, comparten suelos y paredes con artistas extranjeros, todo bajo la conducción de Sighinolfi.

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Las obras de arte llegan incluso a la segunda planta, revestida (de nuevo) con molduras y suelos de mármol Calacatta.

Junto a la escalera, una de las divertidas esculturas de Nadín Ospina.

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Las obras de Ospina saludan a todo aquel que suba o baje las escaleras retroiluminadas.

Uno de los cuartos de baño, en el que se contrapone la frialdad del mármol en suelos y paredes con la calidez de la madera a lo largo del techo.

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