Fotografía: Amores Pictures
Interiorismo: Martín Peláez

El mini apartamento de Martín Peláez en Madrid es una oda racional a los espejos y metacrilatos

Puesto que los metros cuadrados escaseaban y no se sabía quién iba a vivir en este piso en el centro de la capital, el dúo de arquitectos resolvió sus interiores apostando por la máxima flexibilidad, muebles ad hoc y una paleta de colores bastante resolutiva.

Si hay algo claro en una gran ciudad es que público siempre existirá para cualquier propuesta por muy difícil o rara que resulte. De ahí que al propietario de este piso de unos 50 metros cuadrados le pareciese bien seguir con la idea y el concepto que estaba aplicando el estudio de Martín Peláez en su apartamento. En un principio él iba a vivir ahí tras marcharse de Nueva York, donde residía, aunque al final no pudo dejar la Gran Manzana y optó por alquilar la vivienda una vez estuviese reformada, exactamente con la visión del despacho madrileño. Lo único que sí les pidió a los dos arquitectos que lo conforman, Ainhoa ​​Martín y Francisco Peláez, era que el interiorismo fuera lo más versátil y flexible posible de forma que pudiera adaptarse fácil a los inquilinos que entrasen en un futuro.

Al igual que en la imagen de portada, perspectiva del salón-comedor de esta vivienda diseñada por Martín Peláez.

Soluciones que se adaptan a todo habitante

En el proyecto, además, se dio otro factor cada vez más recurrente en la capital, y es que el arquitecto o interiorista es el que se ocupa muchas veces de buscar y encontrar una propiedad para el cliente. “El nuestro es amigo de un amigo, había visto el trabajo del estudio y, como no vivía en Madrid, nos pidió que hiciéramos la búsqueda nosotros”, recuerdan en Martín Peláez. Según ambos, el piso perfecto lo vieron hace unos siete meses en el madrileño barrio de Palos de Moguer, junto a la Casa Encendida, dentro de un edificio de 1927 como los que abundan en la zona. Nada señorial sino de carácter obrero, con una preciosa fachada de ladrillos con azulejos integrados entre balcones.

Sobre el caparazón del piso hablan los arquitectos. “En las viviendas que hacemos siempre nos gusta, y no tanto por una cuestión fetichista, buscar y sacar a la luz los vestigios que existen”. En este caso, Martín Peláez lo hizo con los ladrillos de la fachada. Los pintaron de blanco para que siguieran el tono del proyecto, que para ganar luz, claridad y sensación visual de amplitud espacial se ciñe a ese tono impoluto en suelos, paredes y techos. A excepción de los colores que prevalecen en los módulos de DM de madera distribuidos por la casa. “Son unos volúmenes que funcionan de cocina, de armario y de baño, y que se pueden mover al gusto”, apuntan los autores.

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Otra vista del salón-comedor en tonos blancos, pensados para reforzar la luz natural que entra por los ventanales.

Nada más acceder al apartamento de Martín Peláez se encuentra la cocina, la cual se resume en un mueble modular de madera oculta.

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Tanto los armarios como los muebles de la vivienda se revistieron en metacrilato.

Versátil cuando menos

Adentro, el blanco gobernante también lo rompen tres espejos, los cuales distorsionan de nuevo las dimensiones del piso haciendo que parezca más grande de lo que realmente es. Cosa que consiguen porque cada espejo actúa de pared: se pueden abrir y cerrar y de esa manera incorporar al salón un dormitorio. O que el dormitorio haga de despacho. O directamente que los 50 m2 se conviertan en una estancia común polivalente, sin divisiones, gracias en paralelo al suelo continuo consistente en unas enormes placas coloreadas en masa.

Dicen desde Martín Peláez que el asunto de los espejos ha sido lo más complicado de la obra. Especialmente porque, de los tres que hay, dos aparecen revistiendo puertas con un tamaño de tres metros de alto. “Y eso, claro, ¿cómo lo subes de la calle al tercer piso en el que está la vivienda? Con una grúa, imposible. Lo que hicimos fue llevar los oficios un poco al límite. Tuvimos que subir los espejos por la escalera, con máximo cuidado, y ya en la casa levantarlos y pegarlos en las puertas de madera entre cinco personas”. Una odisea, a la que además el despacho le añadió el hecho de diseñar por motu proprio el mobiliario de la vivienda.

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Justo tras la pared corredera del salón-comedor, revestida de espejos, se encuentra el dormitorio con un pequeño despacho.

Así de fina e imperceptible es la división que existe entre las estancias de la casa, obra de Martín Peláez.

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El éxito está ya demostrado

“Los muebles los construimos nosotros porque también luego nos servirán de cara a otros proyectos. Pero el caso es que aquí era importante hacerlos ad hoc”. Se explican: “Con todas las transparencias que tiene la casa y lo potente que es, necesitábamos piezas que acompañasen la escenografía pero en silencio”. Por eso los muebles son de metacrilato o de un cristal con transparencias, y que al cliente le encantaron justo con el resto del envoltorio. “Sabía que le íbamos a hacer algo diferente, por lo que nos dejó actuar como quisimos a sabiendas de que iba a ser un producto que no está enfocado a todos los públicos”, sentencian en Martín Peláez. “Pero al final no ha habido ningún problema. La casa la rematamos hace poco menos de un mes y el primer inquilino ya está a punto de entrar”.

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Comedor visto desde el despacho de la vivienda.

Otra imagen del comedor con sus particulares muebles en metacrilato.

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Para este apartamento en el centro de Madrid, el baño se ideó mínimo pero muy bien equipado.

Detalle del mueble de la cocina, dispuesto únicamente con los elementos esenciales.

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