Fotografía: Elton Rocha
Interiorismo: Noé Prades

¿Yate con camarotes o apartamento de verano? Noé Prades derriba fronteras en este piso de la Costa Brava

Simular las habitaciones de un barco es lo que ha buscado el diseñador catalán al actualizar esta casa en un enclave único al norte de Barcelona, devolviéndole la pátina veraniega con la que nació en los años 70. Ahora, adentro se respira tranquilidad absoluta.

Entre los pueblecitos de la Costa Brava con mayor historia está Calella de Palafrugell, icónico desde que se convirtiera en un retiro vacacional a finales de los 60 y principios de los 70. Justo se trata de la época de la que data este apartamento, con 110 metros cuadrados en total y una amable terraza que se asoma al mar, en el que el interiorista Noé Prades ha trabajado con la colaboración de Szymon Keller durante casi nueve meses. “A los propietarios les gustaban mis proyectos. Querían que su casa de verano tuviera esa sensación de calma que tanto se respira en las viviendas que hago”, avanza.

Comedor con sillas Panton de Vitra, mesa de mármol y roble, jarrones de LRNCE y lámpara de techo Dou de Ferm Living. En portada, de nuevo el salón-comedor cuyos techos de madera se han pintado de blanco. Al fondo, butaca LCW de los Eames, en Vitra, y en la pared izda., platos vintage de Jean Llurçat.

El salón también contempla un sofá de obra con cojines de BSB Alfombras, mural de Élitis en la pared y ventilador de Faro. Delante, mesa de mármol y bambú de Rue Vintage 74, lámpara Dou de Ferm Living y cortinas de Gancedo.

La terraza, también a cargo de Noé Prades, aparece vestida con sofá de bambú vintage con cojines de Zara Home, sillón de ratán vintage, mesa de azulejos Garrigue años 70 de Roger Capron, y alfombra de BSB.

Para armar su interior, dice, no le hizo falta irse lejos. Las referencias las tenía alrededor y en algunos elementos setenteros de la vivienda que el interiorista mantuvo para darle una pátina retro al espacio. Hoy aparece cargado de líneas curvas y suaves, y en él se da un factor muy recurrente en las obras de Noé Prades. “Me gusta que encuentres una sorpresa cada vez que abres una puerta”, afirma. Cosa que pasa nada más pisar el recibidor y ver que el suelo no es nada convencional. Son lajas de piedra local (Calella está entre el mar y la montaña) que adoptan un color terracota en la cocina para luego ir degradándose en el recibidor, colocadas a modo de patchwork y mutando en un blanco impoluto.

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Junto a la cocina, con nevera de Smeg, banco de Pierre Jeanneret adquirido por los clientes y tapiz marroquí de LRNCE.

En la cocina, azulejos de Equipe, mobiliario de roble acanalado y lacado, ambos obra de Noé Prades, encimera Dekton Danae de Cosentino y grifería Montreux de Axor.

Así es la habitación de invitados. Zócalo de nogal en forma de olas, ropa de cama y cojines de Zara Home, aplique vintage y lámpara de techo de Soho Home.

Baño de invitados con azulejos de Equipe, lavabos y grifería Elizabeth de Hudson Reed, aplique vintage, espejos Cerdeña de Eurobath y, en su reflejo, azulejos originales del piso.

Referencias marítimas infinitas

Tal patchwork se prolonga incluso en el salón-comedor, para el que el autor construyó un sofá de obra –“que fuera suave y confortable supuso todo un reto”, añade– y colocó mucha artesanía y piezas de diseño de formas orgánicas, como las sillas Panton de Vitra. Otra de las sorpresas a las que se refiere el interiorista tiene que ver con el efecto barco. “Me parecía divertido que varios puntos de la casa dieran la sensación de camarote”. En la cocina se da con sus muebles acanalados, en los dormitorios de invitados el toque lo marca el zócalo de las paredes en madera de nogal con forma de oleaje. Y en el de matrimonio, su formato en suite permite a los propietarios tener intimidad dentro de una especie de yate.

Lo hace con una caja central, igualmente acanalada en madera, que a un lado deja una pequeña zona de estudio, al otro la cama con un cabecero tapizado que simula la salida del sol y, en su interior, otro giro muy inesperado. “Dentro está el baño recubierto de terracota. Parece que de repente hayas llegado a tierra firme”, compara Noé Prades, que ha mantenido algunos alicatados auténticos del piso en este y en el baño secundario, incluyendo unos apliques vintage encontrados en tiendas históricas como la alemana Glashütte Limburg. Al ser de cristal soplado a mano, y al venir acompañados de espejos con marcos de ratán, el efecto retro que el autor tanto buscaba para su último proyecto está más que conseguido, incluso en los pequeños y más mínimos detalles.

Entrada al dormitorio principal con la caja de roble acanalado que esconde el baño, tiradores de Corston, apliques y butaca vintage y cortinas de Gancedo.

Perspectiva central del dormitorio de matrimonio. Mesitas de nogal y cabecero a medida, ropa de cama de Zara Home y lámparas, tanto de sobremesa como de techo, de Soho Home.

El dormitorio principal, de nuevo, dispone de su propio estudio con butaca de Soho Home.

El baño principal, en tonos terracota, con paredes de microcemento, mueble de roble a medida, encimera Dekton Danae de Cosentino y grifería de Icónico. Los espejos de ratán y el plafón los adquirió el interiorista en tiendas de antigüedades.

Retrato de Noé Prades en el salón-comedor de este apartamento en la Costa Brava.