Los arquitectos de Martín Peláez Estudio han rediseñado esta casa de 60 m2 con un objetivo: reproducir el cielo de Madrid

Fotografía: Alberto Amores
Arquitectura e interiorismo: Martín Peláez Estudio

Imitando uno de los elementos más fotografiados en la capital española, el dúo detrás de este despacho ha conseguido que una vivienda del XIX en la Plaza Mayor, con espejos, metacrilatos, colores suaves, suntuosas formas y un diseño que parece digno de Inteligencia Artificial, logre respirar una esencia muy de hoy. Analizamos su fórmula.

Durante los años en que el sector inmobiliario español vivía su época más dorada, lo que se conoció como el boom del ladrillo, nadie se imaginaba que una casa podría estar compuesta de tan solo 60 metros cuadrados. Ni mucho menos, que con un tamaño así alguien podría hacer virguerías al nivel del interiorismo que han firmado los arquitectos Ainhoa Martín y Francisco Peláez, del estudio Martín Peláez, en un apartamento en la Plaza Mayor de Madrid. Era oscuro y hermético, muy en línea con las viviendas habituales de finales del siglo XIX, la época en que se alzó el edificio donde figura el piso en cuestión.

Entrada a la vivienda reformada por Martín Peláez en Madrid. En portada, vista del hall desde la cocina.

La mesa que abraza una de las vigas de madera parece flotar como una nube, gracias a las patas que concibieron los arquitectos en metacrilato.

Perspectiva de la cocina teñida de azul celeste.

En el despacho todavía recuerdan lo que les pedía el cliente cuando les contactó. “Quería por un lado abrir la casa, derribar su compartimentación y, por otro, su idea era darle un nuevo aspecto mucho más alegre”. Eso justo fue en lo que trabajaron tanto Ainhoa como Francisco a lo largo de los casi cinco meses que duró el proyecto. Ambos sustituyeron el efecto ‘cueva oscura’ con el que venía el apartamento por una sensación de refugio en las alturas, que fue un poco la impresión que se llevaron los diseñadores en la primera visita. “Tenía techos bajos y unas pequeñas ventanas que enfocan directamente al cielo”, explica el dúo. “Nos inspiramos en esa imagen, en la que además se veían algunas cúpulas, tejados y torres de iglesias”.

Atmósfera celestial

Hablándolo con el dueño surgió el concepto de recrear precisamente tal detalle. Pero, ¿cómo se plantea un cielo abierto entre cuatro paredes? En Martín Peláez lo tenían claro. “Partimos de los tonos del cielo, de los azules a los anaranjados y rosados, para materializarlos directamente sobre la vivienda, la cual entendimos como un lienzo en blanco”. Es decir, que los arquitectos pintaron de blanco la estructura interna de la casa al completo, incluidos sus pilares y vigas originales de madera, mientras que el resto de colores los aplicaron en los volúmenes de almacenaje, baños y hasta en los armarios de los dormitorios.

Primer plano de uno de los pilares auténticos conservados en la vivienda.

Haciendo uso de los espejos, en Martín Peláez consiguieron que la casa, como efecto óptico, se abriera a nivel espacial.

Otra perspectiva de la cocina.

Fueron pequeños matices a los que, aparte, se les sumaba un detalle: la importancia de las formas. “Creamos una serie de mesas con la silueta de las nubes, que lo que ahora hacen es adecuarse a la estructura de la casa para conectar sus espacios”, informan, explicando que las mesas las confeccionaron con un contrachapado bastante grueso al que luego le añadieron un HPL (laminado de alta presión), junto a unas patas de metacrilato con las que se consiguió que cada mesa parezca hoy suspendida en el aire o flotando por la casa. Se ve en la de la cocina sin ir más lejos, la cual sirve incluso como espacio de trabajo o de reunión con amigos.

Un último apunte

El dúo de Martín Peláez también recurrió a los reflejos, de la mano de espejos y más metacrilatos irisados, a la vez que resolvía la que de acuerdo a ellos fue una de las partes más complejas del proyecto. La casa debía ser natural y acogedora, sí, pero el requisito fue que pudiera controlarse desde el teléfono móvil. O sea, que las luces se apagaran, encendieran y cambiasen de color a distancia, igual que la temperatura y la caldera, y sin que ninguna de estas tecnologías fuera visible. El reto estuvo en compatibilizar dispositivos y en esconderlos, cosa que no resultó tan sencilla como a priori parecía. ¿Quedó el cliente contento? Los arquitectos lo afirman con rotundidad. “Según nos ha comentado, antes a él no le apetecía tanto volver a casa o teletrabajar. Eso ha cambiado, porque ahora dice que la está disfrutando como nunca lo había hecho”.

Interior del dormitorio.

El uso de espejos continúa presente en la zona de noche de la vivienda, en este caso simulando el movimiento del sol en el horizonte.

También en los baños se hizo uso de los espejos como guiño conceptual al sol en el cielo.

Perspectiva de uno de los últimos proyectos de Martín Peláez.

El blanco impoluto se convierte en el protagonista indiscutible del diseño.