Fotografía: Ricardo de la Concha
Interiorismo: Kunna Haan

Con toques mexicanos y mucha artesanía, el wabi sabi se reinterpreta en este ático obra de Kunna Haan

En lo alto de un rascacielos de Ciudad de México, presidiendo Roma Norte, se erige un enorme apartamento con paredes de hormigón, piezas de diseño de la zona y, ojo al dato, más de un centenar de plantas distribuidas según los preceptos de la corriente estética japonesa. Toca verlo para creérselo.

Junto al Jardín Pushkin, la Glorieta de los Insurgentes o el Mercado el 100, en 1976 se instaló una réplica del David de Miguel Ángel en bronce fundido, justo en uno de los lugares más privilegiados del pulmón verde que, bajo el nombre de Plaza Río de Janeiro, trató de remodelar una de las zonas de la capital mexicana a principios del XX, la hoy conocida como Roma Norte. Desde entonces ha ido levantándose ahí una buena amalgama de edificios que no se ciñen a un estilo arquitectónico en concreto, además de un único rascacielos de 11 plantas. Es el que a principios del 2022 visitó la holandesa Kunna Haan, diseñadora, porque uno de sus mejores amigos había adquirido uno de los varios áticos del complejo mexicano.

Vista del salón con sus paredes revestidas en cal y techos de hormigón auténticos. En portada, el comedor con su buena selección de plantas.

De nuevo en el comedor, la estancia común la diseñó Kunna Haan con mobiliario ad hoc y las luminarias de Katia Guzmán.

Ella lo recuerda. “Fue ver el piso nada más entrar por primera vez y saber el potencial que aquello tenía. Sabía que podía transformarse en algo muy especial”. Casi 350 metros cuadrados eran de los que disponía el apartamento en total, y a Haan se le dio carta blanca. ¿El único hándicap? Que no hablaba el idioma y tampoco se conocía la ciudad. Invirtió bastante tiempo en buscar a productores de mobiliario, ebanistas, tapiceros, algún que otro ingeniero, y a alfombristas y alfareros. “Pero estoy acostumbrada”, se excusa. “Tuve que pasar por lo mismo cuando desarrollé un conjunto de siete villas en Bali”.

Reforma precisa

Cuenta la holandesa que durante el proceso inicial, el de dar con los profesionales clave, encontró a un contratista que previamente ya había trabajado en ese mismo ático. Se conocía el edificio, sabía sobre reglamentos y le indicó qué elementos se podían eliminar y cuáles no. “Para optimizar el espacio derribamos un muro y, de cara a ampliar uno de los dormitorios, elevamos los techos. Luego tuve que definir la paleta de colores”. Kunna Haan se decantó por los tonos grises y topo, los cuales se extienden hasta la cocina, añadió un acabado de cal en las paredes, que son de hormigón, y repintó cada uno de los armarios dejando el suelo que ya había originalmente, una mezcla de terrazo y madera.

Otra perspectiva del comedor de este ático bañado con infinitos claroscuros.

A la derecha, en el salón se puede observar la butaca favorita de Kunna Haan ideada por la firma Azotea.

El dormitorio principal cuenta con su propia terraza, acompañada de un set de mobiliario para teletrabajar.

Hoy, adentro del apartamento abunda el lino, y allá donde se dirige la mirada se observa el abundante verde de las 130 plantas que la diseñadora colocó, un poco para ceñirse a la estética wabi sabi que a su colega tanto le gustaba, y a la que le añadió un toque mexicano para darle más sabor. “Para él era importante que el apartamento fuera una buena casa de acogida, por eso creé una zona de estar muy cómoda con muchos asientos y una gran mesa de comedor”, explica, dando detalles sobre la sala de cine. “Es un buen lugar para hacer de anfitrión, así que era necesario dar con el sofá adecuado”.

Con sutiles detalles tanto en techos como paredes, Kunna Haan logró un interiorismo que, gracias a su sobriedad, alcanza la categoría de monástico en muchos de sus rincones.

Perspectiva de la entrada al dormitorio principal.

Otra vista del dormitorio del propietario, quien le pidió a Kunna Haan que le sorprendiese con su reforma.

Nada es superfluo

En realidad el sofá lo ideó la misma Kunna Haan, al igual que muchas de las piezas que mandó fabricar a artesanos locales. A excepción de las lámparas, que o bien corrieron a cargo de la diseñadora de iluminación Katia Guzmán, como las luminarias de la sala de estar, o bien se le encomendaron a León León Design Studio, responsable de los apliques de los dormitorios. “Las preciosas sillas del comedor y mi pieza favorita de la casa, un asiento bajo con un divertido respaldo triangular largo y delgado, son de la firma Azotea”, comparte.

Además de la butaca, la autora también tiene su parte favorita en el ático. Es el dormitorio principal el cual trazó en clave serena y con paredes de cristal a los dos lados de la habitación, que se abren al completo y dan paso a un balcón, de nuevo, ajardinado al máximo para que aquello se asemeje a una jungla. A una que, por cierto, dispone de las mejores vistas a la capital y, claro está, a la centenaria Plaza Río de Janeiro con su versión mexicana de la obra maestra de Miguel Ángel.

Los tejidos naturales, y en especial el lino, son los que más abundan en este ático mexicano.

La fluidez entre el interior y el espacio al aire libre alcanza su máxima expresión en la estancia donde descansa el dueño de la casa.