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¿El alma gemela de Beatriz Silveira? Su nueva casa ‘ad hoc’ en el centro de Madrid

Fotografía: Manolo Yllera
Interiorismo: Beatriz Silveira

Justo al lado de su estudio en la capital, la interiorista ha encontrado un piso histórico que ha transformado en su alter ego decorativo. Es lo bueno de trabajar para una misma.

Llevaba un tiempo rastreando el barrio de Almagro de Madrid, donde tiene su guarida creativa desde 2005, cuando descubrió lo que buscaba. Unos 370 metros de techos altos, con la carpintería original y un suelo maravilloso en un edificio de los años 30. Beatriz Silveira no se lo pensó dos veces y decidió que aquel piso se convertiría en un nuevo hogar para ella, su pareja y su hijo de apenas dos años, Nico. “Él es últimamente quien manda –se ríe–. He hecho pequeños cambios en la distribución para adaptarlo a nuestras necesidades, pero estructuralmente era precioso en origen y quería conservarlo”. Y vaya si lo hizo. Las molduras de los techos, el parqué de madera, el suelo ajedrezado de la cocina… Todo respira historia y respeto por el pasado.

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Uno de los salones cuenta con sofá italiano y, a la dcha., canapé y butacas del estudio de Beatriz Silveira con tapicerías de James Malone y lámpara de techo de alabastro diseñada por la interiorista, como la mesa de centro Agora para Meddel. Sobre ella, esculturas de Rafaela Pareja y, al fondo, obras en madera de la italiana Serena Fortin. En portada, el segundo salón con sofá Julep de Tacchini y butaca y sofá de Silveira, todos con tapicerías de Gancedo. La lámpara y la mesa Falla para Meddel también son diseños propios. Cortinas de Élitis.

Beatriz Silveira, en la entrada de su casa, sentada en la mesa que ha diseñado junto a Serena Fortin. Jarrones de Justino del Casar, lámpara de techo de Murano y aplique alemán de anticuario. Alfombra de lana de Khodadian Carpets.

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“Quería que los elementos clásicos, que restauramos con cuidado, convivieran con una reforma más funcional, más contemporánea, potenciando la luz”, aclara. Ahora hay dos salones, una entrada, un comedor, una cocina y tres dormitorios en este inmueble blanco y sosegado que es algo así como su alter ego decorativo, el final de un largo camino que empezó cuando Silveira decidió dejar a un lado su licenciatura en Administración de Empresas para explorar el mundo de las antigüedades y, más tarde, abrir estudio propio en Madrid. “Es como un sueño cumplido. He seleccionado cada material, cada objeto con el mimo que siempre dedico a todos mis trabajos. Pero en este caso con la diferencia de que he contado exclusivamente con mi criterio”.

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En la pared del segundo salón, esculturas de Rafaela Pareja y lámpara dorada de Tommaso Barbi.

Salón principal con cómoda comprada en un déballage y, encima, escultura de María Oriza. Alfombra creada por el estudio.

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Sobre la cómoda francesa de latón de los años 60, en el segundo salón, lámpara de Murano y rinoceronte de Lladró. Encima, dibujo de Elena Alonso, en Espacio Valverde.

Señorial a medida

Fue, nos describe, “un reto ilusionante para plasmar mi yo más esencial”. En cuestión de materiales se decantó por los naturales. Madera, piedras como el alabastro, los mármoles que la persiguen casi en cada proyecto o la caliza. “El lugar me lo pedía”. Los tonos son neutros y blancos (“es una casa muy luminosa”, apunta), el cristal de Murano manda en los detalles y el dorado solo se cuela en apliques o tiradores, en dosis muy medidas. La decoración también es un reflejo de Beatriz Silveira, como si estuviéramos ante un juego de espejos.

De hecho, la interiorista ha bocetado ella misma gran parte del mobiliario junto a sus colaboradores. Especialmente lámparas, mesas y butacas. “Creo que en cada una de las piezas que he pensado ex profeso para aquí hay un poco de mí y también de ellos”, reconoce. Sus mesitas de piedra natural para Meddel, por ejemplo, acampan en el centro del salón y sus lámparas se hacen notar en cada rincón, matizadas por las vegetales de pie de Tommaso Barbi. “He acompañado mis creaciones con antigüedades y objetos de otros diseñadores. Me encanta la mezcla de lo contemporáneo con otras épocas y estilos. La clave es combinar objetos singulares”.

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Comedor con mesa de base caliza y sobre de Alisia de Cupa Stone diseñada por Beatriz Silveira. Igual que la lámpara, sillas setenteras retapizadas y cortinas de lino de Aldeco.

Detalle del salón con la escultura de María Oriza y una lámpara de Murano sobre la cómoda.

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Cocina diseñada por la interiorista y realizada por Cocinas Rio con mármol estatuario de Cupa Stone y griferías de Axor. Sobre la mesa, jarrones lisos de Zara Home y alemán de los 60 y lámpara de Paavo Tynell.

Mesa y sillas del estudio y espejo antiguo estilo Imperio. El suelo ajedrezado es el original.

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Museo personal

El arte está, además, bien incrustado en el ADN de la casa. La artista Elena Alonso presenta credenciales con uno de sus grandes dibujos abstractos que corona la cómoda francesa dorada del salón. Pero también se cuelan María Oriza y sus esculturas murales de pared, Justino del Casar en jarrones orgánicos, las fotografías arquitectónicas de Luis Asín, las pequeñas piezas blancas de la ceramista-escultora Rafaela Pareja… Y Serena Fortin, con la que hizo realidad una de las piezas de las que se siente más orgullosa: la mesa de la entrada.

“Fue una creación a tres manos entre ella, Iñigo Calleja y yo, con la ayuda de la empresa Amber. Yo les di la idea y ellos la plasmaron en un objeto lleno de mensajes para los sentidos. Es un mueble pero también una escultura contundente que me hace sonreír al verla y me recuerda lo bien que trabajamos juntos”. El resultado de esa mezcla de imaginación y rigor es un piso femenino pero no cursi. Clásico pero matizado, tranquilo pero no aburrido. Sofisticado pero cálido, que lleva el sello de Beatriz Silveira en cada metro cuadrado. “Yo diría que es una vivienda contemporánea y serena, con toques de estilo, que gira en torno a la búsqueda del bienestar”, remata. Casa y dueña lo irradian.

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Dormitorio principal con cama y banco diseño de la dueña con tela de James Malone, cojines de Élitis, cómoda y mesillas francesas de déballage, obra mural de Beatriz Silveira y lámpara de techo de Paavo Tynell.

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El baño principal, en mármol Calacatta Viola y lavabo de ónix blanco, todo de Cupa Stone, con grifería de Axor y busto y peana del XIX. Las telas de la pared y de las cortinas son de Aldeco.

Otro de los baños con encimera de mármol Alicudi y caliza rosa de Cupa Stone, lavabos de Villeroy & Boch con griferías de Axor y puertas de cobre del estudio. Lámpara y apliques de Murano, en Verde Gabán.

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