Fotografía: Aitor Estévez
Interiorismo: ELE Arkitektura

Beber del pasado para diseñar el presente, la filosofía de ELE Arkitektura

El estudio vasco diseña una nueva casa que nace de la preexistencia, poniendo en pleno equilibrio la robusta historia arquitectónica del edificio y la estética contemporánea.

Hace ya 10 años que dos hermanos con el gen de la arquitectura corriendo por las venas decidieron unir fuerzas y crear el estudio ELE Arkitektura. “Cualquier proceso de diseño es una experiencia intensa”, comienzan Eduardo y Eloi Landia, y prosiguen. “Algunas veces, trabajar en familia puede aumentar esa intensidad”. Si algo caracteriza al trabajo de los Landia es la absoluta atención que prestan a la realidad y la tradición que los rodea, abrazando la artesanía local y la historia arquitectónica que concierne a cada uno de los proyectos. Por tanto, si en este piso de la localidad vasca de Durango había algo que poner en valor, lo iban a hacer: y así fue.

Una columna central de hormigón preexistente sustenta la vivienda, y sirve de punto de partida para el proyecto.

El mobiliario es de obra, diluyendo las fronteras entre arquitectura y decoración.

ELE Arkitektura recibió el encargo de diseñar el interiorismo para la casa de una pareja que se acaba de trasladar del campo a la ciudad, y lo ha hecho en un bloque de viviendas de los años 70. “Es una casa que nace de la preexistencia y todo se organiza en torno a ella”, cuentan los arquitectos. En un ejercicio de arqueología tectónica, el proceso de derribo descubrió que la vivienda se extiende desde una estructura monolítica de hormigón armado que sirve de eje en el centro de la misma. Además, en las fachadas se encontraron con dos mamposterías de piedra arenisca. “Con este diseño buscamos el equilibrio entre una envolvente histórica muy material y áspera en contraste con una materialidad contemporánea suave y cálida”, añaden.

Escuchar al pasado

Desde un punto de vista conceptual, la naturaleza de esta vivienda está intrínsecamente conectada con otro tipo de construcción monolítica, y el mayor ejemplo de la arquitectura vernácula vasca: el caserío. “Esta tradición, junto con la realidad geográfica y meteorológica de nuestro territorio, son variables ineludibles y están siempre presentes en el subconsciente de nuestro trabajo”, explican los hermanos. Ellos mismos comparten una cita del artista Jorge Oteiza que define a la perfección lo que ELE Arkitektura entiende por beber de la tradición: “El que avanza creando algo nuevo lo hace como un remero, avanzando hacia delante pero remando de espaldas, mirando hacia atrás, hacia el pasado, hacia lo existente para poder reinventar sus claves”.

Las paredes de madera contrachapada dividen las distintas estancias.

El azul turquesa es el color elegido para contrastar con la madera y el hormigón.

Cocina y entrada a la vivienda, de planta abierta.

Materia en diálogo

Sobre el telón de fondo de la antigua mampostería y el rugoso hormigón, la intervención del estudio añade dos nuevas capas a la vivienda. La primera, de madera contrachapada, crea un anillo rectangular que acoge el espacio de almacenamiento y divide la casa en sus distintas estancias. La segunda capa, cubierta en un azulejo azul turquesa, dibuja todo el mobiliario de obra diluyendo los límites entre arquitectura y decoración, bailando entre forma y función, jugando con la relación entre la geometría y el vacío como si de una escultura del mismo Oteiza se tratara. 

“La elección de color fue un proceso complejo, y hubo al menos tres cambios durante el proceso –explican Eduardo y Eloi–. El hormigón y la madera eran certezas desde el principio, así que finalmente se escogió el tono de la baldosa en relación al color de la madera, siendo el azul del rejunteo y los nichos el que aportara el carácter a la intervención”. La vegetación pone el broche final, en forma de tercera capa, a esta actuación. Es un guiño al deseo de no dejar el campo atrás, mantener un pedacito de naturaleza dentro de casa.

Diseño del espacio, donde se aprecian todas las capas del proyecto.

Los azulejos de formato 5 x 5 cm son muy versátiles a la hora de ejecutar muebles de obra, ya que, su reducida dimensión permite adaptarse a modulaciones diversas sin apenas recortar ninguna pieza”, expone ELE Arkitektua.

La vegetación simboliza la pasada etapa de los dueños viviendo en el campo.

La silla Eames plastic side chair de Vitra aporta un ligero contraste al conjunto de la vivienda.

Intentar dar un nombre al estilo de ELE Arkitektura sería un error, ya que cada uno de sus proyectos responde a unas características muy concretas que vienen dadas por un contexto en particular. “Creemos que la arquitectura es una disciplina lenta que evoluciona atendiendo al contexto temporal, económico, geográfico o personal”, explican. Aunque si hay algo que siempre intentan perseguir, tanto en este proyecto como en el resto de su obra, es consolidar una idea arquitectónica precisa. En sus propias palabras, “crear obras atemporales que trasciendan más allá de modas”. 

El azulejo es el material elegido para las superficies de uso más intensivo.

Retrato de Eduardo y Eloi Landia frente a su estudio.