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Fotografía: Mónica Barreneche / El Buen Ojo
Interiorismo: Gregory Schaller

Entre escaleras, arcos y bonsáis, esta casa en Bogotá se convierte en un gran laboratorio de diseño europeo y colombiano

A excepción de su estructura de cinco pisos y las barandillas originales, el interior ochentero de esta vivienda renace como un laberinto vertical en el que cada estancia, por grande o pequeña que sea, ofrece una sorpresa en forma de escultórico mueble u obra de arte emergente.

Nadie se imaginaría que alejándose del circuito clásico de tiendas y galerías en la capital colombiana se puede encontrar una joya arquitectónica de los años 80. Pero ahí la primera sorpresa, y más todavía al descubrir que esta casa en Bogotá da la bienvenida con una escultura en gran formato del artista Andrés Ribón. Viendo tal entrada, fácil es intuir que la vivienda no defraudará. Y no lo hace, porque al traspasar la puerta uno se da cuenta además de que su actual dueño, el ingeniero y diseñador barranquillero Gregory Schaller, ha actualizado minuciosamente la singularidad espacial del lugar. La ha hecho propia, dándole brillo a la estructura escalonada y compartimentada del interiorismo que originalmente proyectó el arquitecto David Corrales Guerrero.

Una de las oficinas privadas de esta casa en Bogotá con la lámpara Infinito de Davide Groppi y, al frente, escultura de Danilo Cuadros. En portada, otra área común acompañada por un estanque koi.

El aplique en piedra martillada de la firma colombiana Menguante se lleva el protagonismo a lo largo del hall.

Así es la escalera de caracol cuyas barandillas auténticas se han conservado intactas.

Enmarcadas por los arcos en ladrillo originales de la casa, las sillas Gabo de David del Valle articulan el comedor en el salón inferior. En la pared, obra de Alejandro Rauhut.

Entre estancia y estancia, la vivienda cuenta a su vez con piezas escultóricas que acompañan el recorrido en todo momento.

Desde el vestíbulo, de hecho, la casa despliega un universo de recorridos que se revelan tras escalas, puertas y arcos, y trazan un laberinto digno de fábula en el que apetece perderse durante horas, sobre todo si se tiene en cuenta que a lo largo del trayecto abundan piezas de diseño joven nacional, mucho arte colombiano actual, una iluminación teatral y hasta un envolvente sonido. Todo, claro, articulado alrededor de la escalera de caracol central que abraza las cinco plantas. “Para mí, esa escalera casi infinita es la interpretación de un piano”, explica Schaller. “Supone una expresión artística dentro de la arquitectura de Corrales quien, además, tocaba ese instrumento”.

Tintes orientales

Según cuenta el propietario, esta casa en Bogotá la encontró en un estado radicalmente distinto al que hoy presenta su DesignLab, como él lo llama. Aquí él experimenta lo suyo, y a la vista queda en el sótano reconvertido en una moderna guarida de líneas limpias y minimalistas, suelos en cemento pulido, paredes texturizadas y paneles acústicos en ecoboard. Pero, ¿cuál es la finalidad de la estancia? Su interior acoger un amplio comedor de la mano de una sala con su chimenea, ambos ideados por el diseñador colombiano David del Valle, además de un estanque koi y una generosa cocina enchapada en piedra natural en tonos tierra de Inalco.

Salón en el sótano con ecoboards de DesignLab, los cuales revisten paredes y techos formando parte del diseño acústico. Sofá NIMB de Tu Taller, lámpara de techo Endless de Davide Groppi, parlantes de KEF y, a la dcha., en la pared, obra de Alejandro Rauhut.

Vista del comedor, cocina y escalera de esta casa en Colombia. Colgando del techo, obra suspendida de Andrés Ribón.

La cocina, planteada como un mundo aparte, dispone de uno de los tantos bonsáis a los que es aficionado el propietario.

Otra perspectiva de la cocina iluminada mediante foseados en techos y paredes.

Una peculiar disposición de arcos en ladrillo, originales de la casa, ahora marcan el recorrido visual conectando este nivel subterráneo con el recibidor de la vivienda. Desde tal punto se descubre parte de una joven colección de bonsáis cargada de significado para Gregory Schaller. “Durante la pandemia salí a comprarle flores a mi pareja y conocí a alguien que los vendía. Desde entonces los he venido adquiriendo. Más allá del acto en sí, se trata de un ejercicio de propósito y resiliencia”, añade él, mientras asegura que tardó años en encontrar una casa así en Bogotá y poder materializar el proyecto que llevaba en mente. Estas plantas lo han acompañado y son testigos de la historia al completo.

El laberinto no termina aquí

La escalera principal y otra secundaria escondida detrás de los muros curvos en microcemento conducen a más sitios inesperados. Como el gran salón a doble altura, en donde la lámpara Moon de gran formato del italiano Davide Groppi ilumina la atmósfera. A su vez figura una galería en la segunda planta, dos oficinas privadas, una terraza y hasta una sala de cine. Así como un laboratorio de diseño, que es el que le da nombre al proyecto y el que bien resume las ambiciones de Schaller con su hermano Kevin, con quien está expandiendo el legado que heredaron de sus padres.

“Llevamos años y años trayendo lo mejor del diseño europeo al país, y ahora”, informa, “lo que queremos es llevar lo mejor de nosotros afuera”. En resumen, generar un diálogo en el que interactúen por igual, sin epatarse las unas con las otras, tanto piezas de editoras europeas como grandes apuestas colombianas al nivel de las que pueden apreciarse en su casa en Bogotá, firmadas por el arquitecto Juan David Ocampo, el ya mencionado David del Valle, diseñador, o los artistas Danilo Cuadros y Alejandro Rauhut. “La idea”, concluye Schaller, “es generar una conversación de diseño global que no pierda las identidades propias de cada origen”.

Salón abierto en el tercer nivel donde se alberga la sala de cine. La lámpara es la Moon de Davide Groppi.

El gran salón de esta casa en Bogotá cuenta con las butacas Folk de Tu Taller y parlante de KEF.

Detalle de las texturas que enriquecen el interiorismo de la vivienda.

Otra vista del salón superior.

De nuevo, la escalera de caracol que conecta al completo esta casa en Bogotá.