Casa y laboratorio de ideas, a la vez: este es el refugio bogotano de los fundadores de la firma Moblar

Fotografía: Mónica Barreneche / El Buen Ojo
Interiorismo: Carlos Saldarriaga y Maurizio Cian

Con apariencia de galería de diseño, el apartamento de este dúo creativo en la capital colombiana se ha convertido en un banco de pruebas. Aquí se piensa, se idea, se hacen prototipos a escala real y, si encajan y funcionan, al mercado salen los esculturales muebles concebidos ad hoc en menos de 100 metros cuadrados.

Ladrillo de terracota, techos particularmente bajos. Ambientes cerrados e independientes. Y también suelos, puertas y armarios de madera de cedro y zapan con una marcada geometría. Así es la clase de apartamentos que tanto triunfaron en Bogotá a finales de los 80, principios de los 90, y que dejaron una huella que puede verse incluso todavía a día de hoy. Ocurre por ejemplo en la casa de Carlos Saldarriaga y Maurizio Cian, diseñadores y autores de la firma de muebles Moblar, además de unos completos nostálgicos. A ambos les fascina esta corriente local.

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Consola de la colección Dolmen de Moblar junto a una pintura anónima años 40. En portada, consola en madera de Moho, también de Moblar, acompañada de una obra del artista colombiano Rafael Gómez Barros. Las plantas son de Raíz.

Vista de la cocina-comedor ideada por Carlos Saldarriaga y Maurizio Cian.

Junto al comedor se encuentra el salón, presidido por la chimenea que subraya la geometría de este piso de Bogotá.

Retrato de los fundadores de la firma Moblar, dueños y autores también de este piso.

Los dos, de hecho, comparten pasión por la conservación arquitectónica capitalina, el diseño de autor y la nobleza de las maderas. “Cuando recibí este apartamento, lo quise tal y como fue pensado en cuanto a su arquitectura original, ya que hablaba del pensamiento de la época”, cuenta Cian. “Aunque tuvimos que vivir de verdad en el piso para, poco a poco, darse cuenta de las nuevas posibilidades que ofrecía”, añade Saldarriaga. Lo curioso es que a lo largo de 89 m2 ellos no solo viven. Su propia casa la utilizan también como un laboratorio de pruebas e ideas, de cara a saber qué tan viables son los prototipos que posteriormente llegan a su galería de diseño coleccionable, ubicada en el barrio Quinta Camacho de la capital colombiana.

Un diseño 100% exclusivo

“A la cocina prácticamente le pusimos una bomba”, ríe Cian. “En esa época, por lo general se pensaban cerradas o americanas y con forma de ‘ele’, obligándote siempre a dar la espalda a quien te estuviera acompañando”. Al decidir abrirla, los diseñadores crearon una conexión más contemporánea, la cual automáticamente invita a interactuar con la sala y el comedor. Desde la entrada al apartamento sobresale un gran mesón en cuarcita natural brasilera, con extractor de olores retráctil oculto, que marca la visual de la cocina abierta y la convierte en la protagonista del lugar. Es la que se lleva la palma de la casa.

De nuevo, perspectiva de la cocina en cuarcita con frutero Cocuy de Moblar y, a la dcha., el comedor. Este último viene con mesa Occhio y sillas Leo, también todo de Moblar e iluminado por la lámpara de techo en bronce de Octubre Arquitectura.

Entrada al baño del dormitorio principal.

Vista del dormitorio de matrimonio de este piso en Bogotá.

Este baño es la única estancia que rompe radicalmente con el interiorismo del resto del apartamento.

A partir de aquí, los autores de Moblar se encargaron de crear pequeños ambientes, cada uno con una función propia aunque hilados todos con el sello de su firma. A excepción de un espacio, según Saldarriaga: “Con los baños nos arriesgamos un poco más y, sin miedo, enchapamos pisos y paredes en terrazo artesanal y baldosa verde petróleo para luego añadirle un muro en vitroblock y mobiliario a medida”. Pero el resto sigue la dinámica habitual. La mesa Occhio en madera, vidrio y acrílico, las sillas Leo -un diseño en colaboración con el arquitecto Julián Molina- y la lámpara de techo de Octubre representan en el comedor no solo el ADN de Moblar. También el de sus autores.

Investigación permanente

“La mesa Occhio es especial para nosotros”, reconocen. “Su nombre, que significa ojo en italiano, surge de un juego de circunferencias concéntricas sostenidas por un acrílico traslúcido. Al tenerla en nuestra casa pudimos experimentar con la iluminación y resaltar así el efecto de refracción de la luz característico de un ojo humano”. En resumen, uno de los tantos tests que ambos diseñadores realizan en su laboratorio personal. “En otra ocasión quisimos experimentar con acabados arquitectónicos. De ahí salió el enchape con residuos de madera zapan del recibidor, que ahora acompaña la consola negra de la colección Dolmen”, añaden.

Mención aparte merece la daybed de la misma línea que preside el estudio de lectura. Divide los espacios, a la vez que a uno le lleva al imaginario de un diván de consulta de psicólogo. La pieza de diseño, claro está, también es de su firma. “Si analizamos a fondo el estilo Moblar, de alguna manera se evidencia la gran influencia que tenemos de lo clásico, lo pétreo, el Art Déco y la época moderna”, dice Saldarriaga. Sin embargo, sus propuestas son tan atemporales como alejadas de cualquier tendencia y, pese a ello, resultan 100% vanguardistas y muy de hoy. De ello se dará cuenta quien recorra este piso de Bogotá al completo y sienta cada estancia como un mundo aparte. Como varios universos que conviven en un mismo espacio y, sorprendentemente, en completa armonía.

En el estudio de lectura, diván Dolmen de Moblar.

La madera sigue presente en el piso, presidiéndolo tal y como lo hacía desde el momento en que se construyó este inmueble de la capital colombiana.