Fotografía: The Ingalls
Interiorismo: Kelly Wearstler

¿Puede haber armonía al juntar piezas dispares? Esta mansión de California subraya la gran virtud de Kelly Wearstler

En la variedad reside el secreto del buen oficio. Partiendo de una amalgama de piezas, texturas, tonalidades, piedras y obras de arte, la estadounidense le ha dado nueva vida a una gigantesca vivienda en la Costa Oeste datada de los años 60.

Pese a que lo suyo ha llovido desde que Kelly Wearstler saltara a la fama, en ella todavía queda mucho del estilo Hollywood Regency que aplicó en sus primeros hoteles por los que se la conoció a ambos lados del Atlántico. Evocando al decorador Tony Duquette, la interiorista fusionó y fusionó referencias cinematográficas de Los Ángeles. Exactamente igual que lleva haciendo desde entonces y allá donde trabaja, aunque con una predilección por las curvas y siluetas de los años 60, justo la década en la que se alzó la vivienda que recién ha reformado al sureste de Los Ángeles, en el barrio de Marlboro. Con un edificio de aquella época, era imposible que la estadounidense olvidara su pasado. Y no lo hizo.

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Retrato de Kelly Wearstler (foto: Joyce Park). En portada, salón con neón de Tavares Strachan, sofá y sillones de la diseñadora sobre alfombra de Christopher Farr, mesitas de Hagit Pincovici y de Wearstler (la de piedra), y jarrón de Brecht Wright Gander (dcha.) en la consola de Ross Hanson.

Otra vista del salón con consola arrugada y, sobre ella, pintura de Kevin Beasley. La obra del pasillo la firma Brent Wadden.

De nuevo el salón con armario vintage junto a la pintura en gran formato de Garth Weiser

Así es la piscina de esta mansión californiana, acompañada con sombrillas Bistrò de Paola Lenti y tumbonas de Summit.

A lo largo de la casa, Kelly Wearstler elevó los techos y añadió claraboyas en sus más de 900 metros cuadrados, pero muchas de las características de la arquitectura original, por supuesto preservadas, las embelleció con la mezcolanza de inspiraciones que caracterizan a la autora. A la vista queda nada más entrar. En el hall, las miradas recaen en un banco a medida de seda anudada a mano, realizado por Lindsey Muscato y Joshua Friedman, el cual descansa a los pies de una obra de Christopher Farr a la vez que un pedestal del holandés Patrick Schols exhibe un despliegue de esculturas perteneciente a la familia propietaria.

Para contemplarla durante largas horas

Tal detalle explica el hecho de que figure en la distribución una galería: la interiorista la planteó como un rincón casi museístico, con paredes de yeso y luz natural, presidido por una obra textil del canadiense Brent Wadden. De hecho, casi todo el interiorismo está pensado bajo la idea de que la colección del cliente suponga el centro de atención, de forma intencionada pero armoniosa. “Ese fue el punto de partida del proyecto. La familia es una apasionada del arte y aquí han colaborado con unos cuantos asesores que les han ayudado a integrar sus obras existentes con piezas nuevas”, avanza Wearstler. “Mi tarea consistió en pensar cómo colocarlas para crear una sensación de fluidez e interés visual, una fórmula que atrajera la mirada de un punto a otro”.

Y bien que lo ha conseguido, por ejemplo, con la pintura del inglés Darren Almond, un lienzo a gran escala con múltiples paneles que se activan con la luz natural y logran que la obra sutilmente cambie de aspecto a lo largo del día en el comedor, la estancia con toques de latón y oro en la que se ubica, y la que expresamente le pidió la familia cuando contactó con la estadounidense. Querían una zona de ocio para recibir a amigos y conocidos. ¿Hubo más directrices por su parte? “Como son mucho de preparar recetas, amplié el espacio de la cocina. A la vez integramos un billar y una sala de juegos, así como un despacho compartido para la pareja”, informa ella.

Sofá y sillones vintage de Saporiti Italia en la sala dedicada a los desayunos, junto a dos mesitas escandinavas años 60. Al fondo, junto a la cristalera, mesa de comedor de Kelly Wearstler, al igual que el banco a medida tapizado, y silla revestida en cuero Arcella de Paolo Piva para B&B Italia.

El comedor con lámpara de Luke Lamp y, en la pared, obra Night Snow at Tsukahara (2020) de Darren Almond y apliques años 50 de Gino Sarfatti. Aparador bajo de caucho y latón de Brian Thoreen. Junto a las sillas Belgo y sobre la mesa a medida de Dimitri Bahler, jarrones Drill de Erik Olovsson en mármol reciclado y vidrio soplado y portavelas Maat de SB26.

La sala de juegos con sofá Le Bambole de Mario Bellini para B&B Italia, mesita de Felix Murhofer y lounge chair de Peter Maly.

Junto a la chimenea y el billar, escultura Bullethole de Nate Lowman.

Detalle a detalle, virtud a virtud

Viendo ahora el resultado, cierto es que la autora cumplió con las necesidades, y lo hizo ciñéndose a las predilecciones estéticas de quienes habitarían la casa. Lo cuenta: “Me guie por el amor que sienten hacia la materialidad y las texturas, por eso exploré una sofisticada paleta de colores”. Sobre una base de tonos tierra, Kelly Wearstler introdujo destellos a la altura del azafrán que impregna el vestidor, el rosa oscuro de la oficina o el índigo de la sala de juegos, todo acompañado por una finísima carpintería y piedra, mucha piedra, empezando por el suelo Petit Granite en el vestíbulo que conduce a un espectacular portal de Ceppo Antico. La cocina viene con Platinum Quartzite y, en el baño principal, un Ceppo Beige se extiende desde los extremos hasta llegar al bloque macizo tallado que conforma la bañera central.

“También hay piedra de Sabbia”, añade la estadounidense. “La instalé rodeada de sicomoros maduros en uno de mis espacios favoritos”. Se refiere al dormitorio del matrimonio, ingeniado a modo de cabaña en el árbol con paredes de nogal blanqueado que entran en conversación con piezas como la mesa de centro de Vladimir Krasnogorov. Un diálogo parecido se da en el salón, es allí donde un armario de cedro de Studio Truly Truly refleja, a través de sus líneas ondulantes de resina, el movimiento inherente a la pintura abstracta de Brent Wadden, igual que una consola a cargo de Ross Hansen convive junto a otra reflectante que se le encargó a Christopher Prinz.

La galería del hall creada por Kelly Wearstler con cabinet de Christopher Kurtz, lámpara Hammer de Vincent Loiret, espejo Amazone de Jean-Baptiste Fastrez y silla vintage de 1stdibs.

Uno de los rincones de la vivienda con consola a medida de Ross Hansen y aplique de inspiración años 70.

Junto a la escalera, obra sobre pedestal Changeup de Hank Willis Thomas.

La cocina, cuya isla está revestida con Platinum Quartzite, con taburetes de cuero cosido vintage de Matteo Grassi y lámpara Calypso de Morghen Studio.

Otra vista de la galería con la escultura Tiffany Queen de Rotganzen para Kelly Wearstler.

Mix maestro

Del mismo modo, apliques de los años 50, de Gino Sarfatti, se presentan en el comedor de la mano de una escultural mesa ad hoc firmada por el jovencísimo Dimitri Bähler. Para Kelly Wearstler, en tal detalle reside la clave: “El sentido del equilibrio y la proporción se consigue justamente con eso, mediante la yuxtaposición de diseños contemporáneos, vintage y piezas a medida”, sentencia. Ella concluye subrayando que esta labor resulta inherente a todos sus proyectos. Y razón no le falta. Al fin y al cabo, si se la conoce como la reina de la decoración estadounidense del XXI es porque, en realidad, hace décadas que ya dejó claro lo bien que se le daba moverse entre estilos dispares. Logrando además que parezcan coetáneos, cuando en manos de otros hubieran resultado sumamente chirriantes.

El dormitorio se ha diseñado con su propio rincón de relax, formado por dos butacas Pianura de Mario Bellini para Cassina, mesa de Vladimir Krasnogorov y mesita Eroded Panorama de Cosma Frascina.

Dormitorio principal con mesillas de Kelly Wearstler, igual que la cama, y paredes de madera de nogal blanqueada.

En el vestidor, silla de acero a medida, igual que el espejo, y jarrón Purple Species n1607 de Bente Skjottgaard.

El baño principal se reviste de mármol Ceppo Beige en suelos, paredes y techos. Pensado para la evasión, la estadounidense lo ha planteado revistiendo sus puertas de espejos que amplifican la sensación espacial.

Despacho con escritorio de Ross Hanson, sillas Cachucha de Hugo de Ruiter para Leolux y lámpara de techo de JF Chen. Suelos de Exquisite Surfaces.