Fotografía: César Béjar
Arquitectura: Javier Dueñas / Interiorismo: Kenya Rodríguez

El wabi-sabi se apodera de esta casa mexicana entre árboles maya, patios de luces y reliquias ‘mid-century’

Recreándose en la arquitectura tapatía y japonesa, el interior de la vivienda abraza la naturaleza centenaria de su parcela y la acompaña con mucho arte junto a una selección de piezas mexicanas y danesas. El resultado no puede ser más inspirador.

Pocos sitios contienen tanta esencia como la ciudad de Zapopan al centro oeste de México. Allí, en un barrio empedrado y tranquilo cuyas calles arboladas decoran las vistas de sus habitantes, se encuentra la Casa Molusco Pantera. Es la vivienda que soñó por mucho tiempo la interiorista Kenya Rodríguez junto a sus hijos y su marido, el célebre artista gráfico Jis. De la mano del arquitecto Javier Dueñas, ella proyectó un refugio buscando que su casa mexicana le brindara privacidad y, al mismo tiempo, apertura para la convivencia. “Javier es amigo nuestro desde hace más de 20 años y hemos colaborado en muchos proyectos. Nos conoce muy bien, sabe cómo nos gusta vivir”, asegura la dueña.

Vista de la biblioteca desde el patio de esta casa mexicana. En portada, el comedor con mesa diseño de Kenya Rodríguez, sillas 57 de J.L. Møllers y lámpara Trapeze de Apparatus. Alfombra Macorina, macetas de Renata Petersen y cerámicas de Suro.

Interior de la biblioteca con pintura de José Dávila y butacas Safari de Kaare Klint para Carl Hansen & Søn.

Retrato de la interiorista Kenya Rodríguez y el arquitecto Javier Dueñas.

Salón con óleo Veladura Nocturna de Gonzalo Lebrija junto a obras de Martín Soto Climent, Eduardo Sarabia, Jis y Jorge Méndez Blake, entre otros. Aplique de pared de Serge Mouille, sofá curvo de Poliform y en lino Belgian de Restauration Hardware, mesas de Gloster, butacas bajas de Casa Bobadilla, baúl de la India y taburetes de madera de Tx.ture.

Sobre el título de la casa, un nombre muy sui generis, habla el arquitecto: “Todas nuestras obras están relacionadas con el lugar y las personas que lo habitan. En este caso, dos personajes muy peculiares, El Molusco (Jis) y La Pantera (Kenya)”. A lo que añade ella: “Mi marido y yo somos muy distintos, nos movemos de formas alternas y vemos la vida de manera diferente. Necesitábamos un espacio flexible que albergara estas dos personalidades y a nuestra familia”. La interiorista y el arquitecto buscaron crear una residencia atemporal, abierta a la naturaleza y con muchas vías de escape para cada miembro de la familia. De ahí que la pensaran en forma de tres casas. La del molusco, la de la pantera y la de sus universos compartidos: sus hijos y espacios comunes.

Sorpresa tras sorpresa

Los tres volúmenes, tras la obra, se articulan ahora a partir de tres patios, separados mediante una paleta vegetal frondosa y suelo de cantera local. El primer patio sirve de vestíbulo. El segundo une los extremos que contienen el estudio de Jis y el de Kenya, cuya planta baja recibe la sala-comedor-terraza, la cocina, el antecomedor y, al centro, un módulo con las habitaciones de los hijos y ciertas áreas comunes. Por último, el tercer patio es donde desembocan todos los recorridos y donde el verde cobra su mayor protagonismo, el cual juega un papel crucial en esta casa mexicana. Es más, la naturaleza existente fue fundamental para elegir el terreno, presidido por un árbol de ceiba, de origen maya y con más de 100 años, acompañado por tabachines, jacarandas, papelillos y plantas de hojas grandes y abundantes como helechos, piñanonas y philodendros.

Perspectiva del segundo patio. Bajo el porche que crea la pasarela que une los módulos, macetas de Taller de Piedra y mobiliario de Namuh.

La biblioteca panelada en madera cuenta con sillas Safari de Kaare Klint para Carl Hansen & Søn, butaca reclinable de cuero de Milo Baughman, flexo de pie de Serge Mouille y bargueño Tao sobre un kilim a rayas.

Junto a la cocina de esta casa mexicana, cómoda en marquetería de nácar de la India y óleo del artista Alejandro Ramírez.

El único espacio donde el color prevalece es la cocina, en un verde que dialoga armoniosamente con el exterior. Muebles de Joselo Maderista, sillas CH23 de Carl Hansen & Søn, taburetes de Supermorphe y cerámica artesanal mexicana.

Por su parte, la propuesta de interiorismo de Kenya Rodríguez se centró en diseñar muebles de carpintería, usando a menudo la misma madera que cubre suelos, panela las paredes de la biblioteca e incluso cubre el techo del gran salón-comedor. En los muebles combinó piezas mid century danesas de Carl Hansen & Søn y J.L. Møllers con clásicos mexicanos a cargo de Clara Porset y Alfonso Marina. El arte fue otro de los ejes conductores, disponiendo una colección de autores del país donde destacan José Dávila, Gonzalo Lebrija, Jorge Méndez Blake y Eduardo Sarabia, entre otros. Kenya termina: “Mi sueño era combinar la arquitectura tapatía, la del típico pueblo jalisciense y la de Kioto en Japón. Creo que logramos una casa mexicana muy cálida para vivir”.

El dormitorio principal es el santuario privado de Kenya Rodríguez y Jis, que aparecen retratados en la fotografía de Cecilia Hurtado. Debajo, sofá Belgian de Restoration Hardware y, a la izda., aparador de BDDW.

Baño de visitas con aplique de Apparatus, y espejo y griferías de Waterworks.

Vista frontal de la fachada desde el patio, la cual ofrece un buen resumen de una de las casas urbanas más originales de Zapopan.