Fotografía: Francisco Nogueira
Interiorismo: Joana Astolfi

‘Casa Nossa’ en Portugal: un silencioso hotel donde la terracota lo es absolutamente todo

Así es este complejo al que Joana Astolfi le ha enfundado una buena dosis de materiales cálidos y artesanales que hoy conviven junto a un lago, con total equilibrio y armonía, a tan solo dos horas de Lisboa.

Pocas veces esta interiorista se había visto de lleno en un proyecto en el que había que dibujar sobre planos y renders lo que al día siguiente, literalmente, estaría colocándose en la parcela. “Tuvimos que trabajar en paralelo a los constructores”, recuerda. “Pero la suerte es que había un buen abastecimiento de materiales. Utilizamos mucha terracota y estábamos en Alentejo, una región donde abunda esta clase de cerámico”. Otra de las ventajas es que el hotel del que Joana Astolfi habla, Casa Nossa se llama, tiene como propietario al chef portugués José Avillez al que la diseñadora conocía de hace tiempo. Ella le había ingeniado el interiorismo de su restaurante Belcanto en Lisboa y el de sus locales Cantinho do Avillez a lo largo del país luso.

Vista de la gran sala común que contempla Casa Nossa, ubicada junto a la biblioteca que puede verse en la imagen de portada.

De nuevo, en la biblioteca, las antigüedades portuguesas seleccionadas por Felipa Almeida en los muebles ad hoc de madera de roble.

Los colores que Joana Astolfi aplicó en las áreas comunes están pensados para que visualmente conecten con las tonalidades de la tierra.

Casa Nossa cuenta también con su propia bodega.

Perspectiva del salón de este hotel portugués.

Un enclave siempre presente

La diferencia aquí era que no se trataba de un espacio de estrella Michelin, sino de una enorme casa en la que la interiorista y su equipo tuvieron que definir hasta el más mínimo detalle. Empezando por una sala común de unos 400 metros cuadrados donde todo lo que se ve, desde las mesas y la chimenea hasta los apliques de luz o el patrón de los hidráulicos de los suelos, corrió a su cargo. También el salón que da a una especie de pérgola, desde el que se aprecia la que era una de las mayores preocupaciones de Joana Astolfi. Quería que desde el interior hubiera un diálogo permanente con lo de afuera, y viceversa.

O sea, que el principal fundamento consistía en que cualquier huésped de las 11 habitaciones, supiera o no de diseño, pudiera reconocer lo integrada que Casa Nossa está hoy con el paraje junto al lago en el que se enclava. Por eso la autora revistió las fachadas del edificio de cal natural, y a la vez se ocupó de la piscina, el bar contiguo o los sofás de obra. Había que reducir cada elemento a la mínima expresión para que no compitiese con el paisaje; el diseño tenía que pasar desapercibido, vaya. “Fue una obsesión que tuve desde el principio”, reconoce. “El resto se trataba de adaptar los interiores simplemente, pese a que cambiamos bastantes cosas del proyecto arquitectónico que se nos presentó”.

Desde el salón, acompañado por luminarias escultóricas de mimbre, se aprecian los exteriores de Casa Nossa.

De la mano del arquitecto del proyecto, Joana Astolfi instaló la zona outdoor junto a un olivo que garantiza las necesarias zonas de sombra.

Otra perspectiva de los exteriores de Casa Nossa.

Los suelos de terracota reciben a los huéspedes en el lobby.

Pequeño salón de una de las habitaciones del hotel.

Así son los patios-terraza de los que dispone el proyecto diseñado por Joana Astolfi.

Raíces por bandera

A la hora de armar una historia, como una especie de hilo argumental que ligara cada rincón del hotel, la terracota mencionada por la interiorista asumió su responsabilidad. Y no se esconde. La tierra cocida resalta tanto en su versión de ladrillo visto dividiendo los diferentes ambientes de las áreas sociales –acompañadas por antigüedades que seleccionó la comisaria Felipa Almeida-, como en pavimentos que parecen gritar con orgullo su nacionalidad portuguesa. O en las circulaciones y muros divisorios con los que se genera intimidad entre las terrazas y patios de las propias habitaciones.

Una vez la historia de Casa Nossa tuvo su guion bien armado con la terracota, Joana Astolfi pasó a enfatizar la sensación de calma. Y para ello apostó por la curva en techos, arcos y asientos, “junto a madera de roble, microcemento, vidrio cepillado, un montón de mimbre y piedra lioz, que es una caliza local de color crema”, concluye la interiorista, dejando entrever lo mucho que le importa el producto de su país. Nunca lo ha dejado de aplicar allá donde ha actuado, y mucho menos en los 12 proyectos que dice llevar entre manos en 2024. Como un descomunal hotel en el Valle del Douro previsto para que abra en verano. Otro en Lisboa. Varias casas –una muy cerca de Comporta-. O un restaurante en Canadá en el que muy pronto se podrá disfrutar de la mejor materia prima de Portugal. Mediante más allá, claro, de tan solo el sentido del gusto o del olfato.

Porche principal de Casa Nossa.

La madera de roble predominante en el proyecto también puede verse en el mobiliario de las habitaciones.

Comedor en la sala común del hotel.

Al empezar el día los huéspedes de Casa Nossa pueden darse una refrescante ducha entre paredes revestidas de cal natural.

Uno de los baños de las habitaciones del complejo.

Perspectiva del lago en el que se camufla Casa Nossa, a la derecha.