Fotografía: Inna Kostukovsky
Arquitectura: Ignacio Quemada / Interiorismo: Bastien Halard

En pleno Albaicín, este conjunto de casas moriscas se convierte en la nueva vivienda de Celia Muñoz

La diseñadora de moda se ha mudado con su familia a un complejo en el casco histórico de Granada. La obra pasará a la historia por su ingente rehabilitación así como por una gran proeza del interiorismo, que es ese toque muy moderno y conciliador alcanzado en un espacio de suma herencia y carácter.

La ciudad andaluza tiene un encanto que atrapa, por lo que no resulta extraño que Celia Muñoz, diseñadora de moda con sede en Londres y fundadora de la marca de ropa para niños La Coqueta, haya decidido volver a la Granada que le vio nacer. Para ella era un sueño que parecía imposible, pero junto a su familia encontró una verdadera joya que, pese a encontrarse prácticamente en ruinas, prometía ser un lugar perfecto en el que refugiarse. Se trataba de cuatro parcelas colindantes con grandes vistas a la Alhambra en el barrio del Albaicín, que en origen eran dos viviendas moriscas del siglo XVI. Luego, con el tiempo, se unificaron para componer una casa típicamente castellana.

En este proyecto han colaborado el arquitecto técnico Miguel Castillo, los historiadores Javier de Pablos y Manuel Peregrina, el equipo de la arqueóloga Maribel Mancilla y la restauradora Julia Ramos junto a sus compañeras de estudio. En portada, el salón-comedor con antigüedades francesas del XVIII.

El blanco se convierte adentro de la casa de Celia Muñoz en un eje conductor para patios, pasillos y galerías.

La vivienda busca resaltar su historia en cada rincón, tomando como base el informe histórico-artístico realizado previamente por los historiadores.

Hubo que enfrentarse a una delicada rehabilitación, la cual ha firmado el arquitecto Ignacio Quemada de la mano del interiorista francés Bastien Halard y el paisajista John Hoyland. También hicieron falta arquitectos técnicos, historiadores, arqueólogos y restauradores. “De las cuatro parcelas, dos responden a la tipología del carmen granadino con jardín, y otra a la tipología de casa patio”, desgrana Muñoz, explicando que esas tres se incluían además dentro del plan de protección especial del Albaicín. La cuarta, la más pequeña, se construyó a mediados del XX. “La rehabilitación que ahora se ha hecho”, añade la diseñadora, “enlaza las cuatro casas y sus jardines, pero respeta la independencia y el carácter de cada una de ellas”.

La historia, si se conjuga bien, puede ser muy funcional

Para Celia Muñoz, lo esencial era crear espacios sofisticados que parecieran haber estado siempre ahí. Además, como a ella y a su marido les encanta viajar, querían decorar la casa con objetos que trajeron de India, Papúa Nueva Guinea, Etiopía, Guatemala, Italia, Francia, México o Estados Unidos. “También hay objetos heredados como un reloj Louis XVI, unas fotos de familia antiguas o una cómoda que pertenecía a mi abuela”, dice. Lo interesante es que, con tal amalgama de objetos, la vivienda de ahora ha sabido reflejar el estilo de vida de una familia joven con muchos niños, cosa que se ha logrado enfundándole al interiorismo una buena dosis de muebles contemporáneos.

La combinación de piezas, colores arriesgados y detalles clásicos, como el artesonado de madera o las patas de la mesa, configuran un interiorismo ecléctico pero altamente efectivo.

Para crear espacios íntimos a través de la iluminación, trabajando junto a Años Luz, se apostó por lámparas vintage de Stilnovo, modelos nórdicos, lámparas hechas a mano en yeso de Hannah Woodhouse y diseños modernos como los que produjo Magic Circus.

La cocina, en la casa principal, se resuelve en un azul turquesa que evoca el cielo de Granada.

El descubrimiento totalmente por azar de una galería del siglo primero, ubicada en la casa de Celia Muñoz, fue uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de la ciudad en el XX.

Cuenta la propietaria que de la casa principal se conservaron y restauraron las fachadas, incluida toda su herrería y las carpinterías acreditadas como antiguas. La actuación interior fue a la par, suprimiendo los elementos inadecuados y restaurando todos los de valor, en especial una armadura y un alfarje moriscos, ambos de mediados del XVI. Hubo más hallazgos. “Debajo de la casa principal encontramos restos arqueológicos del criptopórtico del foro de la Granada romana, Florentia, edificada hacia comienzos del siglo II”, informa Celia Muñoz.

Contrastes de texturas, a todo color

Hoy, la casa principal aloja el dormitorio de matrimonio así como la mayoría de espacios comunes de la vivienda. El resto se ha dedicado a las habitaciones y zonas de sus hijos, y otra casa está pensada exclusivamente para los invitados. Los jardines de los dos cármenes, manteniendo también cada uno su identidad, se enlazan funcionalmente y son compartidos por las cuatro casas. ¿Y qué hay de los juegos cromáticos? “Se han intentado reflejar las tonalidades típicas de Granada. Hay colores rojizos que recuerdan a la Alhambra, amarillos intensos que evocan el albero de una plaza de toros, y azules penetrantes en referencia al cielo de la ciudad”. Todo, según cuenta Celia Muñoz, contrastado con el blanco tan típico de las casas del barrio.

Para la dueña era importante que ningún rincón se pareciera al resto, aunque todos compartieran la misma sensación de serenidad.

Suelos laminados y ocre en las paredes para una de las salas de estar, con chimenea incluida.

Vista de uno de los dormitorios de los niños con paredes pintadas a mano.

“Con las texturas hemos intentado representar los colores y aspectos de las paredes exteriores de las casas, las que se encuentran en las calles del Albaicín”, apunta Celia Muñoz.

En uno de los baños, las celosías de las ventanas recuerdan a los del interior de la Alhambra, una clara reminiscencia árabe en homenaje al origen de la casa.

Las habitaciones, de hecho, se pintaron a la cal y ahora se aprecian de manera intencionada los brochazos, de forma que aquellos que se pasen por la casa se centren en la pureza de los materiales. O, por qué no, en las explosiones de color y los constantes guiños al arte contemporáneo, tal y como concluye la propietaria. “Lo importante es justo eso, sorprender a la persona que nos visite”. Así, todo futuro huésped podrá observar la entrada principal y su escalera con un aspecto austero y monacal, justo antes de dejarse llevar y perderse por una vivienda de 1.122 metros cuadrados en la que cada puerta, de madera esculpida a mano con toques dorados, conduce a una Granada atemporal. Una que no olvida el pasado, ni tampoco el actual siglo XXI.

Retrato de Celia Muñoz en su casa de la ciudad andaluza.

Blanco puro para comer con vistas a la Alhambra entre carpinterías originales preservadas.

Exteriores del proyecto en Granada, el cual dispone de una superficie de más de 1.500 metros cuadrados.