Fotografía: Montse Garriga / Estilismo: Bea Aparicio
Arquitectura: LZM Arquitectos / Interiorismo: Helena Martín

De chalet impersonal a moderna casa de campo: así ha sido esta reforma a las afueras de Madrid

Helena Martín y el estudio LZM Arquitectos le han dado nueva vida a una residencia unifamiliar en una urbanización de Becerril de la Sierra. El resultado es un refugio personal que no puede ser más acogedor, cálido y hogareño.

Romper totalmente con el estilo de antes era el deseo de los propietarios de este chalet ubicado en Becerril de la Sierra, a las afueras de Madrid. Y justo eso fue lo que consiguieron al trabajar juntos el estudio de arquitectura LZM Arquitectos y la diseñadora de interiores Helena Martín. Tras una extensa reforma, la casa –de 300 metros cuadrados distribuidos en dos plantas y un jardín- ha experimentado una metamorfosis notable que redefine la convivencia entre lo clásico y lo contemporáneo. Lo cual no resultó nada fácil de lograr, puesto que la propiedad pertenecía a una urbanización homogénea de viviendas familiares y había que preservar, sí o sí, ciertos elementos comunes.

Tanto en portada como en esta imagen, vista del salón ubicado en la planta baja, ahora expandida, revitalizada y compuesta por el salón ya mencionado, el comedor, la cocina, aseo, un cuarto de juegos, lavandería y una zona de servicio.

La idea del proyecto fue que esta vivienda a las afueras de Madrid tuviese un punto de casa de campo, aunque sin ser excesivo ni desmedido. Para ello se recurrió a alfombras de fibras naturales, linos, hierro envejecido y maderas lavadas.

La chimenea, pieza central de esta gran zona común y cuya posición estratégica se mantuvo durante la reforma, delimita las áreas del salón y del comedor.

Vista del salón desde el jardín exterior.

Aquí se aprecia la fluidez que existe entre las zonas comunes de la planta baja.

El desafío, por tanto, consistía en conservar la coherencia estructural mientras se satisfacían los deseos de una familia con cuatro niños. Pero se consiguió, y en gran parte por la ampliación de la planta baja que trazó LZM Arquitectos, añadiendo una zona de servicios e instalaciones para liberar espacio en las áreas de convivencia diurnas, como el salón-comedor y la cocina. Helena Martín, a cargo del interiorismo y la decoración, fue la encargada de rediseñar la distribución del chalet una vez se demolieron los tabiques al completo. De ahí nacieron los nuevos espacios abiertos, fluidos y conectados con el exterior, que en 2024 le otorgan un enorme protagonismo al jardín. Porque ese era el leitmotiv del proyecto, que esta zona al aire libre se convirtiera en un área llena de vida de la mano del porche de invierno, un cenador para el verano y una zona de barbacoa.

El comedor viene con mesa de piezas cerámicas, sillas estructuradas en fibras vegetales, cojines a medida, una lámpara XL también de fibras y, en la pared, obra de Eduardo Lalane.

Vista del recibidor de esta casa a las afueras de Madrid.

A lo largo del paso entre el salón y el comedor figura una escultórica despensa estructurada en madera natural.

“En el comedor mezclamos bastante, pero nos gustó mucho el resultado”, dice Helena Martín.

Practicidad con clase

¿Y qué hay de las tonalidades que imperan en este chalet a las afueras de Madrid? “En todo momento buscamos una paleta cromática que nos sumergiera en tonos neutros y suaves”, comenta Helena Martín. “Queríamos colores que fueran un poco desaturados y generaran un equilibrio entre el gusto clásico de la clienta y mi visión más campestre”. Cosa que se ve también, por otro lado, a través de la mezcla de piezas antiguas con varias más contemporáneas, la fotografía de la entrada -que a los propietarios les encantaba- y la búsqueda de reliquias en mercados de antigüedades y tiendas de diseño. Hoy, todo ello es lo que da vida a un hogar lleno de carácter en el que se fusiona una estética refinada pero muy práctica.

El mayor ejemplo de ello está sin lugar a dudas en los materiales. En elecciones como el porcelánico para los suelos de la planta baja, duradero y fácil de mantener, que además contrasta con la calidez de la madera de roble aclarado utilizada en puertas, armarios y cocina. Texturas naturales como alfombras de fibras, linos y hierro envejecido se entrelazan para crear desde la sutileza el ambiente rural que pretendió Helena Martín, que a su vez se aprecia en el salón con chimenea donde unos sofás a medida, tapizados con tejidos resistentes a manchas, se combinan con piezas artísticas cuidadosamente seleccionadas, incluyendo una mesa de mármol de Judith San Quintín.

Perspectiva de uno de los pasillos de esta vivienda.

“La cocina es una de las estancias más pensadas, ya que tenía que ser muy bonita pero funcional”, informa Helena Martín. “Nos costó dar con la encimera adecuada, pero en el almacén del marmolista encontramos una cuarcita perfecta para la madera”.

Otra vista de la cocina.

La fluidez se logró hasta el punto de que, desde un extremo de la cocina, se puede percibir el comedor, el salón y el acceso al jardín.

Para quedarse a vivir

Respecto al trabajo de LZM Arquitectos, un detalle ingenioso en la estructura fue la elevación de la altura libre de esta vivienda a las afueras de Madrid, marcando las vigas que aparecieron en el forjado durante la demolición. Quisieron subrayar su presencia puesto que añadían personalidad al espacio y permitían un mayor flujo de luz en el interior. De hecho, la elección de no empotrar los focos en el techo, debido a la presencia de estas vigas, ahora permite que las lámparas tomen también protagonismo en cualquiera de sus versiones. Tanto en el caso de los apliques de Terria y Cotain como en el de las numerosas luminarias vintage.

En el dormitorio principal, el roble y el tapizado se coordinan en armarios y cabecero, mientras que las mesillas XL complementan el almacenaje.

Para el cuarto de las niñas, un papel pintado con aire inglés y camitas de ratán crean un ambiente encantador.

Viendo ya el proyecto finalizado, Helena Martín dice estar muy orgullosa del resultado que obtuvieron su despacho y el de LZM Arquitectos, hasta el punto de que cada vez que ella regresa a esta casa uno de los pensamientos que siempre le asalta es el de que le encantaría quedarse a vivir aquí. Lo cual habla de la buena sintonía que hubo a lo largo de toda la reforma entre diseñadora y propietaria, y que bien queda reflejada en cada estancia. Entre todos, de manera equitativa, fusionaron deseos y crearon un hogar, a la vista queda, donde la historia y el arte convergen en un cálido interior lleno de funcionalidad.

Un mueble a medida en el cuarto de juegos enmarca la ventana, creando un banco y aportando calidez con sus textiles.

El baño del dormitorio principal de esta vivienda a las afueras de Madrid se resolvió con un estilo sobrio, de la mano de madera de roble y piedra caliza de Campaspero.

El aseo dispone de un lavabo muy especial de Calacatta Viola con frente ranurado y un original espejo.