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Fotografía: Germán Sáiz
Interiorismo: Febrero Studio

Edificio en Sevilla del XX: Febrero Studio le da un giro al concepto doméstico del apartamento turístico

Ante los espacios típicos de la ciudad para dormir, cocinar y vivir a modo de turista, el despacho con sede en Madrid ha intervenido una casa de principios del siglo pasado. Su interior abre las puertas en 2023 con piezas de barro, vigas, muebles de ayer y de hoy. Y un revitalizado patio andaluz de los de siempre.

De haberse inaugurado en 2022, hubiera sido el alojamiento perfecto para muchos de los asistentes al desfile crucero de Dior en la capital andaluza el pasado verano. Lo único es que este edificio en Sevilla centro, a escasos metros del Palacio de Las Dueñas, aún se encontraba entonces en la fase final de su reforma, que no ha sido baladí. Porque no se trataba de un simple lavado de cara y ya está. A sus autores, Mercedes González y Jesús Díaz del estudio Febrero, les ha llevado un año de licencias y después otro año y medio más de obras para poner a punto una casa histórica de principios del XX. Desde 2019 han estado ocupados los dos en darle al completo una nueva vida más coherente y lujosa.

Entrada a la casa Bos Cos, titulada así por la conexión que se establece adentro entre el campo (bosque) y la ciudad (cosmopolis).

Tras la reforma de Febrero, este es el resultado interior de la vivienda unifamiliar que los clientes compraron hace tiempo.

“El problema era que el edificio en Sevilla había sufrido muchas remodelaciones”, aclara Díaz por videollamada. Lo hace por fin relajado, sabiendo que a estas alturas de enero los primeros huéspedes ya han llegado a los cuatro apartamentos turísticos que contempla la vivienda, un poco al estilo de un hotel boutique. Y con unos interiores, por cierto, que resuelven los cambios de altura que presentaba el complejo cuando se lo encontraron. Sus horrores arquitectónicos también los tenía, según reconocen desde el estudio. “Habían roto el patio andaluz original de la parcela creando unos patios súper pequeños, intrincados y complejos”.

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Retorno a lo esencial

La buena noticia en este caso era que la ley estaba de su parte. Al edificio cambiar de uso, de uno residencial a turístico, la normativa en Sevilla exigía que el patio debía poder vivirse. De ahí que tuvieran banda ancha. Y que demolieran y cimentaran de nuevo la mitad de la casa para ampliar ese espacio tan clásico de los hogares andaluces. Hoy, cuando alguien traspase la puerta principal, una de madera maciza y hierro recuperada de una residencia del XIX, lo que todo huésped se encontrará es un zaguán sin el falso techo de antaño. En el estudio Febrero lo quitaron, dejando vistas las vigas y la pintura auténticas.

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Suelos de barro, piezas cerámicas y la lámpara Nesino, tres de las constantes que más se repiten en este edificio en Sevilla.

Muchas de las cocinas de Bos Cos conjugan madera a raudales con luminarias vintage.

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Uno de los cuatro apartamentos con vistas a la calle San Juan de la Palma, donde se ubica el complejo.

El zaguán es precisamente el que da acceso al patio restaurado. Una zona que por otro lado a Mercedes y a Jesús les ha permitido darle unidad al edificio nuevo y al antiguo, preservado por ellos con elementos respetados de los años 20 y de los 80, cuando la primera remodelación. Se ve en algunos de los apartamentos, todos dúplex. A tres de ellos se entra desde el patio (con terraza y piscina privada), mientras que la escalera principal de ahora conduce al cuarto apartamento (con balcón propio). “Lo bonito de la escalera es que, al estar en la medianera, aprovechamos y la cubrimos con unos mallazos que enredan un falso jazmín natural (Trachelospermum)”, añade Díaz. “Y como es una fachada en sombra, crece muy bien el verde. Cosa que que no viene nada mal en una ciudad como esta, sobre todo en verano”.

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Tres de los cuatro apartamentos disponen de una generosa terraza para que, durante el verano, no se necesite salir a la calle hasta la hora del atardecer. 

Vista de la escalera principal con la vegetación instalada por Febrero Studio.

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En el contraste reside la propuesta

Sobre los materiales del edificio en Sevilla Díaz da detalles varios. “En todos los apartamentos siguen la misma línea. Son materiales muy presentes en la tradición local”. Se refiere a los pavimentos con piezas de barro artesanal o hidráulicos pero con el mismo efecto. Abunda el mármol travertino, los morteros de cal, las carpinterías de madera de cerezo y el latón. El interiorista cuenta que, a nivel de techos, todos se han pintado de un tono granate contrarrestado con el verde agua visible en las barandillas exteriores. O el naranja, presente en los sofás de cada mini vivienda, que para que pudieran caber en espacios de 60 a 90 metros cuadrados los hicieron de obra y a medida.

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Dormitorio suite con un plano de Torres Blancas (el mítico edificio madrileño) en la pared, mesita de una antigua colección de Urban Outfitters y, sobre ella, lámpara Nesino.

Otra de las terrazas que contempla el edificio en Sevilla.

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Cocina acompañada, en la pared, de una obra firmada por el propio Díaz, encargado de todas las piezas visuales de los apartamentos.

“En cuanto al mobiliario, hay piezas clásicas como las lámparas Nesino (la que diseñó en forma de seta Giancarlo Mattioli para Artemide) que se repiten en muchas áreas dándole unidad a todo. Luego hay toques personales en cada apartamento”, especifican en Febrero. “De repente puedes ver dos butacas vintage en uno. En otro un butacón tapizado. Y puntualmente hemos utilizado luminarias nórdicas que contrastan con el estilo más recargado del resto”.

Lo claro es que Bos Cos, bajo tal nombre y concepto, también contrasta con la oferta turística que venía proponiendo la ciudad desde siempre. Aunque ya no tanto como recalca Díaz. “A ver, es cierto que como antes se daba por hecho que la gente iba a visitar Sevilla sí o sí, pues los sitios abrían y no se volvían a tocar quizá en 20 años. Porque siempre estaban llenos. Había una gran falta de cuidado y mantenimiento”. ¿Y eso ha cambiado? “Yo creo que sí. Al haber llegado mucha competencia que está haciendo las cosas bien, ahora parece que todo el mundo se está poniendo las pilas”.

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Salón con sofá hecho a mano por los interioristas y, en la pared, espejo hecho a mano a partir del bastidor de una mesa antigua.

En vez de ocultar los suministros, aquí se revelan junto a antigüedades escogidas para hacer de contrapunto.

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Uno de los dormitorios ubicados en la zona vieja de la casa, cuyas vigas originales se han dejado vistas.

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Debido al tamaño de los apartamentos, de 60 a 90 metros cuadrados, sus estancias comunes reúnen salón, comedor y cocina a la vez.

Los muebles rústicos se convierten en máximos protagonistas dentro de este edificio en Sevilla.

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