Fotografía: Eugeni Pons

La casa-estudio de la pintora Adalina Coromines: vivir y crear en plena naturaleza catalana

La artista vive y trabaja en una masía del XVII en Girona restaurada bajo los principios más absolutos de respeto arquitectónico, ecología y sostenibilidad. Con su propio pozo de agua y placas solares, sin conexión eléctrica y sin casi cobertura de móvil.

En la provincia de Girona, en un pequeño pueblo del Baix Empordà dentro del parque natural protegido de les Gavarres, la pintora Adalina Coromines empezó su nueva vida. “Con 40 años tomé la decisión de hacer un cambio para poder vivir y crear en el mismo lugar. Quería hacerlo rodeada de naturaleza y de manera autosuficiente, sin utilizar energías contaminantes que deterioran el planeta. El contacto con el medio natural es una de las experiencias que más satisfacción me produce”, comienza Adalina. Tras cinco años de búsqueda, dio con una masía catalana del siglo XVII en Cruïlles de la cual se enamoró al primer instante. “Lo que más me gusta es su virginidad. No hay ningún parásito visual. Todo es pleno campo, bosque y montañas. También su conexión rápida con los pueblos colindantes y la proximidad de las calas de la Costa Brava. Para mí con esta casa era importante trasmitir que otra forma de vida es posible”.

La vivienda se encuentra en el espacio natural protegido de les Gavarres, en una parcela de 25 hectáreas: ocho de ellas son campos de cultivo y el resto de bosque, robles, encinas, alcornoques, castaños, brezo y madroños.

La finca no tiene conexión eléctrica (ni casi cobertura de móvil), lo que supone una autonomía absoluta a nivel energético.

Respetar el entorno

Aunque se encontraba en su estado original, totalmente intacta y mantenía su autenticidad, tras 50 años abandonada, se tuvo que reformar por completo. Intentaron mantener al máximo el sabor y la pátina de la construcción, siempre con las premisas absolutas de la ecología y la sostenibilidad. “Fuimos muy respetuosos con su esencia y entorno. El propósito de la obra era mantener los valores de la arquitectura inicial, con las comodidades necesarias”. La edificación data del 1700 y tiene 800 m2 distribuidos en zona de vivienda, taller de pintura y un espacio para invitados. La superficie de la finca son 25 hectáreas, la parcela mínima que permiten segregar en un parque natural, de las cuales una de ellas está vallada alrededor de la casa para poder vivir y trabajar en el exterior. “En el concepto general del proyecto es importante la idea de que mi vida se relaciona continuamente tanto con el interior como con el exterior, en función de la época. Hay temporadas que hacemos más vida fuera que dentro, incluso en pleno invierno. Comemos al aire libre y yo trabajo aprovechando la luz”, explica Adalina.

En el salón, sofá Sólido 2017 de Joan Lao Design Studio tapizado en lino, como los cojines. Cuadro de la dueña.

Otra vista del salón.

Butacas Butaqueta en terciopelo amarillo, mesita Simply acabada en bronce y lámpara de la colección Luz Oculta Wood de Fambuena, todo diseñado por Joan Lao. Alfombra de BSB y cuadro de Adalina Coromines.

Destaca el gran esfuerzo por que cada decisión tomada se haga pensando en el medio ambiente; que todo resulte integrado, natural, genuino. “Como cofundadora del Estudio Joan Lao en 1985, ya en el año 1990 empezamos a desarrollar un programa de mobiliario que llamamos Ecologic, basado en el aprovechamiento de restos de madera que se tiraban al vertedero, eliminando árboles y generando residuos. Siempre me ha interesado la producción teniendo en cuenta una visión holística y con el máximo respeto por el paisaje y el medio ambiente. Mi lugar de vida y creación debía cumplir estos requisitos –prosigue la artista–. La construcción antigua nos da unos matices en cuanto a texturas y pátinas difíciles de conseguir con las técnicas actuales. Era fundamental mantener esas texturas originales, fue como un trabajo de restauración y conservación. Todos estos valores están muy relacionados con mi obra, absolutamente matérica y expresiva, en continua conexión con la naturaleza”. Así, se replicaron los materiales originales de la casa y los espacios se prepararon para ser vividos y utilizados. Por ejemplo, en las fachadas, la piedra se rejuntó lo necesario con mortero de cal para que no perdiera su autenticidad, conservando su aspecto natural, totalmente vista sin enlucir. La gran mayoría de las aperturas se dejaron con sus dimensiones. También se respetaron montantes y dinteles y se rescataron baldosas de barro cocido hechas a mano para los pavimentos. Las nuevas puertas se reprodujeron siguiendo un modelo original con un diseño muy sencillo de tablones de madera de pino de diferentes anchos y grosores.

En el salón, butaca Butaqueta, mesita auxiliar Simply, mesa de centro Affinity en bronce (diseñada para el taller de El Bulli de los hermanos Adrià) y mueble bajo realizado a partir de tablones antiguos de la masía, todo de Joan Lao. El suelo es madera de roble de la colección Energía Natural diseñada por Lao para MH Parquets. Cuadro grande y pequeños de la propietaria.

En el comedor, mesa Pure de Andreu World, butacas Sobria y lámparas Sphere de Fambuena, todo de Joan Lao. Suelo de barro cocido antiguo recuperado de la masía original.

Nada más entrar, el recibidor principal distribuye los espacios de la planta baja. “Aunque es un área de transición y paso, para mí es de una gran belleza y la utilizo para exponer obras que quiero visualizar e ir contemplando y analizando. Esta zona presenta una volta catalana de medio punto construida en piedra; nosotros la hemos enlucido con mortero de cal, arena y arcilla, y acabado en su color natural”, comenta Adalina. Aquí también está la escalera original de la masía que conduce a la primera planta. El taller-estudio de Adalina, en cambio, se encuentra en la fachada este de la edificación principal. Para construirlo, se recuperó un antiguo almacén. La cubierta, fabricada de forma tradicional, está formada por vigas y listones de madera de castaño sin moldear totalmente naturales y baldosas de barro. Para impermeabilizarla se utilizó corcho y teja árabe antigua artesanal.

El nuevo taller le ha permitido trabajar con formatos más grandes. Los tableros se colocan de forma horizontal sobre mesas metálicas, a los que añade y retira tierra. La materia algunas veces es raspada y Adalina utiliza herramientas y utensilios fabricados por ella misma.

En un pasillo distribuidor, butaca Racional tapizada en lino de Joan Lao Design Studio.

La artista usa colores no puros, que le recuerdan al desgaste que produce el paso del tiempo. Los pigmentos, tierras y pinturas que utiliza son mayoritariamente ecológicos, sin contaminantes.

En el interior: naturaleza y atemporalidad

Por dentro, los colores de la casa son los que propone el propio material (igual que en las pinturas de la dueña): la piedra, la tierra, la madera, la cal, la arcilla, la arena, el hierro. Los textiles, fibras naturales como algodón, lino, yute o rafia. Y en cuanto al mobiliario, la mayoría son diseños de Joan Lao, su marido, muchos de ellos prototipos que tienen un gran valor sentimental para la pareja. “Los productos y los espacios tienen que ser atemporales, deben estar diseñados para perdurar siempre. El aprovechamiento de los recursos es nuestra obligación y nuestro futuro. Tenemos que crear interiores consecuentes, sinceros, y generar estéticas honestas que ayuden al planeta y a la sociedad en general, proyectos al servicio de las personas que nos den felicidad y satisfacción. Siempre he coincidido con los fundamentos de la doctrina wabi-sabi: el lujo del desgaste que genera el paso del tiempo en el material, la belleza de la decadencia… Es un concepto que tenemos que proteger”, continúa.

En el dormitorio principal, cabecero de la colección Esencial, mesita de noche y lámpara Sphere, todo del estudio, y colcha de terciopelo.

En un baño, lavabo en piedra arenisca diseño de Lao y grifería de Roca con un acabado envejecido realizado especialmente para esta masía.

AUTOEFICIENCIA ENERGÉTICA

Por otro lado, la vivienda es completamente autosuficiente. La producción de energía se hace por medio de placas solares y la calefacción, con caldera de madera y una chimenea. Además, la finca tiene su propio pozo de agua. Se instaló suelo radiante y donde no se pudo, radiadores clásicos de fundición. El grosor de los muros (algunos de un metro de ancho) ayuda a mantener tanto el frío como el calor, consiguiendo una temperatura de 21 grados casi todo el año. Este refugio vital y creativo permite a sus propietarios transmitir cómo entienden el diseño, mostrar una forma de vivir fuera del circuito convencional; en definitiva: un concepto radical basado en el compromiso y el respeto tanto con el lugar y el paisaje como con el patrimonio arquitectónico. “Para mí lo más importante es convivir con mi trabajo. El espacio es un fondo que me permite estar visualizando mi obra continuamente, me retroalimento e inspiro y necesito que mis cuadros estén conmigo durante algún tiempo cuando es posible. Es curioso porque cuando salen de aquí la sensación de vacío es realmente increíble”. ¿Cómo definirías la casa?, le preguntamos para acabar. “Natural, sincera, bio, ecológica, energética, auténtica, consecuente, emocionante y ecléctica”, responde Adalina.

Mesa y sofá Esencial de Joan Lao y sillas de Jasper Morrison para Kettal.

Al fondo, cocina diseñada por el estudio Joan Lao