Fotografía: Eugeni Pons
Arquitectura e interiorismo: Alfons Tost

¿Vivir y dormir en una granja del XX? Esta renovada casa payesa del Empordà demuestra que sí es posible

Destreza y respeto son las claves con las que Alfons Tost, la mitad de Alfons & Damián, ha rehabilitado esta vieja y humilde construcción en una de las zonas más puras de la Girona rural.

Como válvula de escape, lo que el interiorista Alfons Tost buscaba era una segunda residencia en la que desconectar los fines de semana o ir a dormir un martes cualquiera, por lo que la parcela que encontró hace unos 10 años en el Empordà resultaba perfecta: para acudir a ella se tardaba solo una hora desde Barcelona, donde vive y dirige junto a su socio Damián Sánchez el estudio-galería Alfons & Damián. La pega era que Tost le veía a la casa infinidad de fallos, y tres veces tuvo que visitarla hasta que pudo convencerse a sí mismo. “No tenía luz porque era la típica vivienda de la zona con paredes gruesas, pocas ventanas y ventilación cruzada”, recuerda.

Salón con butacas de cuero del XX, sillas Vassily y africana, mesa de centro con pie de Minotti y, al fondo, mesa de Roger Capron. En portada, de nuevo el salón con, de izda. a dcha., ovejas de Atrezzo Mannequins, peana de mármol de Germans Serra, sofás de Alfons Tost y estantería china del XVIII. Al frente, mesita africana antigua y, encima, fuente de Darmoad.

Retrato de Alfons Tost en la entrada de su casa del Empordà.

En la entrada, con la fachada original de la masía, columnas y maceteros de Domani y ánfora del siglo XIX.

Al otro lado del salón, sofá y chaise longues de Alfons Tost con mantas de Teixidors y lámpara Pipistrello de Gae Aulenti para Martinelli Luce.

Aun así la casa tenía su encanto, originalmente había sido una granja (“cuando la compré todavía olía a vaca”, dice riéndose) y su cuerpo, construido de forma muy rudimentaria hace unos 70 años, aún conservaba la estructura de dos volúmenes de casi 400 metros cuadrados que el catalán ha ido restaurando en la última década cuando el tiempo se lo ha permitido, reforzando estructuras, añadiendo aislamientos e instalando las carpinterías de madera que le confeccionó un artesano del Empordà a propósito.

La zona de comedor, enfrentada al salón y a la escalera, viene con mesa de hierro y madera yakisugi, de Alfons & Damián, sillas Cesca de Marcel Breuer y lámpara de techo Frisbi de Flos.

La cocina de esta casa en el Empordà dispone de muebles y encimera de acero, sobre la pared, lebrillo catalán del siglo XVIII y esculturas africanas. A la izda., en la escalera de hormigón se han construido armarios de madera de pino.

Revitalizando la historia

Adentro, en el volumen donde en el siglo XX descansaba el ganado junto a comederos, ahora figura un gran salón-comedor. Viene con enormes ventanales de siete metros de largo que dan a la terraza, además de una escalera de losa de hormigón que por un lado separa la cocina (acompañada de muebles industriales) y esconde los electrodomésticos y enseres varios, mientras que por otro conduce mediante una subida de ladrillos vistos y pintados de dorado a la planta de arriba. Allí era antes donde se secaba el forraje que luego se les daba a las vacas. Hoy la planta entera es el dormitorio, biblioteca, vestidor y baño de Tost, una estancia descomunal que es diáfana no por estética.

Dormitorio-suite con óleo de Zhu Fadong y, sobre el cabecero de pino y mármol, flexo Syntesi de Ernesto Gismondi para Artemide y lámpara de Alfons Tost. Al fondo, silla LC1 de Le Corbusier para Cassina, mesa africana y lámparas Aim de Flos.

Junto al dormitorio de Tost, biblioteca con taburete Mezzadro de Achille Castiglioni para Zanotta.

Baño del interiorista con cojines vintage, taburete africano, bañera herencia de sus padres y jardinera de Domani.

Otra vista de la biblioteca con sillón de cuero y flexo alemán, ambos vintage.

“En el dormitorio hubiera podido sacar más habitaciones, pero no me apetecía desconfigurar el espacio. Lo dejé tal cual porque así, viendo el techo, uno sabe cuáles eran las dimensiones reales de la granja, un valor documental que me parece importante”. Según el interiorista, lo mismo ocurre en el segundo volumen de la parcela, la casa de antaño de tres plantas reconvertida ahora en la zona de invitados con cuatro dormitorios y a la que se accede por la cocina. En esa área, los huéspedes del catalán también respiran el pasado sin grandes pretensiones. Allá donde Tost ha podido recuperar suelos y paredes, las superficies simplemente las ha limpiado y mejorado a nivel estructural, igual que la estrecha escalera de piedra, que apenas ha tocado.

Cuarto de invitados con mesita de acero de Tost, cerámicas de La Navà y manta de Ezcaray. 

También en la casa de invitados, puertas catalanas antiguas, manillones del XIX, suelo obra de Alfons Tost con diferentes mármoles, bañera y lavabo de Agape y aplique del interiorista.

Hall para los amigos y familiares del interiorista con silla de forja, aplique de yeso y foto de Wilfredo Prieto.

Pequeños matices

Eso sí, en la antigua cuadra de caballos el suelo era de tierra y tuvo que reformar la estancia de arriba abajo para convertirla en un baño con suelo de mármol, pese a que ha dejado como guiño los pequeños troncos en los que en su día se colgaban las cuerdas y sillas de montar. “Quise hacer esta cosa como intervencionista, resaltando muy claramente cuáles son los sitios en los que he actuado y, en los que no, lo he dejado todo lo más neutro posible”, sentencia. Su idea era que la vivienda del Empordà no tuviera ni aspecto de vieja ni de nueva, sino que evolucionase en sus propias condiciones. Y ahí la clave del proyecto en su totalidad, ya que la estética que Tost aspiraba a conseguir era de casa rural, no de masía noble y mucho menos de museo del diseño o de espacio para exhibir su poderío.

El resultado, con diseños de Castiglioni, Le Corbusier y Marcel Breuer, muebles anónimos, mucho arte, piezas de anticuarios o hechas por él mismo, es un cúmulo de objetos sin el rigor de un comisario o estilista. Algo ecléctico tal y como el interiorista lo define aun sabiendo lo manida que está ya la etiqueta. “Pero es que es así, al final he puesto elementos que he ido acumulando a lo largo de mi vida, sabiendo que quería una casa muy habitable para estar con amigos y familiares comiendo y charlando alrededor de la chimenea. Nada más”.

Esta casa del Empordà cuenta con una terraza propia vestida con sillas años 50 y mesa de pino de Tost.