Fotografía: Denilson Machado
Interiorismo: Guilherme Torres

Desde la contundencia y el Modernismo, Guilherme Torres proyecta este piso en lo alto de un rascacielos de São Paulo

Roble, resina de piedra, muebles a medida e iconos mid-century son los ingredientes con los que el arquitecto ha dibujado un paraíso que roza el cielo de la capital brasileña.

Todo periodista sabe que preguntarle a alguien por su estilo conlleva recibir una retahíla de adjetivos abstractos, genéricos, que en la mayoría de los casos no llevan a puerto alguno. Pero tras media hora de conversación con el arquitecto brasileño Guilherme Torres, después de escuchar frases a cada cual más digna de titular, la pregunta no podía faltar. Como tampoco su respuesta podía quedarse en el tintero: “Yo creo que la buena arquitectura se parece a un plato italiano de verdad. Y así trabajo, con solo tres ingredientes como máximo y sin añadidos superfluos”. Razón no le falta. A fin de cuentas, es lo que hizo cuando una pareja de São Paulo le pidió reformar el interiorismo del piso que se habían comprado en Vila Olímpia, uno de los distritos más exquisitos de la capital donde las tiendas de lujo y grandes almacenes como JK Iguatemi se reúnen con rascacielos futuristas y algunos otros de antaño, al estilo del que ocupa la vivienda en cuestión en su planta número 32.

Vista del salón con el comedor al fondo. La estancia se adapta a la forma sinuosa del edificio con suelos y techos de roble natural y columnas con resina de piedra Basaltina. En portada, rodeando la chimenea, sillones Alta de Oscar Niemeyer, mesitas Arquipélago de Arthur de Mattos Casas y, al frente, banco Onda de Jorge Zalszupin, todo en Etel. El sofá Lee es diseño de Guilherme Torres.

Sobre la alfombra de Nani Chinellato, sillones Presidencial de Jorge Zalszupin, igual que la mesa Pétalas, todo en Etel. En la pared, óleo sobre tela Sem Título 2018 de Célia Euvaldo.

El comedor contempla, de izda. a dcha., sillas Orbe y mesa Super Nova de Guilherme Torres para Nos Furniture y aparador Isay Buffet en Etel. Al fondo, isla de servicio a medida y, en el techo, lámparas Coltrane de Delightfull, en Casual.

Volviendo a empezar de cero

El problema de base fue que la reforma coincidió con la pandemia, y aquel parón generalizado de meses y meses animó al vecindario del edificio a rehabilitar sus apartamentos, todos a la vez. Utilizando al mismo tiempo los ascensores y montacargas, que además para Torres eran imprescindibles puesto que su condición a la hora de aceptar el encargo era que se demoliese el piso al completo. Por dentro no podía quedar en pie ni un solo metro cuadrado de los 570 que en total contempla. “Aquí en Brasil tienen la manía de construir las divisiones internas con ladrillo. Fue verlo y decir: ‘Quiero que lo derribemos todo, que no quede absolutamente nada’. Después, a partir de ahí, levantamos las mismas divisiones pero usando madera”.

En realidad, la estructura interna de los tabiques es de un acero al que le instalaron paneles de roble, tal y como se aprecia en los pasillos, aparte de en los suelos y techos de todo el interiorismo en los que se aplicó la misma madera. A veces en acabado natural y otras muchas en una tonalidad oscura, que resalta todavía más las luces y sombras de acuerdo al arquitecto: “Me encanta el drama”, ríe. “Me parecía buena idea entrar en la vivienda y que el hall se mostrase completamente en negro”. Desde el recibidor aparece el recorrido que da a los cinco dormitorios –“es una familia con dos niños que ya son medio adultos”, añade Guilherme Torres–, y toda una serie de baños cuyas paredes contienen el otro material estrella del proyecto, una resina llamada Basaltina también de color negro hecha de piedra natural.

Salita de cine con sofá Slice de Guilherme Torres para Nos Furniture, igual que la mesita Roll, con lámpara Plissée en Fas Iluminação, junto al sillón Fardos de Ricardo Fasanello en Herança Cultural.

Aplicando la madera de roble en suelos, paredes y techos, el pasillo reparte los diferentes dormitorios creando, en palabras de Guilherme Torres, un universo muy similar al de un refugio de montaña.

Junto a la cocina, butaca Lama 921 de Ludovica y Roberto Palomba para Zanotta, lámpara Claritas de Dimlux y taburetes Alba de Jader Almeida.

Para los baños se optó por foseados en el techo que resaltan el roble insignia de la casa, tintado en este caso de un color negro exacto al del hall. Todas las piezas han sido creadas a medida por Guilherme Torres.

No es un diseño al uso

Al otro lado del hall figura una cocina aislada, una salita de cine y, cómo no, el salón-comedor que se extiende con vistas descomunales a São Paulo desde un espacio que para el autor es su favorito por el tiempo que le ha dedicado. Y no solo porque sea la parte de la casa más importante en la vida de un brasileño. También porque refleja las líneas sinuosas del edificio en que se ubica, resaltando con la Basaltina sus gruesos pilares estructurales e incorporando uno exacto adicional que en verdad no actúa de carga. Es falso y se corta casi al llegar al suelo para hacer un juego visual, una especie de ilusión óptica en palabras de Torres, y así albergar la chimenea junto a un mobiliario completamente nuevo.

“No recurrimos a ninguna pieza de su antigua casa, que sigue operativa. Está muy cerca de la ciudad y la familia la quiso mantener para escaparse los fines de semana o en vacaciones”, explica, dando detalles de los diseños por los que optó. “Comencé a pensar en muebles que de nuevo abrazaran las líneas maestras de la vivienda, muy fuera de lo común”, declara Torres, quien diseñó un asiento larguísimo que sigue la curvatura de la fachada, en paralelo a las mesas y sillas del comedor y a las camas ideadas también por él. Prácticamente un 70% de las piezas de la casa son suyas, mientras que el resto corresponde casi todo a clásicos mid-century del país reeditados desde el máximo respeto por la firma Etel. Hay butacas de Oscar Niemeyer, por supuesto, mesitas auxiliares de Arthur de Mattos Casas, algunas de centro, bancos y sillones de Jorge Zalszupin; iconos que han sobrevivido al cambio de siglo y que, por tanto, sabrán resistir años y años. Lo mismo que Torres busca en las viviendas que resuelve.

Otra vista de la estancia más importante de la vivienda, la del salón-comedor, la cual refleja la atemporalidad de la que Guilherme Torres habla mediante diseños a medida y piezas de clásicos Made in Brasil.

El dormitorio principal, bañado en tonos crema, con lámpara J. Hirth de Sergio Rodrigues sobre mesita de Guilherme Torres para Nos Furniture, igual que la cama Atari tapizada en piel.

Para cualquier época y era

“Se lo digo constantemente a mis clientes”, defiende él. “Un buen mueble u obra de arte es algo que va a estar siempre con ellos. Es algo que pertenecerá a su vida, no al apartamento en el que vivan”. El que Guilherme Torres acaba de terminar en São Paulo, porque la reforma se ha prolongado bastante en el tiempo, lo describe como contemporáneo y muy de hoy, “a pesar de que, al mismo tiempo, podríamos haberlo diseñado en los años 60 o 70”. Y eso le gusta aunque ahora, viendo las fotos finales, tiene algo que subrayar. “La arquitectura yo la veo como un proceso, y como tal jamás estaré satisfecho al 100%”. O sea, que en su receta italiana los apuntes y matices nunca se acaban. “Siempre que veo algo mío, pienso: ‘esto, eso y también aquello tendré que hacerlo mejor la próxima vez’. Yo lo confieso. Soy la persona más crítica conmigo que conozco… y que probablemente conoceré”.