Fotografía: Paloma Pacheco
Interiorismo: Héctor Ruiz-Velázquez

La versión más exuberante y exótica de Puerto Rico llega a Madrid: así es el piso a cargo de Héctor Ruiz-Velázquez

Escapar del ángulo recto es lo que buscaba el arquitecto en este apartamento que ha rediseñado en la capital española. Las ondas toman ahora paredes y techos logrando una fluidez orgánica que, de acuerdo a él, no dista mucho del entorno natural en el que creció en Latinoamérica.

Si alguien diese una palmada en medio de un espacio vacío, el dibujo que formarían las ondas de sonido contra las paredes se parecería mucho a este proyecto de Héctor Ruiz-Velázquez. El arquitecto puertorriqueño ha transformado un clásico apartamento madrileño de 1975 en una sinfonía de paredes onduladas e interiores circulares que nacen desde el centro de la vivienda y llegan hasta el último rincón más impensable de su diseño, como una caracola urbana. “Las ondas se expanden de forma libre transportando energía, sin topes, frenos o muros. Es la sensación que buscaba aquí”, explica Héctor.

Comedor con mesa y sillas de Eero Saarinen para Knoll. A la izda., sobre un pedestal, escultura de Maite Carranza. En portada, el salón que Héctor Ruiz-Velázquez ha acompañado con sofá y sillón de Westwing, mesa de centro de Maisons du Monde y mesa auxiliar de Kave Home. Al fondo, la chimenea de Lumbre.

Otra perspectiva de la arquitectura curva que preside este apartamento. A la izda., obra de arte circular de Fhe Gallery, lámpara de L.A. Studio, cojines de Harlequín y jarrones de Judith San Quintín.

De nuevo en el comedor, lámpara Cannée Screen Blanc, jarrón de Judith San Quintín y alfombra de The Rug Company.

De vez en cuando, pequeñas gotas de color como la escultura de pared de Maite Carranza rompen con el blanco predominante en casi todo el interiorismo. Abajo, banco de Alpia.

Para desencapsular por completo el piso, Héctor desnudó la distribución y, en lugar de paredes, los ambientes se delimitan con texturas y un techo que sirve de guía y de separación. “Es una parte muy importante que muchas veces se deja sin protagonismo. Aquí dibuja el espacio y se convierte en una escultura aérea”, afirma. Bajando la vista, lo que vemos es un paisaje casi celestial, inundado por el blanco que baña todas las superficies. En el salón, el sillón y los sofás, la mesa de centro o la chimenea participan en este paisaje níveo. A su lado, en el comedor, las icónicas sillas y mesa Tulip de Eero Saarinen para Knoll esperan como obras de arte a la hora de almorzar. Aquí se aprecia un gran ejemplo de cómo Héctor Ruiz-Velázquez ha sabido llenar los muros de distintos matices, climas y tonos sin salirse del monocroma.

Derribando geometrías rectas

La pared lisa contrasta con las sombras de las cortinas y con un revestimiento de madera acanalada que aporta riqueza y llega hasta la cocina, donde se descubre un azulejo blanco que cuenta una nueva historia. “La cocina es un ejemplo de integración muy especial”, menciona el arquitecto. “Contiene la curva, las texturas, la apertura e invita al disfrute y a compartir, a una vida moderna, sensitiva, equilibrada y a la vez dinámica”. En este paseo sobre nubes, el color aparece como estrellas en el cosmos aquí y allá. Al final del todo, en el dormitorio, la madera vuelve a conectar la estancia con la tierra aportando calidez para el descanso.

Vista de la cocina, por supuesto curva, planteada por Héctor Ruiz-Velázquez.

La cocina es de Alvic, con encimera y revestimiento de pared de Cosentino.

Adentro de este piso madrileño figura una ventana que comunica la cocina con el espacio de salón y comedor. Boles de Cerámica Delacava y de Judith San Quintín, y taburetes de Vintahome.

Otra vista del panelado curvo de Alvic, instalado por Héctor Ruiz-Velázquez, que conecta el comedor y salón con la cocina.

El dormitorio principal está pensado para crear una atmósfera más cálida con revestimiento de madera Nocce 01 de Alvic, cortinas de Ecoplen y colcha de Matarranz.

El baño del dormitorio de matrimonio recibe luz natural gracias a una apertura acristalada en la pared frente a los espejos.

Según el arquitecto, los apartamentos han estado históricamente atrapados en volúmenes de paredes rectas y esquinas de 90 grados, pero esa no es la naturaleza más orgánica de los interiores. “Existe otra manera de distribuirlos. Las curvas expanden el entorno, dinamizan la distribución y recuperan una forma más libre de moverse. Este apartamento estaba encapsulado y las curvas lo han hecho dinámico y más feliz”. Una sinuosidad que, en Héctor, nace de la manera más natural posible. “Puede que sea mi origen isleño, rodeado de mar. El paisaje de mi niñez es exuberante, atrevido y exótico. Son valores estéticos con los que conviví y a los que normalmente acudo para conectar mi mente con aquello que me fascina, que son las formas”.

Segundo dormitorio con colcha de lino de Lizzo, lámpara de noche de La Redoute, jarrón de Judith San Quintín y butacas de Maisons du Monde.

El baño del dormitorio principal viene con grifería de AsmTaps y lavabo con piedra sinterizada Shilin Slate de Neolith.