Fotografía: Montse Garriga
Interiorismo: Helena Martín

Helena Martín le infunde una buena dosis de elegancia atemporal a este piso en El Pardo de Madrid

Los más de 100 m2 de esta vivienda a las afueras de la capital española se transforman en un tranquilo hogar en el que la interiorista, a la vista queda, ha hecho fluir las zonas comunes desde una gran maestría visual, colores neutros y mucho mueble silencioso.

La propietaria quería una casa ante todo vivible, una vivienda muy cómoda para su día a día y que a la vez le sirviera para recibir a amigos y familiares. Además, tenía muchísima ilusión con la parte estética del proyecto. La pareja venía de una primera casa reformada años atrás, y buscaba que esta nueva tuviese un aire más maduro con el que se sintiesen identificados”. Así comienza Helena Martín a contar cómo afrontó la reforma de esta vivienda de 125 metros cuadrados ubicada en la localidad de El Pardo a las afueras de Madrid. Pero al parecer hubo sorpresas. Y es que, cuando la dueña y la propia diseñadora pusieron por primera vez un pie en el espacio, ambas quedaron cautivadas por el potencial de su interiorismo.

Vista de la zona de relax en el salón. En portada, un buen ejemplo de la fluidez espacial que Helena Martín logró entre salón y comedor.

La puerta principal de la casa, pese a estar muy pegada al salón, consigue convivir perfectamente con el resto de la decoración.

A lo largo del salón, Helena Martín prescindió de paramentos verticales buscando la fluidez espacial.

Pese a estar tan cerca del salón, la cocina consigue distanciarse gracias al frente de vidrio y madera de roble que ingenió el equipo de la interiorista.

Puliendo su piel auténtica

Según cuenta la autora, la estructura original de la casa, sólida y bien conservada, ya era un tesoro en sí mismo. Porque disponía de techos altos, una tarima flotante exquisita y una chimenea de latón que emanaba carácter; elementos que, en esencia, merecían revitalizarse a toda costa. Aunque la visión de Helena Martín para esta casa trascendía la mera renovación. Su idea era abordar una reinvención completa, una danza entre lo clásico y lo contemporáneo manteniendo los elementos que hacían especial a la vivienda y que no eran habituales en un edificio de ese estilo, “a las afueras de Madrid y de los años 70”, detalla la interiorista.

Paso a paso, la tabiquería que dividía la cocina del salón y otras áreas fue derribada. Se creó así un flujo continuo entre los espacios, mientras que a la cocina se le otorgó un nuevo protagonismo en el corazón del hogar. “La casa tenía detalles de calidad, como una madera muy bonita que recuperamos y que, incluso, la añadimos en la cocina”, informa Helena Martín. “También conservamos la chimenea de latón, que en origen era el centro de una boiserie de madera con librería, muy oscura y con un aire bastante anticuado. Decidimos dejarla exenta, con el volumen de la chimenea limpio y el latón destacando en medio de una zona totalmente blanca”.

Perspectiva del comedor con la mesa ovalada creada ad hoc por Helena Martín y su equipo.

Interior de la cocina de este piso madrileño, de la que habla la interiorista: “Además de lijarla, le aplicamos un barniz al agua para conseguir un efecto crudo muy natural”.

Otra vista de la cocina.

Fluidez total

De esa zona común habla en profundidad la interiorista, ya que lo más destacable tras la reforma es, en palabras de ella, “la comunicación que obtuvimos entre cocina y salón. Las dos estancias las separamos funcionalmente por un frente de vidrio y madera de roble, pero quedando totalmente unidas a nivel visual”. Lo cual explica que la cocina se diseñara con especial mimo, y que hoy integre varios elementos decorativos que se pueden percibir en el resto de la casa. Como las molduras de los techos y una piedra natural muy protagonista. “Queríamos una casa noble, que fuese cogiendo pátina con el paso del tiempo y que tuviese pocos elementos pero muy contundentes, justamente al nivel de la vidriera de la cocina”, subraya Helena Martín.

Ella también hace referencia a las puertas de hoja oculta de suelo a techo. A las maderas y piedras auténticas con las que se vistieron los baños. Y al mobiliario ad hoc. “Diseñamos una mesa ovalada en Travertino, acompañada de sillas que teñimos en oscuro para generar un contraste sobrio. Los sofás se hicieron también a medida con telas resistentes, ya que es una familia con un bebé. Aunque, sin embargo, sí optamos por lino natural tanto en las cortinas como en el cabecero del dormitorio principal y los textiles de este”, detalla la interiorista, “con la idea de acentuar la sensación de casa relajada”.

Así es la habitación infantil de la casa.

Para el dormitorio de la pareja, Helena Martín apostó de nuevo por un diseño neutro y muy silencioso.

Unas sugerentes cortinas de lino blanco ayudan a crear un ambiente envolvente y cálido en el dormitorio de matrimonio.

Una danza digna de recordar

Por eso los colores abrazan la neutralidad. Solo hay que ver las fotos del proyecto: aquí imperan los blancos rotos, cremas, algún toque metálico… “Buscamos acompañar el blanco roto de la base con tonos que se pudieran encontrar en la naturaleza, como ocres o verdes oscuros. Ese fue el único riesgo cromático que corrimos”. ¿Y qué hay de la selección del arte? “Las piezas elegidas tenían, fundamentalmente, una función decorativa. Son bastante neutras porque queríamos algo que acompañase bien a la pieza más importante del salón”, concluye la autora, “que es una fotografía en gran formato del artista argentino Mono Giraud”.

Un gran espejo redondo preside uno de los baños.

Helena Martín escogió muebles blancos y cristales translúcidos para otro de los baños de esta vivienda que rehabilitó a las afueras de Madrid.