Fotografía: César Béjar
Arquitectura: Max von Werz / Interiorismo: Jaune

La bahía de La Paz revive sus orígenes con el hotel Baja Club

Madera local, azulejos de Talavera, estucos mexicanos y jardines autóctonos permiten viajar al pasado de Baja California Sur. Todo sin salir del lujoso hotel Baja Club, rehabilitado con los mismos ladrillos con los que se alzó su arquitectura en el siglo XX.

Aunque el nuevo hotel Baja Club es la decimocuarta adición del hotelero mexicano Grupo Habita, no es un espacio más que engrosa la lista, sino que se ha concebido con el máximo mimo. Su edificio, una casona construida en 1910, llegó a pertenecer a una de las familias más acaudaladas del estado Baja California Sur. Allí, en el malecón del centro histórico de La Paz, donde antes se recolectaban perlas de ostras hoy figura este proyecto de unos 3.600 metros cuadrados. De hecho, no puede ser más ambicioso. Su arquitectura la ha firmado el estudio de Max von Werz con sede en Ciudad de México. Jaune es el despacho parisino que se ha encargado del interiorismo siguiendo la línea exquisita de las viviendas de lujo francesas.

La premisa de los socios del hotel ha sido aprovechar al máximo la riqueza histórica y el carácter clásico de la propiedad. Los techos de doble altura y los ventanales de hierro forjado se conservan, pero agregando toques modernos para darle una segunda vida de forma orgánica. O sea, sin que la intervención se notara demasiado.

Nacido en Montreal, criado en Nueva York y Munich, formado en Londres y radicado en Ciudad de México, Max von Werz es un estudioso de la arquitectura de todo el mundo. Su trabajo refleja esta crianza dinámica, con influencias de modernistas como Geoffrey Bawa, Mies van der Rohe y Lina Bo Bardi. Las fusiona con inspiración regional, desde una casa de campo tradicional bávara hasta la escena arquitectónica contemporánea en la capital de México.

 

El hotel se acompaña de la propuesta de paisajismo de estudio Paar.

La escalera helicoidal de cemento conecta todas las habitaciones con el bar de la terraza y la piscina.

El hotel Baja Club se erige en una casona de principios del siglo XX.

Baja Club reinventado

Continuando con la filosofía de reutilización de Werz, a la estructura original de la casa colonial se le ha añadido una extensión de cuatro pisos. Tiene la misma forma de L de la villa original y hospeda 32 habitaciones, piscina, spa y restaurante con bar en la rooftop. La circulación vertical se resuelve con una generosa escalera helicoidal colocada en el punto de unión entre las dos alas del nuevo volumen. Las losas de hormigón armado dispuestas de forma voladiza aligeran visualmente la estructura y, a su vez, sirven de pasillos exteriores y elementos de sombreado que reducen el calor y la dependencia del aire acondicionado. Los balcones y terrazas de las habitaciones ofrecen panorámicas a la bahía de La Paz, escenario de la novela La Perla del estadounidense John Steinbeck.

“El proyecto tiene como objetivo dar un giro moderno a la rica tradición de colores, texturas y artesanía de México. Mediante el uso simplificado de materiales locales, anclamos el hotel Baja Club en su ubicación y unimos la identidad de los componentes antiguos y nuevos”, detalla Werz. Para los tres socios del hotel, Carlos Couturier y los hermanos Moisés y Rafael Micha, ha sido sencillo inspirarse en la basta y asombrosa biodiversidad del mar de Cortés, “el acuario del mundo” para el explorador francés Jacques-Yves Cousteau.

Max von Werz ha planteado aquí una arquitectura libre de ornamentos.

Detalle de la escalera del hotel proyectado por Max von Werz.
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La recepción de la casona proyectado por Max von Werz para Grupo Habita.

El arco de la recepción es uno de los tantos motivos que recuerdan a las construcciones coloniales.

Guiños náuticos, pasando por la racionalización horizontal de la nueva construcción y el uso de elementos de madera en todo el proyecto, juegan con el contexto natural del hotel. El equipo de Jaune, liderado por Marine Delaloy y Paula Alvarez de Toledo, ha proyectado un ambiente que privilegia la época dorada de la villa, a través del uso de una paleta de materiales basada en los detalles originales. Entre ellos, terrazo artesanal y azulejos de Talavera, celosías y carpintería de madera artesanal, tejidos naturales o lámparas de vidrio soplado.

Un hotel con paisaje natural

Por su parte, Paola López Carrillo y Carlos Ríos Limón del estudio mexicano Paar han desarrollado el paisajismo, prolongándolo desde el exterior hasta los patios. De nuevo, no de cualquier forma, porque el proyecto conserva la mayoría de las áreas ajardinadas y la vegetación autóctona tal y como existían en la casona. Una nueva piscina se encuentra en uno de los patios exteriores, y alrededor los paisajistas han continuado con el lenguaje de los muros de ladrillo macizo acompañándolos con macetas y tumbonas terminadas en el estuco artesanal mexicano Chukum.

En el patio, un muro de piedra original se ha conservado en este alojamiento de La Paz.

La piscina, en el patio exterior, está enmarcada por un muro antiguo de ladrillo que rodea la propiedad desde sus orígenes.

A la villa se le ha añadido un edificio con forma de ‘L’ que mantiene el bajo perfil de la construcción original.

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Los dormitorios con interiorismo de Jaune en el hotel del Grupo Habita en La Paz.

Las habitaciones minimalistas cuentan con acentos de madera de origen local, muebles personalizados y ropa hecha a medida.

Plantas, tejidos naturales, herrería y una paleta inspirada en los colores del mar son los protagonistas del comedor principal.

Una barra en la planta baja de la casona rehabilitada por Max von Werz para Grupo Habita.

Otro de los matices según los paisajistas es que, al trabajar con artesanos locales, querían respetar el medio ambiente circundante a través del diseño bioclimático. Con tal enfoque han restaurado una pérgola original en el patio central, que está salpicado de fragantes árboles frangipani. También se han incorporado tranquilos jardines y patios en el perímetro de la parcela y, además, una cocina al aire libre fomenta una mayor interacción de los huéspedes con el paisaje. “Recurrimos a estudios y equipos locales cada vez que construimos un hotel, y eso nos permite que en él se respire su entorno, la esencia y sus tradiciones”, cuenta el socio-fundador Carlos Couturier.

La Paz, de nuevo en el mapa

En cuanto a la oferta gastronómica, el hotel Baja Club ofrece un menú que cambia diariamente; la creatividad y las habilidades del chef y su equipo hacen las delicias de los huéspedes. Ingredientes locales, pesca sostenible y referencias de la cocina griega son la hoja de ruta de la experiencia culinaria, ya sea en el comedor, en el patio central debajo de la pérgola o en la rooftop. Así es como Max von Werz, en conjunto con un puñado de creativos talentosos, ha dado vida a este hotel y a una propuesta para el bon vivant donde el diseño exquisito, por fin, ha logrado poner en el mapa el exuberante escenario mexicano de La Paz. 

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El diseño interior de cada espacio se ha hecho a medida por la dupla de creativas de Jaune.

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El hotel, frente al malecón, ofrece vistas a la bahía de La Paz.