Fotografía: Lindet Charlotte
Interiorismo: Jaune

Provenza en clave contemporánea: el hotel Capelongue se alza entre tonos tierra, piedra y mucha artesanía local

El hechizo de esta región va más allá del jabón y de los coloridos campos de lavanda. La prueba está detrás de un complejo boutique recién rehabilitado en el corazón de la Francia tradicional a cargo del despacho parisino Jaune.

A pocos minutos del pueblo de Bonnieux, y entre una fantasía botánica de cipreses y plantas de lavanda y romero, al sur del país galo se emplaza el hotel Capelongue de Beaumier. La cadena hostelera francesa eligió al estudio de arquitectura Jaune, capitaneado por Marine Delaloy y Paula Álvarez de Toledo, para plantear un proyecto con arquitectos que conocieran la región, pero que a la vez dieran un toque parisino. Porque tanto Marine como Paula siempre han estado muy vinculadas a Marsella y a la Provenza. Siempre hay “un poco de sur” en todos sus trabajos, como ocurrió con el predecesor de Capelongue, Le Moulin, en el pueblo de Lourmarin.

Vista de la recepción en el hotel Capelongue. En portada, una de las entradas que contempla este complejo boutique al sur de Francia.

Cálido y silencioso son los adjetivos que mejor describen el interiorismo del proyecto.

El restaurante La Bastide del hotel dispone de su propio patio-terraza a modo de jardín.

Así es el lobby en formato biblioteca planteado por las interioristas de Jaune.

La inspiración en este caso surge de la infancia en las casas típicas de sus abuelas, y de las peculiaridades regionalistas provenzales de las novelas de Pagnol. Pero se requería un trabajo muy exhaustivo por parte de las interioristas para conseguir que el resultado fuera acorde con la arquitectura de la zona. Y, después de dos años de rehabilitación, una obra que concluyó a finales del 2022, literalmente así ha sido el concepto final. En una plaza central donde gorgotea el agua de una fuente de piedra se disponen las 16 habitaciones del complejo, el café y el restaurante. El hotel es toda una apología de la artesanía local y el hilo conductor, como no podía ser de otra manera, es la Provenza en su esencia máxima.

Otra vista de la terraza del restaurante del Capelongue.

Este hotel no puede gozar de un mejor entorno, rodeado de pueblos en colinas y el castillo en ruinas del Marqués de Sade en Lacoste, así como los atardeceres en Lourmarin o Goult.

Reformulando el imaginario

Ahora bien, el contexto se ha reinventado aquí a través de una labor de campo previa de las dos interioristas, recorriendo la comarca para seleccionar a los artesanos que, a la vista queda, son los grandes protagonistas del proyecto. Entre ellos destaca la colorida obra de Maximilien Pellet, confeccionada a medida para el espacio y que preside uno de los salones del comedor titulado La Bastide. Mientras, en su estancia central, una gran sala acristalada y con enormes vigas de madera que recuerdan a las estancias provenzales, se aprecian los platos colgantes de Héloïse Bariol, un ceramista que realiza piezas únicas o pequeñas series.

Sala del comedor con obra en la pared de Maximilliem Pellet. Foto: Laura Cano.

Al restaurante del Capelongue se accede mediante esta recepción. Foto: Laura Cano.

También los textiles han sido confeccionados según la gama cromática imperante en este proyecto de la Provenza. Foto: Laura Cano.

De nuevo en el restaurante, aquí se aprecian los tonos ocres y terracota que gobiernan el proyecto, de la mano de los platos diseñados por Héloïse Bariol (al fondo).

Perspectiva del bar-cafetería del Capelongue acompañado por una selección de bodegones.

La minuciosidad como clave

En cualquiera de sus versiones, incluso en todas, el blanco y la paleta tierra son los colores elegidos para la decoración. Aparecen en textiles, paredes y objetos buscando una atmósfera neutra y de sosiego visual. En particular, destaca un tono rojizo que evoca las canteras del Rosellón, situada en los alrededores. También predominan las cerámicas de Florence Lucchini y los cojines de la diseñadora textil Raphaële Malbec, junto a otras piezas procedentes de mercados de antigüedades provenzales, combinadas con algunos muebles de una línea más contemporánea. Loza vidriada, coronas vegetales de Luce Monnier, fotografías de Arlés de Jean Marques, bodegones de Simão César en muchas de las habitaciones y en el café, complementan los interiores del hotel Capelongue.

Las sillas provenzales de éditions Midi juegan un papel muy importante en el mobiliario, son las que potencian la calidez en el interior. Tras un periplo de más de un año por la Provenza, Jérémie du Chaffaut, el alma de esta firma, decide asociarse con artesanos poco comunes que desean trabajar nuevas formas y llevar más lejos su saber hacer: un ceramista cerca de Aix-en-Provence, hijo y nieto de alfareros y el último chaisier de Camarga, ebanista de quinta generación. De estas sinergias nacen muebles y objetos, piezas únicas que cuentan la historia de otro tipo de lujo, basado en la calma y en pararse a mirar alrededor. Como el banco El Radassié (radassa, que en provenzal significa “holgazanear”), una verdadera oda al descanso.

Una de las suites con su propio salón armado en madera noble.

A cada una de las habitaciones de este hotel en la Provenza, a la vista queda, no le falta detalle alguno.

Muchos de los dormitorios del Capelongue dan la bienvenida con panelados de madera.

Las vistas fueron otra de las inspiraciones

Hay un detalle del hotel Capelongue que difícil es que pase desapercibido. Nada más acceder a los dormitorios de la planta baja, lo que se observa es que sus interiores dejan que el esplendor botánico sea una parte más de la estancia. ¿El motivo? Era imprescindible preservar la vegetación existente pero, al mismo tiempo, había que darle un toque más moderno al entorno. Cosa que por otro lado se ve en la piscina Riviera del complejo, la cual se ha emplazado en una llanura más baja con tumbonas e inmejorables vistas de las montañas. Todo, a través de un paisajismo que corre a cargo del Atelier Lamarck de París, que jugó con distintas especies como robles, plátanos, pistachos y almendros, jazmín, romero. Y por supuesto la lavanda.

Detalle de la piscina con el proyecto de paisajismo de Atelier Lamarck.

Uno de los caminos que perfilan los jardines botánicos de la parcela.

Con vistas al paisaje, el Capelongue permite comer o cenar disfrutando de los menús del chef Noël Berard, cuya guinda final corre a cargo de los postres de Trent Szyska.

El complejo, es más, juega con los vestigios de su pasado agrícola, las viñas, la huerta… y evoca la historia de la región. Esa a la que, en el siglo XVII, buena parte de la burguesía parisina decidió acudir huyendo de la capital, a casas de campo de gruesos muros de piedra rodeadas de viñedos, olivos y árboles frutales. Hoy, del huerto y el jardín se recogen materias primas que acaban componiendo los ingredientes de delicados postres en el restaurante del hotel Capelongue, laureado con una estrella Michelin.

De nuevo, en él el espacio interior se fusiona con el exterior a través de enormes ventanales. La madera, el mimbre y la cerámica vuelven a ser los grandes protagonistas, destacando la vajilla de cerámica de Buisson Kessler, un taller artesanal con sede en Apt, en el Luberon, fundado en 1980 por Françoise Buisson. En el exterior, mesas escondidas se reparten entre los jardines densamente plantados para comprobar, tanto a nivel de paladar como desde la vista propia, que esta región al sur de Francia va mucho más allá de los clichés por los que se ha hecho mundialmente conocida. Quien no lo crea también puede echar un vistazo las novelas de Provenza, que en el hotel están por todas partes, incluyendo a autores desde Pagnol a Bosco y de Mistral a Giono.

Capelongue es el emplazamiento ideal para explorar el Luberon puesto que se encuentra a un pequeño paseo de Bonnieux, un pueblo en el que aún se celebran los clásicos mercadillos de antigüedades.