Interiorismo: Andrés Gutiérrez

Historias familiares, altares y un patio andaluz: así es el hotel Casa Hoyos en San Miguel de Allende

El colorido diseño que ya es insignia en el trabajo de Andrés Gutiérrez se revela en su máxima expresión en este proyecto en el corazón de la ciudad mexicana. Lo visitamos para conocer sus claves por dentro, incluyendo los mensajes implícitos alrededor de un legado de varias generaciones.

Tres fueron las premisas que la dueña de Casa Hoyos puso sobre la mesa en 2016. Lo hizo cuando se planteó rehabilitar este complejo en el centro de la ciudad mexicana y transformarlo en un destino para dormir, comer de lujo. Y relajarse a lo grande, tal y como desgrana su autor, el interiorista Andrés Gutiérrez de A-G Studio. “Ella tenía claro que el hotel debía ser boutique, que fuera yo quien resolviera su diseño y que el concepto, ante todo, partiera de su historia familiar”. Que no es una historia cualquiera. “La propietaria me contó durante varias semanas cómo su bisabuelo llegó acá desde España y todo lo que sucedió a raíz de aquello”. Pero hay más. La clienta invitó a Gutiérrez a casa de su abuela y le enseñó retratos y pertenencias personales de sus ancestros, además de compartir con él las vidas de muchos de ellos.

Tanto en portada como en esta imagen, vista del patio interior de Casa Hoyos. Sus paredes, en un homenaje al modernismo mexicano, combinan el hormigón con vidrio texturizado, azulejo y elementos de acero negro. Fotos: Diego Padilla.

Otra imagen de los interiores de este proyecto. Foto: Erik Zavala.

Así son los coloridos y vibrantes muebles que acompañan el interiorismo del complejo. Foto: Erik Zavala.

El patio interior de este edificio dispone de un salón propio. Foto: Erik Zavala.

La azotea de Casa Hoyos propone una privilegiada vista de las principales iglesias de San Miguel de Allende. Foto: Emma Lundberg.

El complejo de casi 1.000 m2 sobre el que durante años ha estado operando el interiorista no es baladí. Y a la vista queda. A lo largo de cuatro décadas ha pertenecido a la misma familia y, por tanto, había mucha historia que conservar a la hora de darle vida a Casa Hoyos. A la vez era una propiedad protegida. “Tuvimos que tramitar decenas de permisos para todo”, apunta Gutiérrez, asegurando que la cosa iba más allá de la fachada. Solo podían mover ciertas vigas, la selección de los materiales resultaba limitadísima y no se permitía utilizar cualquier tonalidad para los muros catalogados. De ahí que Casa Hoyos se haya construido en realidad en la parte trasera del complejo, y desde cero, “en esa zona de las viviendas que en México conocemos como el corral de una propiedad”, detalla el autor.

España vibra aquí por su esencia

Gutiérrez también señala que la mayor sorpresa se revela justo después de recorrer la casa original. “Al llegar al fondo te topas con la gran mancha de color sobre la cual se levanta el hotel, mediante azulejos esmaltados en tonos amarillos y rosados que hacen referencia a los materiales singulares de la España morisca”. Adentro figuran hoy un total de 16 habitaciones, algunas en la planta baja y otras en el primer nivel, pero todas acompañadas por un mobiliario obra de A-G Studio que, pese a fusionar elementos del barroco colonial, resulta en apariencia muy de hoy.

En varios puntos de Casa Hoyos se pueden encontrar los maceteros a cargo de Paloma Layseca. Foto: Erik Zavala.

Las habitaciones del hotel disponen de sus propios balcones al estilo andaluz. Foto: Diego Padilla.

Interior de una de las 16 habitaciones. Foto: Diego Padilla.

El juego de geometrías circular continúa presente en los dormitorios. Foto: Diego Padilla.

Casa Hoyos se reviste de colores vivos tanto en sus espacios públicos como en los privados. Foto: Diego Padilla.

Se emplearon gobelinos de lana ideados por la artista Melissa Ávila y tejidos a mano con antiguas técnicas oaxaqueñas. Aparte de piezas que corren a cargo de los diseñadores con los que se ha colaborado, como Teresa Escobar. Ella está detrás del mensaje en luces de neón que aparece en el bar de cócteles de la azotea, Bekeb se llama, al que se puede acceder antes o después de haber degustado las recetas ancestrales del Ghar, el restaurante que se encuentra aquí mismo, o de haber observado un elemento que se repite a lo largo de Casa Hoyos. Concretamente, unas esculturales macetas de yeso con incrustaciones de espejo, concebidas por Paloma Layseca para resaltar todavía más la filosofía morisca del proyecto.

México no se olvida

Pero, ¿a qué viene tanta inspiración morisca? Tal cuestión puede entenderse una vez se ha descubierto que todas y cada una de las habitaciones del complejo se distribuyen alrededor de un patio central, de cara a evocar según Gutiérrez las casas andaluzas del sur de España. “Incluso ahí coloqué un retablo pintado a mano de la virgen dolorosa de Loreto, de quien era muy devota Celia, la abuela de la propietaria y una de las hijas de Julián Hoyos, el personaje principal en la historia del hotel”.

Difícil es que también pase desapercibido el elemento que aparece debajo del retablo, del que el interiorista habla largo y tendido. De acuerdo a él no es casual, sino que se trata ni más ni menos que del mostrador auténtico que en su día presidía el edificio. “Durante muchos años fue un negociado dedicado a la venta de granos y semillas. Pero su legado va más allá”, concluye Gutiérrez. “Antes de una tienda, Casa Hoyos fue la primera casa de cambio de monedas que tuvo la ciudad de San Miguel de Allende”. O sea, que hoy es una reliquia local, y muy idónea para saborear la fusión que aquí ha habido, durante décadas y décadas, entre España y el México más puro y colonial.

Así es el altar que Andrés Gutiérrez le dedicó a la virgen Loreto en Casa Hoyos. Foto: Diego Padilla.

Cada detalle de la intervención en el edificio original precisó la aprobación del Instituto Nacional de Antropología e Historia, añadiendo un mayor nivel de complejidad al proyecto de arquitectura. Foto: Leandro Bulzzano.

Otra perspectiva del altar con el mostrador original en tonos rosa. Foto: Diego Padilla.

De nuevo, varios de los diseños ad hoc para Casa Hoyos. Foto: Erik Zavala.