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Fotografía: Cortesía de Design Hotels
Arquitectura e interiorismo: K-Studio & Monogon

De sanatorio en los años 30 a refugio de paz: el hotel Manna abre sus puertas en lo alto de Grecia

Aislándose del mundo entero, este complejo poco o nada tiene que ver ya con el centro para enfermos de tuberculosis que en su día fue. Hoy se erige como un privilegiado enclave sostenible desde el que reconectar con la Madre Naturaleza.

La región griega de Arcadia ha sido considerada desde la Antigüedad un paraíso terrenal. Tanto, que durante el Renacimiento llevó incluso a la creación del “ideal arcadio”, todavía presente a día de hoy como una filosofía que aboga por vivir en absoluta armonía con la naturaleza, sin imponerse a ella, ganando así en poder, salud y conocimiento. Cierto es que suena a utópico, resulta un poco idealista, pero lograrlo de verdad es lo que pretende el hotel Manna, un refugio de montaña que recoge a la perfección ese imaginario. Lo hace animando a los huéspedes a vivir en conexión directa con el paisaje, en la misma Arcadia, acompañados por el bosque virgen de abetos que hay en el monte Ménalo, impresionantes lagos y el río cristalino de Lousios.

Vista de uno de los interiores del complejo, perteneciente a Design Hotels (foto: Yannis Fragos). En portada, una de las 32 habitaciones.

Así es el hotel Manna y su arquitectura en todo su esplendor. Su edificio funcionó como sanatorio desde su apertura en 1927 hasta 1938, cuando la penicilina se hizo ampliamente accesible.

Larga e intensa trayectoria

Quien ya ha visitado el complejo lo tiene clarísimo: no hay un paraje mejor que el del hotel Manna. Porque se sitúa en el corazón del Peloponeso a una altitud de 1.200 metros, lo que hace que la serenidad y el bienestar estén más que asegurados. Y más teniendo en cuenta que detrás de su concepto arquitectónico está K-Studio, el despacho que le ha dado nueva vida a este emblemático sanatorio construido a finales de los años 20. Justo, el momento en el que el edificio sorprendió al alejarse de la arquitectura neoclásica típica de Grecia en aquella época. Su cuerpo e interiorismo, por aquel entonces, parecían mucho más propios de la Europa central.

Después de permanecer en estado de abandono durante más de ocho décadas, una mezcla de elementos antiguos y nuevos se unen en 2023 para crear un espacio donde los visitantes sienten el peso de la historia, mientras disfrutan de los lujos contemporáneos y el entorno natural. Después de todo, Maná significa “fuente repentina e inesperada de gratificación o placer”, y aquí los huéspedes encuentran precisamente eso, enclavados en un proyecto para el que K-Studio trabajó con MONOGON Office for Architecture (al mando del diseño más técnico), además de colaborar con las autoridades arqueológicas y revisar al detalle los archivos históricos. Su idea era conocer en profundidad las intenciones de los arquitectos originales.

Otro de los espacios comunes del hotel Manna, en el que se integran varios diseños de hoy a los elementos originales del propio edificio. Foto: Yannis Fragos.

En sintonía con el ideal arcadiano, el proyecto cuenta con una bomba de calor geotérmica para satisfacer las necesidades de calefacción y refrigeración a través de la tierra. Foto: Yannis Fragos.

Perspectiva del restaurante. Foto: Yannis Fragos.

En el restaurante del hotel Manna se ha implementado un sólido programa de reciclaje, el cual actúa en sintonía con la filosofía del complejo. Aquí está prohibido el uso de plásticos de un solo uso, proponiendo la madera siempre y cuando sea posible (incluso para tarjetas de acceso y equipos de gimnasio de última generación). Foto: Yannis Fragos.

La riqueza está en los detalles

Tal compromiso por ser fieles al pasado se aprecia adentro del hotel Manna, y no poco. El resultado es una abundancia de suelos de mosaico, madera y piedra caliza gris conservados a la perfección, combinados con piedra y terrazo de origen local así como con paneles de castaño. Los acabados naturales se complementan con los textiles suaves que se encuentran en la gama de muebles del hotel, diseñados y hechos a mano específicamente. Hoy, nada más acceder al complejo, una gran cantidad de alfombras lujosas y una chimenea en el salón del vestíbulo crean una atmósfera acogedora similar a la de una sala de estar.

Manteniendo los techos altos originales, cada una de las 32 habitaciones –entre las que destacan seis suites– ha sido diseñada de forma personal e íntima, abrazando el llamado ideal arcadio. ¿De qué manera? Mediante suelos de terrazo y mármol con patrones que reflejan la madera cepillada, fusionados a la vez con las puertas de hierro auténticas del complejo bien cargadas de montantes ornamentados, y con obras de arte del pintor griego Nikos Kanoglou, la británica Joanna Burtenshaw y la escultora francesa Diane Alexandre. El diseño de iluminación de Eleftheria Deko, un aclamado especialista que también planteó en 2020 la nueva iluminación para la Acrópolis de Atenas, potencia todavía más el ambiente natural del hotel Manna.

Vista de otra de las habitaciones.

Las seis suites se presentan ante los huéspedes con impresionantes bañeras de cobre.

Otro de los dormitorios del hotel Manna, cuyos baños vienen acompañados con lujosos artículos de tocador sostenibles.

La calma y el relax se consigue mediante una mezcla muy equilibrada de materiales y texturas.

Vida en calma

Pero los exteriores del complejo no se quedan atrás. Hay jardines. Y no son unos cualquiera, vienen a cargo de la paisajista Elli Pangalou, ofreciendo un oasis al aire libre ideal para descansar y renovarse. Por ejemplo, en lo alto de una pequeña colina con vistas al estanque de nenúfares, una pequeña sala de estar con chimenea configura un rincón para socializar o meditar, mientras que una terraza de madera junto al estanque se vislumbra equipada con tumbonas para tomar el sol y contemplar las estrellas. O, simplemente, para observar los alrededores y sentir, aunque tan solo sea por unos días, esa filosofía de la Antigüedad que fuera de este enclave, sumergidos en la rutina, parece muy imposible de alcanzar.

Muchas de las habitaciones del hotel Manna disponen de sus propias terrazas con vistas al espectacular paisaje. La sensación en cada dormitorio es la de vivir en el bosque, con aromas frescos de abeto flotando en la brisa.