Arquitectura: Madalena Caiado / Interiorismo: Carolina Irving

El Hotel Vermelho de Christian Louboutin conquista la costa de Portugal

Artesanía elevada a la enésima potencia, antigüedades como nunca antes vistas e infinitos detalles de suma exquisitez pueblan el paisaje y los interiores de este nuevo complejo en el país vecino, recién inaugurado con la visión y destreza del gran diseñador galo Christian Louboutin.

Melides conoce a Christian. Christian conoce a Melides. El flechazo es instantáneo. Esta, una pequeña pedanía situada a 20 minutos al sur de Comporta, es el típico pueblo de pescadores y agricultores que ha sobrevivido en el tiempo con casitas pintadas de azul (para ahuyentar a los malos espíritus) y una iglesia encalada frente al bar de la plaza. Ese donde los lugareños degustan su moscatel y solo se puede pagar en efectivo. Não cartão, reza un cartel en el establecimiento. Christian Louboutin llega por casualidad a este lugar hace doce años al volver del hospital de Santiago tras sufrir un accidente diseñando su nueva colección en su retiro de Comporta. Adquiere un terreno en pleno pueblo y transforma aquella parcela yerma y baldía en un pequeño hotel de 13 habitaciones únicas, un restaurante, un bar y una pequeña piscina. Como nombre, al hotel lo apoda Vermelho (“rojo” en portugués) homenajeando a la suela de sus famosos zapatos. No podía ser de otra manera.

Vista de uno de los pasillos del hotel (foto: Laura Cano). En portada, la fachada del complejo portugués obra del diseñador galo (foto: Ambroise Tézenas – Cortesía del hotel).

La minuciosidad en los detalles es la norma que impera adentro de este paraíso en Melides, a 10 minutos de la playa.

Tres mujeres y una élite de artesanos

El diseñador ha disfrutado con este proyecto, inaugurado ayer mismo 31 de marzo, y eso se refleja en la atmósfera y en los detalles de adentro. “Me encanta divertirme”, explica el francés. “Me crié entre comedias musicales, salones de baile y circos”. Para dar vida al Hotel Vermelho se han unido los talentos de tres mujeres. La arquitecta lusitana Madalena Caiado, Carolina Irving al cargo de la decoración y Patricia Medina Abascal, asesora afincada en Sevilla. Ella es la que ha puesto en contacto al francés con una serie de artesanos provenientes de toda la península ibérica, muy necesarios teniendo en cuenta la personalidad de Christian, quien mezcla con tino prodigioso estilos, épocas y colores en una combinación ganadora y sin fallarle el pulso.

Así es la entrada al bar con los azulejos rojos que imperan a lo largo del hotel. Foto: Ambroise Tézenas (cortesía del hotel). 

Una de las puertas que se erigen a lo largo del complejo, trabajada por artesanos de la península. Foto: Laura Cano.

¿Museo o pasillo de hotel? Esa es la pregunta que cualquiera se formula nada más acceder al Vermelho. Foto: Laura Cano.

“No pienses en dónde vas a poner algo, porque probablemente no tengas ya un lugar”, dice Louboutin acerca de su compulsión por adquirir cosas hermosas. “Mi secreto es este, le enseño cinco de mis innumerables tesoros adquiridos por el mundo al arquitecto y le reto a que haga algo en lo que todo encaje”. Y luego, claro, está su pasión por la cerámica tradicional, la cual se refleja en una alianza con ceramistas de la zona y artesanos de todas partes del mundo, llevándole a fraguar este hotel que en realidad es un homenaje al gremio de los artesanos.

“Trabajo sobre todo con ceramistas locales. Es muy enriquecedor. Esta técnica de cerámica con manganeso que crea todo tipo de pigmentos pasará sin duda a mis zapatos”, explica el francés. Para la decoración del Hotel Vermelho el diseñador ha traído piezas particulares de su colección. Como los bargueños de origen español, unos bancos de madera pintados a mano, carteles originales de películas de Bollywood o un sofá de Henri Samuel de la colección particular del Aga Khan.

A la junior suite del complejo concebido por el diseñador francés, como al resto de estancias, no le falta sus particulares elementos decorativos. Foto: Laura Cano.

Interior presidencial de uno de los baños que contemplan las habitaciones del Hotel Vermelho. Foto: Ambroise Tézenas (cortesía del hotel).

Un escultor del Vaticano y el maximalismo del azulejo

Uno de los trabajos artesanales más potentes del Hotel Vermelho figura nada más flanquear las puertas del mismo. Se trata de una enorme composición escultórica de decorados imaginados cuyo autor es el italiano Giuseppe Ducrot, con obras por toda Italia. Desde santos y figuras religiosas en Santa María de Los Ángeles o San Pedro en el Vaticano hasta hoteles de rasgos peculiares, a la altura de esa fuente amarilla que rinde homenaje al espíritu de la Dolce Vita realizada en exclusiva para el fundador de Le Sirenuse. El italiano fusiona alegremente el barroco y la figuración clasicista, pero utilizando colores y materiales menos arcaicos, lo cual hace que consiga un efecto desconcertante. La esencia semiabstracta de su trabajo se puede admirar además en las esculturas marinas del jardín del hotel que presiden una piscina que no parece tal.

El italiano define su obra como “un boceto a mano alzada en forma escultórica”. Junto a la composición de Ducrot se encuentra el edificio de la recepción, presidida por un enorme candelabro mural de vidrio soplado verde y dorado obra de Klove Studio. Desde allí se divisan lo que serán unos jardines llenos de árboles frutales, hierbas altas y plantas. Un plan trazado por un viejo amigo de Louboutin, el renombrado paisajista Louis Benech.

Parte de la obra de Giuseppe Ducrot en la fachada del complejo. Foto: Laura Cano. 

Recepción del Hotel Vermelho con la obra de Klove Studio. Foto: Laura Cano.

Ahora bien, como no hay nada más portugués que un azulejo, estos no podían faltar en el proyecto del diseñador. De hecho, son los grandes protagonistas de la decoración del Hotel Vermelho. Ellos son los que pueblan baños en clave maximalista, se mezclan con los bellos entramados de las marqueterías del suelo o se alzan hasta medias alturas fusionándose con los frescos de las paredes. Louboutin encargó los azulejos a la tradicional Fábrica de Azulejos de Azeitão, que los realizan a mano con arcilla de Leira tal y como se hacía hace ya cinco siglos. El diseñador les encargó aparte la pigmentación especial de unos azulejos rojos de algunas zonas del hotel y de las piezas aisladas que se mezclan con azulejos de barro crudo obteniendo una composición extraordinaria.

Un mundo interior dedicado a la gastronomía

El bar del hotel cuesta definirlo, supone una locura lisérgica de suelo rojo con una barra que se viste como un palio de Semana Santa. No es la primera vez que Louboutin trabaja con los orfebres sevillanos Villareal a los que ya encargó un palanquín revestido con hojas de plata para su exposición L’Exhibition[niste]. Fundada en 1954, por D. Manuel Villarreal, en la calle Alfarería de Sevilla, en la actualidad es el hijo del fundador el que dirige la empresa. Entre las obras del taller destacan la orfebrería completa del paso de la Virgen de la Encarnación, los faroles del paso de Jesús Nazareno (Silencio) o la peana de la Esperanza de Triana, así como numerosos enseres procesionales.

Barra del bar de Villareal. Foto: Laura Cano.

Acceso al restaurante Xtían. Foto: Laura Cano.

Detalle de los asientos ornamentales con los que se acompaña el espacio del restaurante. Foto: Laura Cano.

El bar precede al ecléctico restaurante Xtían, que con el chef portugués David Andreu al mando no deja indiferente a nadie. Una propuesta que confirma que atreverse a jugar con la paleta del color es una apuesta ganadora. No podía faltar el suelo rojo, grandes ventanales que dan al exterior, la vajilla de Vida Dura y las sillas del restaurante, de Maison Gatti. Porque, efectivamente, no hay nada más parisino que una silla bistró de las cafeterías de la Maison. Christian decidió diseñar junto a la mítica casa francesa la silla Vermelho, basada en un antiguo diseño del XIX proveniente de los archivos de la fábrica. El francés ha experimentado el característico trenzado de caña no solamente en el restaurante, sino en las puertas de los armarios de las habitaciones, bancos y en las zonas comunes con un resultado sorprendente.

A medio camino entre Portugal y Sevilla se encuentra esta suite del Hotel Vermelho. Foto: Ambroise Tézenas (cortesía del hotel).

Techos, paredes, apliques, cabeceros, complementos… El diseñador francés le dio mil y una vueltas a cada uno de los dormitorios de su complejo. Foto: Ambroise Tézenas (cortesía del hotel).

Habitaciones singulares y muchas cajas mágicas

Cada dormitorio del Hotel Vermelho se ha decorado de forma única y cada rincón encierra una sorpresa. Como los mundos oníricos de Carlos Díaz Bustamante, esos que el artista español define como assemblage, influenciados por la obra del pintor y escultor norteamericano Joseph Cornell y que se incrustan en las paredes del complejo mediante técnicas como la del coquillage, por la que Christian siente gran fascinación. Tres son las obras suyas que figuran adentro, dos instaladas en las suites principales y una tercera presidiendo la cafetería. No es la primera vez que Carlos trabaja para el parisino. “Ya lleva encargadas catorce obras mías y una estuvo en su reciente exposición monegasca fascinando a la mismísima Carolina (de Mónaco)”, nos confiesa.

Rincón del bar con la caja de Carlos Díaz Bustamante en la pared. Foto: Laura Cano.

Otro de los trabajos de Díaz Bustamante en una de las habitaciones de la planta superior. Foto: Laura Cano.

Grecia también está presente

El Vermelho evoca a su origen portuario, al mar y a los pescadores. Es un hotel ecléctico y maximalista y se ríe del “menos es más” de Van der Rohe. Destaca la habitación Azul que el artista Konstantin Kakanias ha decorado con sus murales de inspiración helénica. Konstantin es reconocido por sus diseños textiles para Yves Saint Laurent, Christian Lacroix, Todd Oldham, Jil Sander o Emanuel Ungaro y ha sido el encargado de las pinturas de las dos habitaciones superiores. Un fondo marino, árboles de inspiración griega y, en la terraza de la suite, el mural de un pequeño dios Hermes volador el cual porta unas botas de la firma.

El trabajo más original del griego fue fruto de la casualidad. Kakanias decidió hacer sus pruebas de color en las paredes del baño de una de las suites y cuando terminó el trabajo, y antes de taparlo, a Louboutin le gustó tanto el resultado que decidió dejarlo así. Sábanas de Frette, tapetes de lana de la Fabrica Alentejana de Lanificios, un cielo plagado de estrellas y una tranquilidad y aislamiento perfectos para la relajación hacen que la calidad del descanso sea de otro mundo.

Hermes con las botas Louboutin, obra del griego Konstantin Kakanias. Foto: Laura Cano.

Mural de la terraza de Kakanias en una de las suites del Hotel Vermelho. Foto: Laura Cano.

Pruebas de color en el baño de Kakanias, que Louboutin decidió conservar tal cual. Foto: Laura Cano.

Los otros Louboutin

A lo largo de una docena de años, Christian ha comprado aquí casi 140 hectáreas de terreno frente a la laguna donde ha ido construyendo casas, para él y su familia pero también para sus numerosos amigos. Afirma que no se considera buen anfitrión y valora mucho su intimidad (y la de sus invitados). Compara este lugar de veraneo con la aldea de Astérix. “Cada uno tiene su cabañita y luego, cuando quieres, te juntas y te reúnes durante la comida o la cena”. Banquetes que se suelen celebrar al aire libre y a los que dota de un carácter teatral gracias a un tarot de cerámica gigante que se dispone a modo de cubiertos y en donde se invita a los comensales a elegir aquella tarjeta con la que más se identifican. “A menudo soy El Sol o El Ermitaño”, afirma Louboutin. “La Emperatriz y Los Amantes son opciones muy populares. Pero nadie quiere ser El Ahorcado”, dice con un suspiro.

Vista de uno de los pasillos. Foto: Laura Cano.

Vista cenital de una de las otomanas que incluye el bar del hotel. Foto: Laura Cano.

El primero de todos

Marugal, la empresa de gestión hotelera, es la responsable del exitoso lanzamiento del hotel junto al buen hacer del director, Rodrigo Leal. El Hotel Vermelho Melides es solo su pistoletazo de salida, ya que abrirán otro de diez habitaciones en 2024 con vistas a la laguna (el Lagoa) y después llegará un tercero, sin fecha confirmada, en una colina en mitad del bosque (The Hills). Melides es el lugar, no hay duda alguna. Pero, ¿por qué Portugal? “Es mi tercer hogar”, reconoce el diseñador. “Francia, por supuesto, es el primero y el segundo es Italia, donde produzco los zapatos, paso mucho tiempo allí. Pero Portugal me encanta porque adoro a los portugueses. No es posible que te guste un país sin que te guste su gente. Soy bretón, nací en la costa y encontré lo mismo aquí, pero con mejor clima”.

El hotel, que vino luego, en principio iba a ser un restaurante al no encontrar uno de su gusto por la zona. El proyecto ha crecido tanto que pronto el complejo se ampliará con la inauguración de La Folie, una torre de hormigón de ocho metros y medio de altura equipada con multitud de luces led multicolor diseñadas por el ingeniero Erick Helaine.

También se sumará La Salvada, una villa unifamiliar pintada en rosa rubor y en cuyo interior destacarán obras de bordado de Alexander Calder colgadas sobre un descolorido sofá azul cobalto de Josef Frank, pinturas de Gérard Garouste, mesas de Carlo Scarpa o una impresionante lámpara con formas orgánicas diseñada por Patrice Dangel. Ambos añadidos, según culmina Christian, son obras del joven arquitecto londinense de origen egipcio Tarek Shamma, que de un tiempo a esta parte se está haciendo un nombre propio dentro de la élite mundial de la arquitectura tras su paso por los estudios de Zaha Hadid o David Chipperfield.

Cómo no, la piscina cumple con el carácter formal que persigue el hotel del diseñador francés en Portugal. Foto: Laura Cano. 

La escalera que sube a las habitaciones propone unas buenas vistas a los terrenos circundantes.