Lorenzo Castillo: “El hotel Son Net es una de esas obras que solo pasan una vez en la vida”

Fotografía: Salva López

La maestría con la que el interiorista siempre compone sus espacios queda patente una vez más en el que es su proyecto más artístico y perfecto hasta la fecha, inaugurado en 2023. Castillo, ahora, relata en primera persona qué le ha supuesto esta hazaña decorativa en la isla balear.

Cuando hace tres años visité por primera vez Son Net, un palacio mallorquín en mitad de la Sierra de Tramontana, convertido en hotel en los años 80 con un interiorismo característico de esa época que aún vivía del postminimalismo, pensé: ‘¡Qué desperdicio y qué potencial!’. Yo no soy de callarme ante las agresiones estéticas y en este caso afectó a mi parte más sensible. El palacio era un claro ejemplo de arquitectura barroca mallorquina del XVII, concebida como un gran bloque de sillares de piedra enfoscados en algunas partes al estilo italiano que tanto influyó en la isla, y con una sucesión de huecos abiertos en sus fachadas con cierto desorden. Tal y como ocurría en los palacios rurales.

El paisaje que rodea el hotel. En portada, suite de la buhardilla con cama mallorquina de palosanto del XVIII y, para refrescar, la tela Tana de Lorenzo Castillo para Gastón y Daniela, un toile con escenas de campo que refresca y moderniza el ambiente.

Salón principal de Son Net con una decoración inspirada en los movimientos Romántico e Historicista del XIX que tanto influyeron en la isla. Fue el destino de artistas y aristócratas europeos que se recluían aquí a buscar sus musas.

La fachada del hotel Son Net con su tan mediterráneo color rosa y su antiguo reloj de sol. Hoy es uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca de la isla.

El salón gira en torno a la gran chimenea barroca de piedra. Sus paredes crean un empanelado a base de mezclas de telas, grecas y cordones de pasamanería que nos transporta al Gatopardo.

Quizá lo más decorativo era una loggia, influencia italiana y muy mallorquina, que rasga su fachada a la alberca y aumenta su asimetría. Esa falta de rigor arquitectónico que le daba el aire campestre, con los toques de palacio italiano, y su enorme escala en planta cuadrada, me atraparon. Pero mucho más me cautivó el tiempo. Los años pasados en su jardín habían hecho que las trepadoras subieran por su fachada principal, casi cubriendo el escudo de armas familiar, y todavía más importante, creando unos paseos de cipreses podados en arcos que forman una perspectiva interminable y que, escalonados en terrazas, rodean el palacio.

Un enclave sin igual

Aquí sí que dije: ‘¡Este sitio es único!’. Porque la arquitectura y el interiorismo nos los podemos inventar de cero y disfrazar para darles la pátina del tiempo. Pero estos jardines de Son Net habían necesitado más de 200 años para tener esos árboles de proporciones ciclópeas, cedros del Líbano, robles, castaños y, por supuesto, bosques de cipreses. Me sentí como en una pintura de Santiago Rusiñol, que tantos paisajes había plasmado y al que tanto gustaban los jardines recortados de boj y ciprés, ya fuera en Aranjuez o en Mallorca. De hecho, la escuela de paisajismo europeo del XIX fue mi primera fuente de inspiración para decorar el hotel, por sus colores y su influencia con el Romanticismo y el Historicismo, que nos seguirán por la mayoría de las estancias. 

Vista de la suite de los azulejos. En ella todo se tapizó con una tela inspirada en unos azulejos portugueses manuelinos que crean una geometría tan fresca como un jardín de invierno, acentuada con cuadros de flores, pájaros y muebles de madera dorada del XVIII.

La gran suite del hotel Son Net es un homenaje a la Corona de Aragón con un enorme arco gótico de piedra que separa el salón del cuarto de dormir.

Son Net ha sido uno de mis proyectos más artísticos y estéticos, donde la total libertad que me dieron sus propietarios hizo que el resultado fuera perfecto. Esto es algo poco corriente, pero refleja gran sensibilidad e interés por el Arte. Y yo quise aprovecharlo al máximo. De este modo me enfrenté a un enorme proyecto, muy complejo porque me propuse que ninguna de las 60 habitaciones fuera igual a otra. Tampoco que se repitieran conceptos, telas o influencias. Lo cual hacía mi trabajo interminable pero, por otro lado, era un placer sin límites, ya que me permitía jugar con los estilos y lenguajes artísticos e históricos. Y mezclarlos, eso sí, siempre con coherencia y buscando la armonía y, lo más importante, como decía Oscar Wilde, la belleza, que es lo único que nos da la felicidad.

Infinita amalgama de referencias

Mallorca era la principal fuente de inspiración. Pero esta isla tiene una historia tan rica y compleja que yo saltaba de las telas, alfombras, cerámicas y mobiliario de nácar persa, turco, tangerino, bereber, sirio o tunecino, por su herencia de siete siglos de intercambios culturales con nuestro país, al lado Occidental. Y de Europa fueron muchas y constantes las influencias. No olvidemos que la isla era un puerto entre Venecia, donde terminaba la ruta de la seda, y América. Y que durante siglos formó parte importante de la Corona de Aragón junto a otros reinos como Nápoles, Sicilia, Malta y sus relaciones con Génova.

La suite mallorquina del XVIII es otro homenaje a ese siglo con colores pastel, retratos de la época, alfombras, telas y un dosel presidencial.

El suelo de azulejos vidriados a mano, en color azul mar, ingeniado por Lorenzo Castillo como si fuera Nápoles en la época del virreinato.

En Son Net podremos encontrar las pinturas murales de estuco de los palacios sicilianos, interpretados de un modo más neutro y moderno. Los suelos de azulejo vidriado con el azul del mar de Amalfi y Positano. Las vigas y artesonados pintados en toda la gama de verdes y azules que nos da el Mediterráneo. Un capítulo aparte fueron las telas, que se hicieron por encargo y en exclusiva a partir de antiguos documentos de la Provenza y Liguria. Estos estampados tenían la influencia del mundo oriental, las Chinerías, que llegaban a Italia desde Venecia y Damasco en biombos de laca o cabinets pintados y que influyeron en el diseño textil del XVII y XVIII. También quise que la Corona de Aragón tuviera su espacio singular en las suites más importantes.

Casi todas las Mallorcas de la Historia

Así, camas con dosel de palosanto mallorquinas, mesas de carey y marfil y telas de Damasco en tonos terracota definen estos espacios de austeridad medieval, con arcos góticos de piedra caliza y suelos de barro hechos a mano. Las zonas comunes fueron especialmente complejas, porque su arquitectura a base de arcos de piedra y vigas endurecían un estilo que yo quería que fuese el homenaje a la Mallorca del Romanticismo, relacionada directamente con Inglaterra y Alemania. Es una referencia que se plasmó mediante paredes cubiertas de telas y pasamanerías en varios tonos de rosa. O muebles muy confortables al estilo Napoleón lll con telas de inspiración turca y otras de estilo mallorquín.

Y, sobre todo, la importantísima colección de pinturas, paisajes, retratos, escenas cortesanas y de caza que nos llevan a la Mallorca de Chopin y del Archiduque Salvador de Austria, dos de sus más célebres visitantes. El cambio de color al comedor o al club nocturno se lo di de la mano de uno de sus pintores estrella, Anglada Camarasa, cuyo cromatismo de rojos, verdes y azules me ayudó a decorar las zonas de galerías, salones de estar y terrazas. El hotel Son Net es una de esas obras que solo pasan una vez en la vida, y que debes aprovechar al máximo para dar lo mejor de ti. Esa parte de mí se quedó en este edificio de piedra casi medieval, y también una parte de mi espíritu. Que sirva para que otros lo puedan disfrutar como yo pude hacerlo.

Cuarto de baño de la suite Sancho o Genovesa. Sus paredes se han estucado en albero y bermellón. Los mármoles repiten esos colores y la pareja de espejos sirios de nácar y palisandro son del palacio real saudí. La tela se hizo especialmente para este cuarto según un diseño provenzal del XVIII.

Una de las villas o cottages de Son Net, donde el estilo clásico se actualiza con telas y colores más modernos pero siguiendo la atmósfera ampulosa del hotel.

Suite de la tela de palmeras, creada para esta habitación según un diseño francés de época Luis XV. Los muebles mallorquines, todos del XVII y XVIII, se compraron al Duque de Santo Mauro para el hotel Son Net.

Otro ejemplo de las villas de Son Net, formadas por tres habitaciones independientes con sus salones y piscina. Tienen unos cabeceros diseñados por Lorenzo Castillo con terciopelo azul noche y pasamanería bordada en color calabaza.