Desde la humildad constructiva, Javier Velarde ha alzado una silenciosa finca en Pontones

Por fases y mimando cada etapa, este diseñador de alfombras lleva años dándole forma a una casa en Cantabria que, aunque parezca ultra contemporánea, en su forma y contenido rememora las edificaciones rurales de antaño.

Quizá por lo silenciosas que resultan a nivel visual, o tal vez porque muchas de ellas se alejan de las geometrías rectas, apenas sorprende que las alfombras hechas a mano por este cántabro estén triunfando por toda Europa. Tampoco extraña que cada vez reciba más y más pedidos, que por otro lado fue una de las razones por las que su estudio en Madrid se le quedó pequeño. Pasó mucho antes de la pandemia: tras vivir durante años en la capital española, Javier Velarde decidió volver a casa, a su tierra natal, y levantar a las afueras del pequeño pueblo de Pontones, en una parcela de su familia, la que iba a ser la finca en la que hoy vive y trabaja. Y a la que todavía sigue dándole forma.

Vista de la casa que Javier Velarde lleva años construyendo en Pontones, Cantabria. En portada, el salón-comedor con una de las alfombras del dueño.

Retrato del diseñador en su estudio de 200 m2, ubicado también en su finca personal.

Así es el porche exterior al que dan muchas de las estancias comunes de la vivienda.

“Y lo que queda”, comenta el cántabro riéndose. “Está siendo casi como un proyecto de vida”. Razón no le falta, puesto que empezó a pedir los permisos en 2017 y, al cabo de dos años, comenzaron unas obras aún en proceso. Pero lo bueno es que, con tanto tiempo de por medio, Javier Velarde ha podido darle suficientes vueltas al refugio que está alzando con la ayuda de su padre, constructor de oficio, según avanza él: “Yo tenía muy claro lo que quería”. Su idea era replicar la arquitectura de los alrededores, granjas y establos con techos a dos aguas y extremadamente humildes, algunas incluso hechas con chapa de aluminio.

En sintonía con el vecindario

En su día, otra de las constantes que el diseñador encontró en el paisaje tenía que ver con la distribución de las edificaciones contiguas. La mayoría, sino todas, acostumbraban en Pontones a ser tan solo de una planta, articulada en este caso de manera rectangular. Justo, la estructura de la que Javier Velarde partió para añadirle un ala perpendicular, planteando así un formato de casa en L que abraza por ambos lados una piscina central. De esta forma, casi toda su vivienda, la cual alcanza los 200 metros cuadrados, cuenta con salida al porche exterior. Se ve en la cocina acompañada por suelos de barro, en el salón y en uno de los tres dormitorios en suite, concretamente el principal. Ese en el que duerme el diseñador.

Poco a poco, Javier Velarde ha ido amueblando el salón de su casa de campo con una mescolanza de referencias. En la imagen, su perrita Estela accediendo al salón.

La cocina del diseñador, una vez más, se ciñe a las clásicas que abundan en Pontones.

Dormitorio de Javier Velarde.

La habitación en la que descansa el cántabro, pese a su estilo monacal, dispone de una day-bed que enfunde una buena dosis de calidez a la estancia.

Desde el exterior se accede al dormitorio principal de esta finca en Cantabria.

Los materiales no distan mucho a su vez de los que predominan en las fincas del alrededor. Hay mucho roble en los suelos y madera de haya para los techos. “Casi todo es natural y está resuelto de forma muy sencillita”, resume, dando detalles del mobiliario que ahora, en 2023, está comenzando a adquirir por primera vez. “En el salón hay una librería de color granate que hemos confeccionado con un carpintero de aquí”. De Décadas, la mítica tienda de mueble francés y nórdico en Suesa, son las mecedoras y la mesa de granja de la cocina, donde también figura una alacena antigua. “La compré en mercadillos y brocantes, igual que el escritorio del salón”, aclara. “Mi marido vive en Suiza y, como tengo que estar yendo y viniendo en furgoneta muy a menudo, pues aprovecho y compro aquello que necesito o me apetece”.

Otro de los dormitorios que contempla la casa de Velarde.

Además del aseo ubicado en la entrada y los baños de los dormitorios, esta vivienda alberga otro baño en la edificación de la nave, donde Javier trabaja.

En proceso constante

Cuenta Javier Velarde que todavía no ha empezado con la fase tres de la obra, en la que trazará un corredor que conduzca a la segunda construcción de su finca, un taller que terminó hace ya tiempo y el cual destinó a sala de exposición. Allí, sus alfombras aparecen colgadas en las paredes, repartidas por los suelos o estratégicamente colocadas sobre plataformas circulares. Pero nunca son las mismas, siempre cambian. El cántabro las va sustituyendo cada equis tiempo en base al stock que guarda, atención al dato, “en una tercera nave que también tengo aquí”. Desde ahí, concluye él, envía las piezas que le hacen falta a Visite Privée by Raoul Sánchez, una tienda-galería que desde su sede en Zúrich se encarga de presentar los diseños de Velarde. Y de hacérselos llegar a una clientela, de acuerdo a los datos del autor, cada vez más variada e internacional.

Vista de la nave en la que Javier Velarde ha instalado su estudio-taller-showroom.

Exteriores de la finca.

A lo largo de su estudio, el cántabro expone muchas de las alfombras que diseña.

Otra vista del estudio-taller-galería de Javier Velarde, contiguo a su vivienda.

Detalle de la piscina, la cual reproduce (una vez más) la estructura rectangular de la arquitectura local.